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En 2017 comencé la lectura del primer tomo de “Mi lucha”: La muerte del padre de Karl Ove Knausgård. Lo hice a sabiendas de que le seguían cinco libros más. Aquello no me amilanó, por el contrario, me entusiasmó de la misma manera que me sucedió cuando leí En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, siete tomos maravillosos de esta monumental obra. 

Una tarde profundamente criolla en Madrid

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Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

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Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

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La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

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Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico

Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez

Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez

La escritora Indira Páez publica su poemario Animal de mudanza (MEL Projects Publishing), una exploración frontal del exilio y la memoria. El libro, analizado críticamente por Alberto Márquez como un testimonio de resistencia y avería doméstica, celebra su presentación en Miami con un recital solidario destinado a la reconstrucción de escuelas de Fe y Alegría en Venezuela.

Por lo general soy un lector de maratones y no un velocista. Así que esta lectura no es recomendable para quienes sus ojos están acostumbrados a lo efímero y a la inmediatez de un tuit (prefiero llamarlo así, y no un ¿Equistazo?). Pero, ¿por qué “Mi lucha”? Eso fue lo primero que me llamó la atención, creo que a cualquiera. Por qué semejante título para tu obra sabiendo lo que significa para el mundo la combinación de ambas palabras. De hecho y saltando olímpicamente hasta el último y sexto libro, Fin, me asombró la cantidad de páginas que utilizó para referirse a Mein Kampf del nazi mayor. Una cansina repetición, no obstante, con un análisis profundo que me llegó a aburrir por lo extenso, pero  bien escrito, pensado y fundamentado desde todo punto de vista, incluso del psicológico. 

Metido de lleno en esta parte de la lectura, me asombró la facilidad con la que entraba y salía del tema, para luego hablar de Da Vinci, Thomas Mann, Melville, Gombrowicz, Agamben, Walter Benjamin, Heidegger, Joyce. De La Biblia: Knausgård fue el traductor de la última reedición noruega. En un punto se expande maravillosamente sobre la vida de Jesús, pero después vuelve con esto:  “No hay nada en la vida de Hitler antes de cumplir los treinta años que insinúe que tuviera un carisma relevante”, a diferencia de Jesús que “fue una persona espectacularmente carismática, su aura es tan fuerte que brilla a través de los evangelios, escritos cien años después de su muerte”. También habla de música, entre tantas otras cosas y autores, y regresa ileso a Hitler, Goring, Goebbels, Himmler, Borman, Hess, Speer, Rosenberg. 

 El propio Knaurgård lo reconoce cuando afirma que “también conozco sus caras, y no sé poco sobre sus vidas y qué clase de personas eran. La desproporción es llamativa”.  Revelación mediante, no, el autor no comulga con lo nazi, ni nada parecido, muy lejos de serlo y queda muy claro desde el principio. No obstante, la gran incógnita para el autor —y nosotros los lectores— es que una vez que muere su padre, hallaron entre sus cosas un alfiler nazi con un “águila alemana para lucir en la solapa”, y un ejemplar de Mi lucha.  Muy avanzada la lectura, casi al final de Fin, y para cerrar este punto, me encontré con lo siguiente. Lo transcribo para que se den una idea más clara en cuanto a la extensión de lo ya referido, tema que abordó el propio autor en la presentación de uno de sus libros: “el ensayo sobre Mi lucha se volvió más trascendental al hablar de él, sonaba bien, cuatrocientas páginas sobre la Viena de preguerra, la Weimar de entreguerras, sobre todo cómo están relacionados con la época y la psicología, el arte y la política… Hablé de ello porque la gente había hecho un esfuerzo por venir al acto, y pensaba que no podía estar todo el rato hablando de mí y de lo mío.”.

El segundo elemento que me llamó la atención, presente en cada uno de los seis libros de Mi lucha (la de Knaurgård), es que siempre la autoestima del autor está en el piso. No deja de reprenderse a sí mismo por la razón que sea, de sentirse inferior a todos y temeroso ante cualquier circunstancia que pudiera presentársele. Este sentimiento de inferioridad pulula en su obra, ni qué decir en la compleja etapa adolescente, junto a un padre severo, duro, que lo que provoca en sus dos hijos es un inmenso temor. ¿Falsa modestia? No lo creo. 

