
El fin de semana me di cuenta de que estoy rodeada de mujeres, amigas, no tan amigas, conocidas, cercanas y lejanas que se autodefinen feministas. La única coincidencia entre todas ellas, al menos en lo que expresan, parece ser una rabia total hacia la figura del hombre. No he debatido el tema con ninguna; solo las he escuchado en distintos momentos, y fue ahí cuando me pregunté: ¿soy yo feminista?
No siento aversión hacia los hombres como categoría abstracta. No puedo odiarlos en plural sin desdibujar la memoria de mi abuelo, de mi padre; sin traicionar el amor que siento por mi esposo y por mi hijo; sin borrar a mis amigos queridos, a mis primos y a mi tío. No puedo meterlos a todos en esa bolsa enorme, sucia y maloliente del “nefasto patriarcado” como si todo hombre fuera culpable por defecto.
De vuelta al instinto: César Millán y la reconexión con el alma de la manada
A casa llena, el reconocido especialista ofreció una cátedra magistral de psicología canina en la Expo Mascotas, recordándonos que el silencio, las reglas y la energía calmada son las verdaderas claves para sanar el caos del hogar y el vínculo con nuestras mascotas
En Miami: mapa cultural (y pop) | Pedro Medina León
En Miami: mapa cultural (y pop), el escritor peruano Pedro Medina León propone una mirada distinta: un recorrido por las historias, personajes y episodios que revelan las múltiples capas de una ciudad imposible de reducir a un solo relato.
Entretierras Editorial presenta la antología “Madrigueras”
Entretierras Editorial se complace en anunciar el lanzamiento de su primer proyecto: Madrigueras: Una antología de Imaginación. Esta obra reúne a doce voces emergentes de la narrativa contemporánea venezolana para explorar la fantasía, el habla mítica y lo fantástico desde una perspectiva profunda, estética y universal.
Sonorativa: Producción Musical Global y Tecnología AI to Real
Sonorativa evoluciona desde sus raíces underground en Venezuela hasta convertirse en un Hub creativo descentralizado entre Alemania, Suecia y Chile. Liderado por Daniel «Cayo» Soto y con figuras como Zardonic, el estudio redefine la industria musical mediante la conversión «Demo to Real» y una profunda sensibilidad humana aplicada a la tecnología.
La Clave: El fenómeno que revive el baile en Caracas
Lo que comenzó como una conversación entre amigos en 2022, hoy es el epicentro del entretenimiento en la capital venezolana. Con récords de asistencia y la llegada de su primer artista internacional, la plataforma consolidada por la productora Bajo el Árbol demuestra que el público venezolano tiene hambre de experiencias bailables.
Raquel Cartaya: Fotografía Contemporánea y Retrato Editorial
Raquel Cartaya es una fotógrafa, docente e investigadora caraqueña que utiliza la cámara como herramienta para pensar y habitar el mundo. Su trabajo integra la ética del cuidado en el retrato editorial, la comunicación visual para marcas como el IESA y la investigación académica sobre la relación entre fotografía e inteligencia artificial.
La ruta de lo lejano: Elizabeth Schön y Fedosy Santaella
En La ruta de lo lejano (2026), Fedosy Santaella construye un relato retrospectivo sobre la vida de Elizabeth Schön. Desde sus raíces en Puerto Cabello hasta su consagración literaria, la obra utiliza la fotografía como un pivote para explorar la viudez, el amor por Alfredo Cortina y la profunda conexión de la poeta con el mar y el Ser.
Americania: el abrazo de una Caracas que no olvida
La noche del 30 de abril, la Concha Acústica de Bello Monte no era solo un recinto de conciertos; era una cápsula del tiempo. A pesar de un día marcado por el colapso en la ciudad, cientos de personas lograron sortear los obstáculos para ser testigos de un evento que parecía imposible: el regreso de Americania a los escenarios caraqueños en solitario.
Ay, seamos directos, por favor | Manifiesto GenX
Y ay, seamos directos, por favor. Sin embargo, eso no quiere decir que te sientas con la frescura de andar por cada red social como juez y crítico de índice erecto, no, a eso no me refiero. Es ser consecuente con nuestras ideas, coherente con nuestro pensamiento en acción y palabras, y franco en lo que estamos experimentando … nos comenta Florángel Quintana
Lo que sí rechazo, y esto con vehemencia, es la violencia, venga de quien venga. Rechazo el abuso de poder, detesto la mente que ve en el otro un objeto para someter; pero que esas violencias se hayan ejercido históricamente desde estructuras masculinas no implica que la respuesta tenga que ser un espejo invertido. Porque eso es lo que observo ahora en una parte del movimiento, una rabia que deja de ser reclamo justo y se convierte en programa ideológico. A ver, hago un brevísimo recordatorio de Las Olas.
