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Género: Biográfico

Creado por: Javier Van de Couter

Dirección: Javier Van de Couter

Guión: Javier Van de Couter, Martín Vatenberg, Jacques Bonnavent y Donna Tefa Sanguinetti

Producido por: Natacha Cervi, Ezequiel Olemberg, Tomás Pérez Silva y Moria Casán

Temporadas: 1 (miniserie)

Episodios: 8

Origen: Argentina

Idioma: Español

Lanzamiento: 14/08/2026

Distribución: Netflix

“No es lo que hago, sino cómo lo hago.

No es lo que digo, sino cómo lo digo,

y cómo me veo cuando lo hago y lo digo"

 

Mae West.

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Confieso que comencé a ver la miniserie sobre la vida de Moria Casán (todo un ícono de la cultura pop argentina), sin grandes expectativas. Buscaba algo ligero, que me entretuviese y me cambiara el “mood” de seriedad y preocupación que me había dejado la serie anterior que había visto. Sin embargo, me encontré con una grata sorpresa.


Moria
no solo aborda la vida de Ana María Casanova hasta su consolidación como el fenómeno cultural de Moria Casán, sino que transita por una variedad de tópicos como la desmitificación de la “mujer objeto” en el espectáculo, reivindicación de la estética pop y la cultura de masas, crítica a la hipocresía moral de ciertas clases sociales, visibilización de la diversidad y el apoyo a la comunidad LGBT (en tiempos cuando no se hablaba de esos temas) o una particular e interesante revisión sobre el “mandato” de la maternidad.


Adentrémonos entonces en la historia del ─como ella misma se autodenominó─ “obelisco con tetas”.

MORIA | Tráiler oficial | Netflix

» ARGUMENTO

La historia se divide en tres estaciones que nos muestran a tres Morias ─interpretadas por una triada de fantásticas actrices─ que van desde los inicios y la creación del personaje en las revistas musicales hasta sus primeros pasos en el teatro, donde conocemos a una Moria más humana pero que ya muestra en lo que se convertirá.


Luego pasamos a la etapa de fama con la Moria estrella de televisión. Consagrada, explosiva, incontinente y polémica. Para finalmente cerrar con la fase de la Moria hecha mito celebrando sus ochenta años de inmortalidad a modo de revisión y reflexión sobre todo lo vivido.

Pero como señalamos anteriormente, la serie no se limita a una estructura narrativa que muestre una cronología lineal rígida, sino que se nos presenta como una especie de mapa temático dividido en ocho episodios; de esta forma, la propuesta evita el tono enciclopédico tradicional de una biografía para centrarse en la deconstrucción del mito mediático y la supervivencia femenina dentro de la industria del entretenimiento argentino.


En ese sentido, el conflicto central no reside únicamente en los escándalos mediáticos, sino en la dualidad constante entre la mujer real (Ana María) y el escudo discursivo construido para sobrevivir al medio (Moria). Incluso el guión logró beber del propio dialecto de la protagonista —su temida “lengua karateka” y esos modismos tan característicos de ella— e integrarlo todo en un estilo de meta-ficción constante.


Históricamente, la televisión comercial, la picaresca y el melodrama fueron catalogados por la crítica intelectual como "baja cultura", pero Moria supo imprimir valor sociológico a estos consumos populares, mostrando que en el lenguaje del espectáculo mass-mediático también se articularon formas de resistencia y deconstrucción del puritanismo. Frente al mandato del mercado del entretenimiento que reducía a las mujeres a objetos de consumo masculino, la narrativa expone cómo ella tomó el control del deseo ajeno para convertirlo en autonomía económica, poder de negociación y libertad personal.

A diferencia de otras biopics, la historia no aísla al personaje de la coyuntura política argentina; entrelaza el auge de la revista porteña y el cine de picaresca con los años de la dictadura militar y la posterior transición democrática de los años 80 y 90, mostrando las contradicciones entre la censura y la libertad sexual. En un país donde la marginalidad hacia las disidencias sexuales era la norma institucional (especialmente entre las décadas de 1970 a 1990), la serie rescata el rol de la protagonista como pionera en la integración y validación de la comunidad trans y gay en el prime time televisivo y en el ámbito teatral, funcionando como un refugio de visibilidad adelantado a su época.

A través de las distintas etapas de la historia argentina vividas por Moria, la serie expone la doble moral social. Contrapone la condena pública que sufría la libertad sexual y la incorrección política con el consumo masivo y clandestino de esos mismos fenómenos por parte de la sociedad.


