El fin de semana me di cuenta de que estoy rodeada de mujeres, amigas, no tan amigas, conocidas, cercanas y lejanas que se autodefinen feministas. La única coincidencia entre todas ellas, al menos en lo que expresan, parece ser una rabia total hacia la figura del hombre. No he debatido el tema con ninguna; solo las he escuchado en distintos momentos, y fue ahí cuando me pregunté: ¿soy yo feminista?
No siento aversión hacia los hombres como categoría abstracta. No puedo odiarlos en plural sin desdibujar la memoria de mi abuelo, de mi padre; sin traicionar el amor que siento por mi esposo y por mi hijo; sin borrar a mis amigos queridos, a mis primos y a mi tío. No puedo meterlos a todos en esa bolsa enorme, sucia y maloliente del “nefasto patriarcado” como si todo hombre fuera culpable por defecto.
“Riprosipe thamou hithithiwe” Libros de conocimiento | Galería ABRA
Este sábado 28 de febrero de 2026, a las 10:00 a.m., la galería ABRA inaugurará en el galpón 9 del Centro de Arte Los Galpones la exposición Riprosipe thamou hithithiwe (Libros de conocimiento), del artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe.
2024 | Distopía de un proyecto de “rehabilitación” | Por Rubén Machaen
2024 | Distopía de un proyecto de “rehabilitación” | Un relato de Rubén Machaen
“Entre telas” y “Maestros” en la Galería Impulsarte
La muestra “Entre telas” es una propuesta que, bajo la curaduría de Alberto Asprino, pone el foco en la experimentación y el lenguaje de las nuevas generaciones de artistas venezolanos. “Maestros: una mirada al canon venezolano”, es una ambiciosa muestra que reúne a las figuras fundamentales que cimentaron la modernidad visual en el país
Branding sensorial: el arte de crear marcas con vida propia
Mayte Olmo - Branding Sensorial CARACAS, VENEZUELA – 20 de febrero de 2026 — Por décadas, el branding se limitó a lo que el ojo podía ver: un logotipo, un color y una tipografía. Sin embargo, en un entorno saturado de pantallas y publicidad digital, lo visual ha dejado de ser suficiente para...
Madrid Design y la Escuela Sur muestran su Mínimo Común
En el marco del Madrid Design Festival 2026, la exposición «Mínimo Común» habita la Sala Antonio Palacios del Círculo de Bellas Artes. Bajo la curaduría de Ana Fernando, artistas internacionales transforman el gesto y el hilo en estructuras de memoria y vanguardia.
“Mundos Paralelos” en la Galería de Arte GAAS
La exposición titulada “Mundos paralelos”, se encuentra en la Galería de Arte GAAS del Hotel Altamira Suites, con un conjunto de obras de los artistas Carlotta Cramer-Klett, Aura Reyes, Alberto Brandini, Rosanna Martínez y Patricia Rabbath, bajo la curaduría de Patricia Gascue, Maria Teresa Govea-Meoz y Marina Taylhardat.
Elisa Benedetti: el Ojo de la Microhistoria
El Miami Photographic Observatory (MPhO) anuncia la exhibición Elisa Benedetti: el ojo de la microhistoria, realizada con el apoyo de Arts Connection Foundation. Curada por Aluna Curatorial Collective, reúne una selección del trabajo documental que Elisa Benedetti (b. Venezuela, 1970) ha realizado a lo largo de seis años
30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita se despliegan en Madrid
El Museo La Neomudéjar de Madrid presenta 30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita, una exposición que recorre tres décadas de una de las colecciones privadas más significativas del arte político y socialmente comprometido en América Latina. La muestra ofrece una lectura crítica y profunda del contexto venezolano y latinoamericano, consolidándose como un punto de referencia para comprender las tensiones, memorias y resistencias que atraviesan la región.