La llamada Primera del s. XIX hasta la primera mitad del XX buscaba derechos civiles y el voto. Para la Segunda entre los años 60 hasta los 80 lo importante era la autonomía corporal, sexual y laboral. En el momento de la Tercera ola desde los años 90 hasta 2000 aproximadamente se impulsaba la diversidad de identidades y experiencias. Y ahora en la Cuarta ola (a partir del 2010) todo se centra en la expresión en las redes sociales y en el aumento de la denuncia pública. Es en esta última donde veo algo que me inquieta.
Las redes se volvieron trinchera; la denuncia dejó de ser una búsqueda de justicia para convertirse en una forma de sentencia moral inmediata. Lo he visto, y creo que tú también. Basta un tuit, un clip de 10 segundos, una frase sacada de contexto para que la vida entera de alguien quede reducida a una acusación. Se le expulsa de la vida, se le borra de la sociedad. Y no estoy diciendo que no existan culpables, ni que debamos callar las violencias, lo que expreso es que el deseo de reparación no puede confundirse con el deseo de destrucción. No puedo apoyar un feminismo que convierte el dolor en arma. No quiero estar en la fila de quienes levantan el dedo para decidir quién merece existir socialmente y quién no. Ahí yo me pierdo, dejo de reconocerme.

Si la lucha se vuelve campo de batalla, entonces estamos perdidos todos.
He visto grupos en las marchas del 8M en Madrid cercar a periodistas hombres, empujarlos, insultarlos, expulsarlos solo por sostener una cámara. En Santiago de Chile, durante 2019, hay registros de reporteros que fueron golpeados y perseguidos durante manifestaciones feministas masivas. Todos estos casos están documentados; cualquiera puede verificarlo, no es un chisme ni un video creado con IA. Esto habla de cómo la rabia colectiva puede convertirse en venganza primitiva, y en ese punto la revolución deja de serlo para convertirse en el reflejo invertido del poder contra el que dice luchar.
Creo profundamente en la igualdad de derechos, en el trabajo interno de reconocer nuestra parte masculina y femenina sin vergüenza. Creo que las mujeres somos en muchos sentidos una fuerza creativa sutil y compleja, capaz de sostener vida, pensamiento, deseo, cambio y un etcétera prolífico. Sin embargo, no creo en la identidad política construida sobre el resentimiento. No creo en un feminismo que necesita aniquilar al hombre para afirmarse ni creo en un movimiento que solo encuentra cohesión en el enemigo común. Prefiero navegar otras aguas, las de la reconciliación, las de la dignidad compartida; las del poder que no necesita avasallar para demostrar que existe.
No me verás jamás allí donde la igualdad se convierta en revancha. Si la revolución feminista navega exigiendo un enemigo para sobrevivir, pues está perdida. Yo elijo otro mar, y desde allí escribo.
Tal vez te interese ver:
El nuevo viaje | Manifiesto GenX
En las pruebas los investigadores determinaron que la psilocibina puede llegar a producir una experiencia espiritual intensa. De hecho, según las mediciones algunas personas dijeron sentir a Dios, otras escucharon símbolos, y unas pocas aseguraron que podían destrabar una escritura en suspenso. Genial, pensé de inmediato. ¿Te imaginas trabajar en tu novela mientras se despliega … nos comenta Florángel Quintana
La obscenidad de ser testigos de todo y responsables de nada
He aquí, pues, la obscenidad de mirar todo sin responsabilidad alguna. Vemos tragedias, delitos, humillaciones públicas, guerras culturales tal cual episodios de un Thriller en Netflix mientras comemos una comidita rica. Todo el tiempo en modo permanente de ¡Showtime!
De hartazgos sabemos todos | Manifiesto GenX
Lo confieso, lo digo sin miramientos, a mí no me hables de perdón, de conmiseración y de abrazos reconciliados, al menos no todavía. Por ahora las condiciones están dadas para el ajusticiamiento moral, el señalamiento ético, las redadas a los suburbios atrapando a colectivos y maleantes, sinónimos de la infamia, para el ejercicio férreo de la justicia erguida, objetiva y atenta a resarcir los derechos de las víctimas.
Escritora y cronista.
Columnista en The Wynwood Times:
Vicisitudes de una madre millennial / Manifiesto de una Gen X









