Texto por Humberto Valdivieso.
Para el filósofo Gaston Bachelard el arte es «un redoblamiento de vida, una especie de emulación en las sorpresas que excitan nuestra conciencia y la impiden adormecerse». Podemos decir que es el resultado de un impulso dado por ciertas fuerzas que convergen en el alma y que hacemos conscientes al convertirlas en signos y discursos. Emular esas sorpresas desplaza el sentido del arte más allá del mero ejercicio de representar objetos, cuerpos y paisajes. Lo que realmente excita nuestra conciencia es la vida misma: las experiencias vinculadas al deseo, la necesidad o el enojo, entre muchas otras. Queremos rodearnos de obras de arte porque, según su estilo y origen, nos sitúan en una determinada dimensión de la existencia.
Andreína Fuentes Angarita en el Neomudejar, marzo 2026
Fotografía por Raquel Cartaya
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Solemos apelar al Eros como la energía creativa fundamental. Sin duda, buena parte del canon moderno está asociado a ese impulso erótico. Sin embargo, no podríamos señalarlo como la única potencia que ha mantenido despierta la conciencia de Occidente. Existe otra fuerza, rastreable hasta las profundidades de la filosofia platónica, que arroja luz sobre otros modos de producir y reunir belleza: el thymos. Podemos concebirlo como el impulso que guió a Aquiles en la guerra de Troya o a Lord Byron en su gesta romántica. Es la energía capaz de hacer manifiesta la cólera noble y la indignación justa; permite asumir riesgos extraordinarios para restituir la dignidad, la honra o el orgullo. Las energías "tímicas" apelan a la lucha por la autoafirmación, a la heroicidad, al orgullo y, en su dimensión colectiva, al enojo social. No es simple rabia destructiva, sino una reafirmación de la honra y un impulso por rebelarse.
La razón por la cual una vida se entrega al arte y hace de ello un modo de asumir riesgos para restaurar la dignidad —propia y de sus semejantes— es un misterio. No obstante, ese thymos que proviene del alma es capaz de generar la obra de toda una vida, una extensa colección, un perfil gerencial, una narrativa política o todas ellas a la vez. La aparente dispersión de estas actividades se somete a la coherencia que provee semejante fuerza; ella es quien motiva el empeño sostenido de una persona a lo largo de los años para mantener una empresa fuera de los márgenes habituales. Tal es el caso de Andreína Fuentes Angarita y su labor como artista, promotora cultural, empresaria y coleccionista. Algo que ella misma ha sintetizado cuando afirma, sin titubeos: «coleccionarme fue una forma de existir».

"30 años de irreverencia y visión en la Fuentes Angarita Collection"
Museo La Neomudéjar. Madrid, 2026
Fotografia de Raquel Cartaya
La revuelta en el Neomudéjar
El Museo Neomudéjar, detrás de la estación de Atocha, recupera algo que las instituciones oficiales y las galerías comerciales evitan: el colapso. El enorme y antiguo generador eléctrico de la estación, detenido en el tiempo en una de sus salas, ahora pareciera funcionar poéticamente en este sentido. La energía de sus espacios provoca el impulso necesario para socavar las políticas de lo evidente y estandarizado, permitiéndole a lo "anormal" gritar a viva voz y pleno derecho. Este ha sido el ambiente propicio para exhibir y reflexionar sobre una colección que, a lo largo de los años, ha apuntado coherentemente hacia la rebelión de los cuerpos, las identidades, los formatos, las políticas culturales y las públicas. Las obras reunidas constituyen un archivo vivo de acciones disidentes realizadas en los siglos XX y XXI. En su conjunto, son el testimonio de no haberse adormecido nunca ante un mundo que no parece salir nunca de la emergencia.
La coleccionista, desde el thymos de su conciencia excitada ante los desafíos de la vida contemporánea, es también, en los espacios del museo, una artista cuya misión ha sido exponer el asombro y no el objeto, el estremecimiento y no el cuerpo, el límite y no el trayecto. Lo ha hecho no solo a través de las piezas que ha adquirido, sino desde su propio trabajo, exhibido en dos salas. Muy importante es la conexión natural entre una cosa y otra: no se trata de dos momentos separados. Colección y obra propia se conjugan como un mismo verbo, una acción rebelde que se expresa sin tensiones en su interior.