De hartazgos sabemos todos | Manifiesto GenX
Lo confieso, lo digo sin miramientos, a mí no me hables de perdón, de conmiseración y de abrazos reconciliados, al menos no todavía. Por ahora las condiciones están dadas para el ajusticiamiento moral, el señalamiento ético, las redadas a los suburbios atrapando a colectivos y maleantes, sinónimos de la infamia, para el ejercicio férreo de la justicia erguida, objetiva y atenta a resarcir los derechos de las víctimas.
Lo que sí rechazo, y esto con vehemencia, es la violencia, venga de quien venga. Rechazo el abuso de poder, detesto la mente que ve en el otro un objeto para someter; pero que esas violencias se hayan ejercido históricamente desde estructuras masculinas no implica que la respuesta tenga que ser un espejo invertido. Porque eso es lo que observo ahora en una parte del movimiento, una rabia que deja de ser reclamo justo y se convierte en programa ideológico. A ver, hago un brevísimo recordatorio de Las Olas.
La llamada Primera del s. XIX hasta la primera mitad del XX buscaba derechos civiles y el voto. Para la Segunda entre los años 60 hasta los 80 lo importante era la autonomía corporal, sexual y laboral. En el momento de la Tercera ola desde los años 90 hasta 2000 aproximadamente se impulsaba la diversidad de identidades y experiencias. Y ahora en la Cuarta ola (a partir del 2010) todo se centra en la expresión en las redes sociales y en el aumento de la denuncia pública. Es en esta última donde veo algo que me inquieta.
Las redes se volvieron trinchera; la denuncia dejó de ser una búsqueda de justicia para convertirse en una forma de sentencia moral inmediata. Lo he visto, y creo que tú también. Basta un tuit, un clip de 10 segundos, una frase sacada de contexto para que la vida entera de alguien quede reducida a una acusación. Se le expulsa de la vida, se le borra de la sociedad. Y no estoy diciendo que no existan culpables, ni que debamos callar las violencias, lo que expreso es que el deseo de reparación no puede confundirse con el deseo de destrucción. No puedo apoyar un feminismo que convierte el dolor en arma. No quiero estar en la fila de quienes levantan el dedo para decidir quién merece existir socialmente y quién no. Ahí yo me pierdo, dejo de reconocerme.
Si la lucha se vuelve campo de batalla, entonces estamos perdidos todos.
He visto grupos en las marchas del 8M en Madrid cercar a periodistas hombres, empujarlos, insultarlos, expulsarlos solo por sostener una cámara. En Santiago de Chile, durante 2019, hay registros de reporteros que fueron golpeados y perseguidos durante manifestaciones feministas masivas. Todos estos casos están documentados; cualquiera puede verificarlo, no es un chisme ni un video creado con IA. Esto habla de cómo la rabia colectiva puede convertirse en venganza primitiva, y en ese punto la revolución deja de serlo para convertirse en el reflejo invertido del poder contra el que dice luchar.
Creo profundamente en la igualdad de derechos, en el trabajo interno de reconocer nuestra parte masculina y femenina sin vergüenza. Creo que las mujeres somos en muchos sentidos una fuerza creativa sutil y compleja, capaz de sostener vida, pensamiento, deseo, cambio y un etcétera prolífico. Sin embargo, no creo en la identidad política construida sobre el resentimiento. No creo en un feminismo que necesita aniquilar al hombre para afirmarse ni creo en un movimiento que solo encuentra cohesión en el enemigo común. Prefiero navegar otras aguas, las de la reconciliación, las de la dignidad compartida; las del poder que no necesita avasallar para demostrar que existe.
No me verás jamás allí donde la igualdad se convierta en revancha. Si la revolución feminista navega exigiendo un enemigo para sobrevivir, pues está perdida. Yo elijo otro mar, y desde allí escribo.
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No sé si el cielo se abrirá el día del Super Bowl 2026, pero algunos ya están viendo señales del Apocalipsis: Bad Bunny será el artista del medio tiempo y han saltado todas las alarmas morales del grupo MAGA.
Escritora y cronista.
Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial / Manifiesto de una Gen X