No obstante, más allá de la crítica social y la recreación de una parte de la historia reciente del país austral, el tópico que más polémica ha levantado la trama, tiene que ver con el aspecto maternal de Moria desarmando el mito del "instinto materno" tradicional. Al mostrar una maternidad basada en la no-renuncia a la individualidad, la serie ofrece un modelo alternativo donde la crianza y el desarrollo profesional-hedonista no se excluyen mutuamente. Sin duda, entre las incontables frases lapidarias que dispara la verborreica Moria, si hay una que se queda grabada en el espectador (para bien o para mal) es la que le dice a su hija de 5 años mientras le coloca protector solar sentadas frente a la pileta (piscina, alberca): “Yo quiero vivir con vos, no para vos. Me voy a ocupar, pero no me voy a preocupar”. 

» PRODUCCIÓN

La puesta en escena de Javier Van de Couter adopta un enfoque visual ecléctico que cambia en función de la época retratada. En ese sentido, la fotografía va transicionando desde texturas granuladas e iluminación cálida para 60-70, hasta el contraste estridente y saturado del video analógico y los sets de televisión en los 90.


También cabe destacar el cuidado al detalle que tuvo la producción en la recreación de lugares, escenas y, por supuesto, toda la caracterización de cada actriz (maquillaje, vestuario, peluquería) para recrear la estética de Moria.


También se reconstruyeron minuciosamente los bastidores del teatro de revista (como el “Maipo” y el “El Nacional”), capturando la decadencia detrás de las plumas y el brillo. Además de una edición dinámica y de ritmo fragmentado, recurriendo en ocasiones al archivo televisivo real intercalado con la ficción para distorsionar la frontera entre la verdad y la puesta en escena.

» La Moria Titiritera.

La imagen de una Moria gigante caminando entre maquetas de Buenos Aires trasciende la mera fantasía para convertirse en una metáfora central de la serie. Este dispositivo simbólico opera en varios niveles:

El director, Javier Van de Couter, ha explicado que las maquetas representan la "intensa mente y cabeza de Moria". La Moria gigante (interpretada por la auténtica Moria Casán) es la figura del presente, la mujer real y madura, que actúa como la "titiritera" de su propio pasado. Al caminar sobre la ciudad en miniatura, ella no sólo recuerda, sino que interviene, sacude y confronta las distintas versiones de sí misma (encarnadas por las tres actrices), obligándolas a "no hacerse las boludas" y a mirar de frente su propia narrativa.


Buenos Aires ha sido el escenario histórico del ascenso, los escándalos y la consolidación de
Moria Casán como ícono popular. La escala gigante simboliza su omnipresencia y el modo en que su personalidad avasallante "conquistó" la ciudad, desde la Facultad de Derecho hasta el Obelisco, el Teatro Maipo y la televisión. La ciudad no es un entorno que la contiene, sino un escenario que ella ocupa por completo.

La serie plantea que el pasado no es algo estático. La Moria “Godzilla” utiliza elementos simbólicos (como la simbólica uña gigante del capítulo seis) que actúan como "portales" o espejos. Las maquetas son, por tanto, un mapa de su memoria y archivo vivo, que puede ser revisado, corregido y superado desde la perspectiva de la mujer que es hoy. Es un viaje hacia adentro para entender la construcción del mito.


El "Obelisco con Tetas": La imagen evoca la autodefinición de Moria como el "Obelisco con tetas". Las maquetas de los edificios icónicos alrededor del Obelisco, sobre los cuales ella camina, refuerzan esta fusión entre la figura de la diva y el monumento nacional, elevando la cultura de masas (la revista, la picaresca) al estatus de monumento histórico y social de la Argentina.

La creación y ejecución de las maquetas estuvo a cargo del Estudio LosChinos, por encargo de Juan Cavia y Walter Cornás (directores de arte de la serie). El proceso fue descrito como "pura inteligencia artesanal". Se utilizaron materiales basados en la escala y morfología, siendo la construcción con MDF (tablero de fibra de densidad media) el material principal. Se armaron diseños que combinaban el 2D y 3D según los requerimientos de la escena.


