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Hay que ser muy temerario para afirmar que las dedicatorias de los libros no son tan importantes. Nunca he escuchado o leído semejante afirmación, y en el caso de Trítono (Editorial Lector Cómplice, 2026) de la poeta Acuarela Martínez, queda claro desde el principio lo importante que resulta su dedicatoria. Queriéndolo o no, y sin aún entrar en materia poética, nos involucra a todos desde los planos posibles del amor: a los legales, a los del medio, a los clandestinos: 

 

A quienes amaron aun sabiendo

que ciertas notas nacen para no resolverse…

Una tarde profundamente criolla en Madrid

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Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

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Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»

Érase una vez un viaje | Otra mirada

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Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

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La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

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Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

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Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

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Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico

Este punzante poemario está conformado por tres cantos, tres realidades amorosas que se armonizan un semitono tras otro para formar una escala cromática de emociones, hasta que las disonancias tan propias de la vida hacen su trabajo: desarmonizar con el incordio de ser “la bautizada con el nombre de nadie”. Quizás por ello se camufla como lo hiciera en sus tiempos Ulises, pero se entrega en “la gruta de la traición” con el deseo profundo de desaparecer y borrar su recuerdo, porque en esa latencia evidente que dejan sus versos, siente culpa por lo inalcanzado, o mejor aún, por lo perdido. “Blasfemia/ a eso me reduzco”, sentencia. A pesar del ímpetu y de la posible altanería ocasional, sigue estando desvalida.  En “Juegos de ballesta” existe una pequeña resonancia con esta hermosa imagen escrita por Clarice Lispector: "Lo que sabrás de mí es la sombra de la flecha que dio en el blanco”, solo que aquí la poeta no se separa de su objeto, no; se transforma en la simbiosis perfecta para clavarse en el ser amado:

 

como el arco

cuando tensa la flecha

y se clava certero en el corazón.

 

Aunque Martínez ensalza y sublima el dolor, siempre se ufana de su atolladero, de “mi amor editable”, dice, temiendo ser rechazada incluso dentro de las sombras en donde se desborda la entrega sin miramientos de ningún tipo.

 

En Trítono la voz poética se vale de algunos conceptos religiosos para reafirmar la importancia de cada situación o hecho que presenta: liturgia, evangelio, jaculatoria, paganismo. A través de estos conceptos le confiere una suerte de valor sagrado a lo que canta, a la experiencia de lo que poetiza con fervor. Y para que esto se refuerce, en contraste con lo pagano, hay ingle, abdomen, lenguas y labios que hacen su trabajo:

 

una lengua me secuestra

y me convierte en rehén voluntario

de unos labios

que en las noches

van matando las culpas

Pero los amantes, enceguecidos como corresponde, siguen sumergidos en su atmósfera privada. Allí se sostienen, como muchas personas en el mundo, gracias a los prejuicios que momentáneamente son los cuatro pilares de la cama cómplice, donde puede suceder todo o nada. Tal vez es por eso, que al final “reímos”, dicen, de tanta “perfección del universo”. No obstante, y a pesar del placer, siempre vuelve la disonancia, la melodía desafinada que viene a estropearlo todo, como en el poema “Límpiame”, en donde afirma: “he escrito setecientos versos estériles/ y sigo sucia”. Pareciera que, por más esfuerzo, por más versos que busquen su redención, el pecado seguirá inmarcesible provocando el efecto tortuoso.

 

Ella se sabe distinta, se sabe diferente, pero le canta al ser amado: “soy la antítesis de lo concreto”.  Entonces la poeta se difumina, se esconde, se hace abstracción para continuar con su devaneo sensorial en el que quizás no halle calma alguna. No es fortuito que el primer canto se llame “La ilegítima”, la que no es, la no concreta, la otra. Por ello le tiemblan las piernas, “las palabras flaquean” cuando le pregunta al amado, “¿vas a quedarte hoy?” temiendo la respuesta que arruinará el momento en el “hotel barato” de turno. Cierra así el primer canto, muy armonizado, sin tantas disonancias que están por venir. “Cierra la puerta del mundo/ y déjame sola”, dice, pero a pesar del supuesto rechazo que verbaliza como si quisiera huir del ser amado, la poeta lo sabe y confiesa a su interlocutor “dile/ además/ que miento”.

Haber leído la poesía previa de Acuarela Martínez me ha permitido ver la madurez de su trabajo; una poética pensada y sin apuros. Si en la actualidad el tiempo presente nos lleva a la premura constante, a nadar en la vacuidad de lo inmediato, Trítono, por el contrario, logra el efecto contrario: nos invita a degustar, a disfrutar o reflexionar en lo posible sobre cada verso que, usando la terminología musical, se presenta ligadura tras ligadura para conformar un todo redondo, uniforme desde una poética sensible.

