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La oscuridad interior | Todo lo que no sabías de Lewis Carroll y ‘Alicia en el país de las maravillas

«Siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo bastante», dijo el gato Cheshire para describir la imprecisión de las distancias, el tiempo y la percepción de la verdad en el libro Alicia en el país de las maravillas. Palabras que también seguramente repitió más de una vez Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll a lo largo de su azarosa y extraña vida. Para el escritor el mundo era una superestructura construida a partir de ciertas ideas atípicas que podían expresarse desde la noción matemática —sus libros sobre el tema aún son consultados por estudiantes de todo el mundo— pero también, desde cierta incertidumbre que Carroll plasmó en la literatura.

Vicente Ulive-Schnell y su novela “Coco Express”

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Vicente Ulive-Schnell es un escritor y artista venezolano que reside en París desde el año 2001. Llegó a Francia para cursar estudios superiores y terminó con un doctorado en filosofía del lenguaje en el 2007. Lleva cinco novelas publicadas entre Venezuela, España y Francia; Perico exprés (título en francés, Coco Express) es su trabajo más reciente.

VOLVER … | (Disertación desesperada para la Venezuela que empieza)

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Hoy, Venezuela camina sobre una geografía fracturada por los recientes terremotos. La tierra tembló para recordarnos, con la violencia de un eco subterráneo, que nada de lo que creíamos sólido era inmune al colapso. Ante las fachadas caídas, los ascensores clausurados y las calles agrietadas … nos comenta Richard Rey

Metáfora de un país | El pabellón criollo hecho ruina

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El Pabellón de Venezuela en la Bienal de Venecia 2026 está cerrado al público ante el riesgo inminente de un colapso estructural. Esta crítica situación impide que la histórica joya arquitectónica diseñada por Carlo Scarpa en los Giardini pueda albergar con normalidad su representación en la 61ª Exposición Internacional de Arte, In Minor Keys.

La museología moderna: Un espacio dinámico para construir humanidad

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El Dr. Jimmy Yánez, galardonado por la AICA, lidera el programa de Formación en Museología y Museografía auspiciado por el Centro de Bellas Artes de Maracaibo y la Universidad del Zulia. En esta conversación, profundiza en la transformación de los museos como herramientas de sostenibilidad social y construcción de ciudadanía, destacando el valor del patrocinio de Arts Connection Foundation.

El Museo Expandido y los Retos del Siglo XXI: Una conversación con Francisco Brives, codirector de La Neomudéjar

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Nacido de la recuperación de antiguos talleres ferroviarios en Madrid, el Museo La Neomudéjar funciona como una cápsula del tiempo independiente y descentralizada bajo la red Art House Spain. Su codirector, Francisco Brives, profundiza en el diálogo de las vanguardias con el arte político, el impacto del apoyo filantrópico de Arts Connection en la preservación del Archivo Transfeminista y su próxima participación internacional en la Bienal del Chaco.

Porque sin duda, si algo habría que decir sobre el autor del que quizá sea el cuento para niños más famoso de la historia, es que siempre fue ambiguo, inexplicable. Un hombre inquietante que nadie conoció demasiado bien y que pasó buena parte de su vida oculto detrás de una férrea máscara de frialdad emocional. Diácono y profesor de la Universidad de Oxford, fue un hombre estricto a quien sus alumnos temían y admiraban a la vez, que jamás mostró el menor indicio de la imaginación excéntrica que plasmó en sus libros y disimuló sus pulsiones más privadas —el amor por la literatura y su perversa atracción por las niñas pequeñas— en una extraña combinación de silencios y de pequeñas alegorías a un dolor profundo disimulado bajo capas y capas de angustia moral. Enseñó durante buena parte de su vida, estaba obsesionado con las matemáticas y fue también un precursor improbable de la fotografía. La combinación entre su imaginación desbordada y su inteligencia analítica, hacen que Carroll —como figura histórica— sea tan complejo de describir como para que se tejan las más dispares teorías acerca de su vida y obra: desde quienes le consideran un genio hasta los que lo tachan de depravado e incluso, los aseguran que fue Jack el Destripador (una teoría delirante que aún se sostiene en ciertos círculos) Carroll parece evitar cualquier explicación sencilla y sostenerse sobre el misterio. 


Cuando Lewis Carroll publicó la que sería su obra inmortal, sorprendió a todos quienes le conocían. No solo porque era el hombre menos parecido a sus personajes imaginable sino porque además Carrol más allá de su excéntrico mundo literario, era un hombre inquietante. Diácono y matemático, el creador de una de las historias más desconcertantes de la historia de la palabra, era un hombre distante, en apariencia cruel e incluso frío. De joven, tenía un aspecto atildado y estricto, cónsono con esa represiva época victoriana que le tocó vivir. Al madurar, se volvió serio y solemne, un hombre aparentemente tan alejado del mundo real —sus emociones, pecados y pequeñas desigualdades— que le resultaba incomprensible. Pero en realidad Charles Lutwidge Dodgson era su mejor personaje, el más extraño de todos. Y sin duda el más complejo de cualquiera que pudo imaginar jamás.