Se diseñaron estructuras genéricas (veredas) sobre los que se ensamblaron edificios reconocibles de Buenos Aires (el Obelisco, el chalet de la 9 de Julio). El equipo agregó "capas de detalle" en frentes y techos para aportar profundidad y realismo a la escala. No solo se recreó la noche de Buenos Aires, sino también otros escenarios clave como Parque Leloir (con una enredadera en miniatura que fue orgullo del equipo) y Mar del Plata, adaptando el estilo de las maquetas a cada locación.


En resumen, las maquetas de
Moria no son solo un efecto visual; son un componente esencial del guión que permiten explorar la subjetividad, la memoria y el control que el personaje ejerce sobre su propio legado histórico en la ciudad de Buenos Aires.

» ACTUACIÓN

Considero como un gran acierto la decisión de no buscar una imitación mimética del personaje de Moria, sino una interpretación conceptual dividida en tres etapas claves e interpretada por tres actrices diferentes:

Sofía Gala Castiglione (Ana María / La Génesis): Castiglione afronta el papel desde una cercanía biológica y emocional inédita. Su trabajo elude deliberadamente el gesto grandilocuente para enfocar a Ana María Casanova antes del escudo protector. La interpretación se sostiene en la mirada y en la contención: muestra la transición de una joven de clase media que descubre el poder de su propia corporalidad a finales de los años 60, experimentando la desprotección en los vestuarios teatrales y el choque con las convenciones morales de la época. Gala retrata la construcción paulatina del personaje mediático como un mecanismo de defensa visceral frente al entorno.

Cabe destacar el intenso trabajo de transfiguración actoral que debió suponer para Sofía Gala, no solo el hecho de interpretar a su propia madre sino el recrear escenas donde se enamora de su “padre” y da a luz a “sí misma”. Sin duda, una de las interpretaciones más apegadas a la realidad del personaje y con mayor riqueza de matices, apoyado por la lógica ventaja del archivo emocional que posee de primera mano la actriz, al haber sido parte viva de la historia.

Griselda Siciliani (Moria / El Apogeo): Desde que la vi en las series Menem y Envidiosa, Siciliani se ha vuelto de esas actrices que me hacen confiar a ciegas en el producto con solo ver su crédito. En Moria asume el tramo de mayor exigencia física y técnica, abarcando el estrellato entre las décadas de los 80 y los 90. En lugar de ejecutar una imitación superficial, Griselda decodifica el ritmo del habla, la proyección vocal y la presencia escénica del personaje. Su actuación captura la transformación del cuerpo de la vedette y lo convierte en una herramienta de dominación escénica: el manejo del humor rancio de la picaresca invertido a su favor, la velocidad para el remate verbal y la desenvoltura ante las cámaras de televisión. Siciliani logra transmitir cómo la protagonista tomó el control de la mirada masculina para convertirla en poder económico y mediático.

Cecilia Roth (Moria / El Mito): Cecilia aborda la fase donde la persona y el personaje se han fusionado por completo. Su interpretación se enfoca en la ironía, el distanciamiento analítico y la autoconciencia de ser un ícono pop. Roth aporta una densidad dramática sobria, retratando la soledad del mito detrás del discurso tajante y desinhibido en los sets de televisión. Su trabajo demuestra cómo la fluidez verbal y la soltura desenfadada pasaron de ser una pose mediática a una filosofía de vida y supervivencia. En lo personal, me quedé con ganas de ver más, siento que de las tres fue la que tuvo menos tiempo de desarrollar su personaje, sin embargo, la calidad histriónica de Roth es indiscutible y aquí vuelve a manifestarse.


En conclusión: Desde la uña gigante clavada en el jardín simbolizando el "filo" de su personalidad y el modo en que convirtió los atributos del espectáculo, la estética
camp y la artificiosidad en herramientas de poder, defensa y provocación, hasta el aspecto del universo más íntimo, con una forma de mantener alejada radicalmente del paradigma tradicional de la madre sacrificada o abnegada, planteando en su lugar un vínculo atravesado por la exposición pública, la transgresión y una libertad no convencional; la serie Moria utiliza la biografía de su protagonista para articular una crítica sobre cómo la sociedad argentina ha consumido, juzgado y celebrado el cuerpo femenino a lo largo de las décadas, exponiendo la tensión constante entre la moral conservadora y la búsqueda de emancipación en la cultura popular.

Por todo ello a esta serie le doy: 

 

  • Argumento 2.5
  • Producción 3
  • Actuación 2.5 

Para hacer de MORIA, una serie de 8 puntos sobre 9.

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Richard Rey - Columnista The Wynwood Times
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