 

Más que por su cuerpo, en el segundo canto “Réquiem conyugal”, Martínez pasa un espejo a través de su espíritu, para reflejar y reflejarse desde una mirada más reflexiva en donde el amante huyó y ella confiesa: “cada vez me simpatizo menos”. Es la mujer sacrílega la que habla, llena de heridas, pero siempre altiva, porque, al fin de cuentas:

 

terminaré aceptando

el grito solemne y destilado

cuando él venga de regreso

a este universo

a este cuerpo

 

El hombre se hace presente sólo tras bastidores. Le canta a un él que se diluye al traspasar las cuatro paredes del secreto, como huyendo de ella, de “una sucedánea en el paisaje”, aunque se defiende y es capaz de conservar su orgullo: “vamos al grano/ ella no era como yo/ en mí/ cabían todos los sollozos”, dice, enaltecida, y la viudez dando repiqueteos a lo largo del poemario como la campana de una catedral. Se sabe fuerte, ha sobrevivido a pesar de las disonancias y de las cuitas del camino. De modo que, envalentonada, lo increpa: 

 

más vale que vengas a tientas

y observes que ya este valle

no es de lágrimas

 

El tercer y último canto de Trítono es “Bajo caución”. Y la poeta lo está. Lo sabe. El amor devenido en herida es moneda de cambio, su garantía para continuar hilvanando sus versos. Es una “mujer destierro” capaz de mucho y de poco, “a veces es perversa”:

 

su invisibilidad demente

la subrayo

en el reflejo de mi alianza.

 

Lo abstracto del amor está reflejado allí, en ese anillo que, por mil razones, aún sigue aferrado a su dedo. De su deformidad, de esa disonancia, todos hemos bebido. Hemos sido víctimas de su “ruido” con placer y verdadero morbo. Por ello hay necesidad de aceptarlo de manera solapada “no quiero que mi sombra intuya/ que sigo amando”. Hay que dejarse llevar en secreto, sin la parafernalia tan propia de los adolescentes cuando dan sus primeros pasos amorosos, pero innecesaria cuando la adultez se ha instalado. Sabemos que la poeta transmuta en ostia blasfema, la que se entrega al más primitivo y fundamental de los placeres: 

 

una vez que me comulgues

dobla tu voluntad

y sucumbe en este cuerpo

profanado en la gruta de la traición

Queda claro que Acuarela Martínez se toma muy en serio su trabajo. Hay que imaginarla dentro de su proceso, en su ritual de construcción poética: “esta es la hora santa/ el espacio de la creación”. No en balde el poema “La hora santa” lleva un epígrafe del poeta y maestro Armando Rojas Guardia, quien tuvo muy claro qué era vivir poéticamente. Ella insiste, “en este oficio devocionario” que ejerce con fruición, para dejar posibles pinceladas autobiográficas, incluso desde la portada del poemario con una pintura de su autoría, donde quizás vemos a “la mujer del ático” a quien representa desde lo más profundo.

 

Nadie lo sabe, pero podemos especular que todo sucedió un lunes por la mañana. En ese día que para muchos es pesado y rutinario. Día en que “un hacha dividió mi espíritu”, asevera. Porque cuando la muerte hace su trabajo “da igual un lunes que un viernes”. En Trítono pareciera haber un ajuste de cuentas con ese él, con la vida y consigo misma. En el descalabro que puede ser el amor hay “un inmenso placer… [de] revivir los afectos muertos/ y hasta los vivos.”  A fin de cuentas, así es la vida.  “Ella no escogió el punto cardinal adecuado”, dice en su reflexión. Trítono es el cautiverio de una voz que tensa sus emociones, como si una guitarra (ese mismo instrumento que la poeta escuchó mil veces en su casa, arpegiada por el ser amado y perdido) se afinara varios tonos arriba, haciendo más agudas, y dolorosas, sus escalas y melodías.

Trítono será presentado el próximo sábado 12 de septiembre a partir de las 4:00pm en la Librería Kálathos (Centro Los Galpones, Caracas). Palabras a cargo de Kira Kariakin y Lesbia Quintero, editora. Una conversación vía internet con la poeta Acuarela Martínez residenciada en Buenos Aires.

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Jason Maldonado
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Licenciado en Letras y escritor.

Columnista en The Wynwood Times:
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