El autor se vio en la necesidad de escribir su vida, su historia, y lo sintió así desde sus dieciséis años cuando ya la pasión por la literatura lo había atrapado. Knausgård se arriesga y cuenta todo lo que puede sobre su vida y la de su familia; narra con probidad un sin número de episodios para mostrarnos cómo funciona una familia noruega promedio, o al menos la suya, sin dejar de lado el tan importante entorno natural que lo rodea, entre los ansiados y cortos veranos, hasta los helados y casi eternos inviernos en donde todo se congela y el sol no pasa de ser una tenue y fugaz luz entre los cielos plomizos de Noruega y Suecia.

El autor se expone con todo el temor del mundo, aun así, y a pesar de las correspondientes correcciones de sus manuscritos, deja lo que lo compromete. Allí están los amores de la adolescencia; los amores juveniles y cuando ya es adulto. No falta la historia de su muy prolongada eyaculación precoz; el temor a masturbarse y las infinitas borracheras, pero también está el lector voraz que bebió de lo mejor del mundo, como de la más destacada literatura noruega, incluyendo a su profesor en la Academia de Escritura de Hordaland a finales de los 80, John Fosse, de quien comenta: “Lo más probable es que tuviera razón, seguramente mi talento estaba en escribir sobre literatura, no en escribir literatura en sí” (del quinto libro Tiene que llover). También están las veces en donde comen albóndigas de pescado y a la distancia —o con los pies dentro de ellos—, aparecen los fiordos tan reales cuyas descripciones son capaces de transformarse en  mitológicos.

En Fin, van y vienen los recuerdos de los familiares, desde la infancia hasta sus días en el presente que se transforman en una cuerda floja junto a su esposa, Linda, quien queda horrorizada con las cosas que su esposo cuenta en el manuscrito que será la próxima novela, indignación que también siente Tonje, la primera esposa de Knausgard. No falta el desamor y los terribles encuentros con Linda, y en medio de la hostilidad que salpicaba entre ambos, tres hijos que deben criar y mantener: “El que Linda fuera a leerlo no importaba, que hiciera lo que tuviera que hacer. Si quería irse, que se fuera. A mí me importaba ya una mierda”. Pero lo que causa mayor impaciencia al lector, al menos a mí, es saber qué sucederá con su tío, hermano de su padre ya fallecido, quien amenaza a su sobrino díscolo con demandarlo ante la ley con todo el rigor posible, por las injurias, tergiversaciones y difamaciones que expone sobre su hermano (el padre de Karl Ove); por menospreciar y mancillar el apellido Knaurgård; por contar las cosas como no son. Así que ya puestos, los abogados y la editorial se entregan a una lectura frenética y minuciosa de cada manuscrito para quitar o cambiar nombres; corregir situaciones que pudieran comprometer al autor y por tanto a la editorial. ¿Resultado? Uno de los libros más vendidos en la historia literaria de Noruega.

Como dije al principio, soy un maratonista y no un velocista en cuanto a lecturas se trata y en los seis libros de Mi lucha, hallé múltiples referencias literarias con las cuales coincido en gustos con Knausgård: Bernhard, Coetzee, Beckett, etc., siendo una de las más gratas la que corresponde a Witold Gombrowicz, sobre todo con sus Diarios, y descubrir una ingente cantidad de autores noruegos desconocidos para mí. Después de haber hecho esta prolongada lectura, es más que obvio ver lo comprometido que estuvo el escritor con su obra, quien convivió con amenazas, reproches y fuertes discusiones familiares a diario. 

 Un pequeño infierno solo por escribir su biografía novelada: “Esta novela ha dolido a todas las personas de mi entorno, me ha dolido a mí, y dentro de unos años, cuando tengan edad para leerla, también dolerá a mis hijos. Si la hubiera hecho más cruel, habría sido más verídica”. Por un buen rato Karl Ove Knausgård fue el centro de atención en el medio literario y periodístico de su país. El diario noruego Aftenposten señaló que el autor quizá sea “el posible autor del delito”; un delito del cual no diré en qué consistió ni cómo terminó en términos legales,  para que usted, con la paciencia que corresponde, lea los seis tomos de una lucha bien particular.  

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Jason Maldonado
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Licenciado en Letras y escritor.

Columnista en The Wynwood Times:
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