
El fin de semana me di cuenta de que estoy rodeada de mujeres, amigas, no tan amigas, conocidas, cercanas y lejanas que se autodefinen feministas. La única coincidencia entre todas ellas, al menos en lo que expresan, parece ser una rabia total hacia la figura del hombre. No he debatido el tema con ninguna; solo las he escuchado en distintos momentos, y fue ahí cuando me pregunté: ¿soy yo feminista?
No siento aversión hacia los hombres como categoría abstracta. No puedo odiarlos en plural sin desdibujar la memoria de mi abuelo, de mi padre; sin traicionar el amor que siento por mi esposo y por mi hijo; sin borrar a mis amigos queridos, a mis primos y a mi tío. No puedo meterlos a todos en esa bolsa enorme, sucia y maloliente del “nefasto patriarcado” como si todo hombre fuera culpable por defecto.
Festival +LATINA transforma CUPRA City Garage a través del videoarte de Johana Luna y Ricardo Arispe
Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.
Una tarde profundamente criolla en Madrid
Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.
Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”
Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»
Érase una vez un viaje | Otra mirada
Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.
Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites
La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX
Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado
Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana
Finjamos demencia | Manifiesto GenX
Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana
Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna
Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico
Cuarta Edición del Festival Internacional “ENTRELIBROS”
Organizado por IMAGO POR LAS ARTES, el encuentro propone acercar a niños y familias a la literatura en nuestro idioma y crear un espacio de intercambio entre lectores, profesionales y quienes hacen los libros
Lo que sí rechazo, y esto con vehemencia, es la violencia, venga de quien venga. Rechazo el abuso de poder, detesto la mente que ve en el otro un objeto para someter; pero que esas violencias se hayan ejercido históricamente desde estructuras masculinas no implica que la respuesta tenga que ser un espejo invertido. Porque eso es lo que observo ahora en una parte del movimiento, una rabia que deja de ser reclamo justo y se convierte en programa ideológico. A ver, hago un brevísimo recordatorio de Las Olas.
La llamada Primera del s. XIX hasta la primera mitad del XX buscaba derechos civiles y el voto. Para la Segunda entre los años 60 hasta los 80 lo importante era la autonomía corporal, sexual y laboral. En el momento de la Tercera ola desde los años 90 hasta 2000 aproximadamente se impulsaba la diversidad de identidades y experiencias. Y ahora en la Cuarta ola (a partir del 2010) todo se centra en la expresión en las redes sociales y en el aumento de la denuncia pública. Es en esta última donde veo algo que me inquieta.
Las redes se volvieron trinchera; la denuncia dejó de ser una búsqueda de justicia para convertirse en una forma de sentencia moral inmediata. Lo he visto, y creo que tú también. Basta un tuit, un clip de 10 segundos, una frase sacada de contexto para que la vida entera de alguien quede reducida a una acusación. Se le expulsa de la vida, se le borra de la sociedad. Y no estoy diciendo que no existan culpables, ni que debamos callar las violencias, lo que expreso es que el deseo de reparación no puede confundirse con el deseo de destrucción. No puedo apoyar un feminismo que convierte el dolor en arma. No quiero estar en la fila de quienes levantan el dedo para decidir quién merece existir socialmente y quién no. Ahí yo me pierdo, dejo de reconocerme.

Si la lucha se vuelve campo de batalla, entonces estamos perdidos todos.
He visto grupos en las marchas del 8M en Madrid cercar a periodistas hombres, empujarlos, insultarlos, expulsarlos solo por sostener una cámara. En Santiago de Chile, durante 2019, hay registros de reporteros que fueron golpeados y perseguidos durante manifestaciones feministas masivas. Todos estos casos están documentados; cualquiera puede verificarlo, no es un chisme ni un video creado con IA. Esto habla de cómo la rabia colectiva puede convertirse en venganza primitiva, y en ese punto la revolución deja de serlo para convertirse en el reflejo invertido del poder contra el que dice luchar.
Creo profundamente en la igualdad de derechos, en el trabajo interno de reconocer nuestra parte masculina y femenina sin vergüenza. Creo que las mujeres somos en muchos sentidos una fuerza creativa sutil y compleja, capaz de sostener vida, pensamiento, deseo, cambio y un etcétera prolífico. Sin embargo, no creo en la identidad política construida sobre el resentimiento. No creo en un feminismo que necesita aniquilar al hombre para afirmarse ni creo en un movimiento que solo encuentra cohesión en el enemigo común. Prefiero navegar otras aguas, las de la reconciliación, las de la dignidad compartida; las del poder que no necesita avasallar para demostrar que existe.
No me verás jamás allí donde la igualdad se convierta en revancha. Si la revolución feminista navega exigiendo un enemigo para sobrevivir, pues está perdida. Yo elijo otro mar, y desde allí escribo.
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Escritora y cronista.
Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial / Manifiesto de una Gen X