En una poética del colapso es fundamental no perder nunca el momento de la caída. La rebeldía no es un instante que promete institucionalizarse, sino una acción duradera, un tiempo marcado por acciones e ideas que se mueven siempre en dirección hacia lo que está por venir. Incluso la revisión histórica queda sometida al gesto revoltoso de una conciencia inconforme. De ahí que se sostenga en el derecho de ejercer una violencia creativa en función de restituir la dignidad y abrirle espacio a lo independiente e inusual. Ese es el momentum plástico donde las paredes del museo se integran a fotografías, audiovisuales, documentos, instalaciones y la memorabilia de los proyectos de activismo de la artista en Estados Unidos, Venezuela y Venecia.
La necesidad de hacer de la colección una experiencia instalativa tiene la fuerza de un doble gesto que despliega la ira necesaria de los signos. En este sentido, es necesario recordar las palabras de Octavio Paz: la revuelta es el instante puro de la negación creadora; la revolución tiende a institucionalizarse y a convertirse en nuevo poder; la rebelión es el gesto individual que puede abrirse a lo colectivo sin perder su carácter abierto y poético.
"30 años de irreverencia y visión en la Fuentes Angarita Collection"
Museo La Neomudéjar. Madrid, 2026
Crédito fotografias: Raquel Cartaya
Convocar lo vivido
La muestra de la Colección Fuentes Angarita tiene un recorrido que está lleno de desvíos y posibilidades. Posee ejes temáticos donde se declaran las experiencias que han agrupado las obras a partir de preocupaciones y urgencias políticas, sociales, de género e históricas. Venezuela: cartografía de una herida, Coleccionarme fue una forma de existir, La memoria tiene forma de cuerpo y Objetos que miran de vuelta son los horizontes de sentido que agrupan los diversos trabajos. En los textos que los acompañan podemos leer "heridas", "campo de fuerzas", "transferencia afectiva" y "campo de disputa".
A través de lo audiovisual, ingresamos a un universo donde los desafíos de la identidad trans dialogan con la crisis petrolera, el colapso de la democracia, la violencia social y otros tantos conflictos. La apertura del recorrido nos sugiere que nuestra atención estará acoplada a la astuta promiscuidad de medios, mensajes y formatos que coinciden en cada espacio. Recorrer las 130 obras de 68 artistas, treinta años de actividad y activismo en el arte, supone ejercer también un performance de libertad creativa. Tanto las visitas guiadas por Andreína como el silencioso divagar individual convocan a un diálogo.
"30 años de irreverencia y visión en la Fuentes Angarita Collection"
Museo La Neomudéjar. Madrid, 2026
Crédito fotografias: Raquel Cartaya
El espejo y el estremecimiento
El espacio dedicado a las obras de Andreína Fuentes Angarita es el manifiesto de lo que hallamos en el resto de las salas. Miss Winwood, Doña delincuente o la obra de activismo trans concentran la energía rebelde que mueve las ideas y llama a la acción. Una cosa no existe sin la otra, pues no hay una dimensión contemplativa en su trabajo: todo ha sido puesto a prueba con el riesgo que ello conlleva.
Existe una pieza en la que voy a detenerme: un pequeño espejo de marco dorado en cuya superficie podemos leer la palabra "acéptate". Aceptarse no solo es un esfuerzo de la voluntad sino una rebelión valiente contra sí mismo. Todo aquello que se supone debemos ser se desmorona ante la imagen que nos devuelve el espejo con semejante sentencia. "Acéptate" es aceptar la herida, el cuerpo trans, las posibles deformidades, la identidad nómada del latinoamericano, los desvíos poéticos del cuerpo queer, las cicatrices producto de represiones brutales y la belleza de la inevitable diferencia. Si uno ingresa siguiendo el llamado de esa voz perturbadora tendrá una experiencia esclarecedora. Ese "fue una forma de existir" se convierte en un campo de significado donde nos ubicamos con la artista y coleccionista, asumiendo el riesgo de lidiar con nuestra propia posibilidad de colapsar poéticamente.
Escrito por Humberto Valdivieso

Andreina Fuentes Angarita, Humberto Valdivieso y LaNéLeal
Museo La Neomudéjar. Madrid, 2026
Crédito fotografias: Raquel Cartaya
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