Porque Carrol parecía atrapado entre una extraña y casi perversa obsesión con la infancia y los paisajes ilimitados de su imaginación. Era un escritor prolífico —que además de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, escribió docenas de cuentos y poemas de humor absurdo y también, libros sobre matemáticas y lógica— pero también, un aburridísimo profesor de matemáticas en Oxford, donde vivió la mayor parte de su vida. Aún, actualmente, esa ambigüedad sorprende: Carroll parecía ser dos hombres a la vez, con dos miradas muy distintas de la realidad. Y quizás, con un secreto que no logró ocultar todo lo bien que insistió y deseo: Carroll amaba a las niñas. Y de una manera perturbadora que aún continúa siendo polémica, debatida y, sobre todo, resulta inquietante para sus lectores y admiradores alrededor del mundo. 


Toda su existencia pareció construirse alrededor de esa contradicción perenne: entre el hombre severo en el aula de clase, el escritor extraordinario que sorprendía al mundo con su capacidad de creación y el que se obsesionó con la infancia desde lo turbio y lo perverso. Y esa extraña combinación lo que hace de su obra literaria tan cercana a lo incomprensible, tan plena de símbolos e imaginación por derecho propio. Tal pareciera que Carroll, gazmoño y severo en el aula de clases, ambiguo y casi rozando lo peligroso en su vida personal, encontró en la dimensión literaria un paisaje interminable donde construir un lenguaje a su medida, un mundo que obedeciera a sus reglas y a esa singular forma de su mente de interpretar lo que le rodeaba. Con un sentido del humor transgresor, sin sentido, por completo libre, Carroll encontró en el país de las maravillas, un lugar a su medida, una cartografía misteriosa e interminable hacia el confín de su espíritu creador. E incluso, las líneas sutiles y perturbadoras de sus perversiones íntimas.

Con frecuencia se suele debatir sobre ese aspecto inquietante de la obra de Carroll: el hecho que sus obras más famosas están dedicadas y sin duda, inspiradas en quien fue quizá, el único amor en la vida de un hombre especialmente estéril y áspero. Como fiel hijo de la hipócrita, represiva y dual cultura victoriana, Carroll plasmó en su obra una visión sobre cómo percibía su mente y sobre todo, sus pasiones, creando no solo un país de maravillas —en el sentido más exacto del término— sino también, una extraña puerta hacia un mundo simbólico y satírico que sorprendió por su riqueza y profundidad. Y es que Carroll no solo escribió un libro para niños: creo una estructura de ideas lo suficientemente consistente para sostener todo un nuevo tipo de lenguaje. Desde el absurdo hasta la burla filosófica, la idealización de la infancia y esa leve perversión que se percibe al fondo de sus relatos, Carroll elaboró un manifiesto silencioso y metafórico sobre el miedo, la esperanza, el dolor y la belleza con una capacidad creativa única. No solo no se conformó como mostrar que más allá de su rigidez y su carácter reprimido había todo un mundo de singular belleza, sino que la literatura y el sin sentido podían crear un mensaje en sí mismos. 


Tal parecía que Carroll utilizó la literatura para salvarse a sí mismo de la oscuridad: a los veinticuatro años conocería a Alice Liddell, quién sería la inspiración, musa y objeto del deseo del escritor por el resto de su vida. Lo perturbador es que Alice —el origen de todas sus aspiraciones literarias y creativas— tenía por entonces cuatro años. La niña era hija de uno de los decanos de Oxford, una beldad rubia y de ojos azules muy parecida a la Alicia literaria. Para Carroll, sin embargo, la imposibilidad y lo turbio de su predilección por Alice —porque en realidad solo se trataba de un amor obsesivo sin verdaderos tintes sexuales — era solo una idea superficial en la que se basaría el resto de su obsesión por el mundo infantil. No solo escribió tanto Alicia en el país de las maravillas como Alicia a través del espejo para ella—como homenaje, como tributo— sino porque además, fue la imagen esencial en que se basaría cualquier otra visión suya sobre lo femenino, lo deseable y lo perturbador por el resto de su vida. No en vano, Carroll insistió buena parte de su vida que su obra era una «ensoñación mágica» sobre lo que simbolizaba para él las niñas Liddell (Alice tenía una hermana mayor y otra mayor). Más de una vez, contó que Alicia —como historia y personaje— nació de los paseos en bote que compartió con las niñas, donde contó la historia de una niña que caía por el agujero de un conejo hacia un mundo imposible para divertir a su entusiasmada audiencia infantil. No obstante, no hay nada de inocente en la perspectiva de Carroll sobre Alice —y mucho menos sobre el poder evocador de Alicia, la habitante del país de las maravillas— sobre su trascendencia e incluso su capacidad alegórica. Porque Alicia existió para Carroll como expresión de todas sus angustias existenciales, de sus anhelos reprimidos y de su miedo. El terror a cruzar la línea que podría convertirlo en paria, esa frontera entre lo imaginado y lo rudimentario y lo soez que lo atormentó durante toda su vida.

Como obra, Alicia en el país de las maravillas y su secuela Alicia a través del espejo, resume todo lo inquietante, lo fundamental y lo original del pensamiento de Carroll, quien más allá de la página escrita se encontraba reprimido y aplastado por la férrea moral victoriana hasta la extenuación. Pero en su obra, Carroll se libera y crea algo tan novedoso que tomó a sus lectores por sorpresa. Hasta entonces, el surrealismo era un anuncio más o menos concreto sobre la ruptura con la realidad, emparentado levemente con la fantasía infantil y algo mucho más caótico. Y, no obstante, Carroll crea una expresión propia, una idea que desbordó los límites de lo que solía considerarse la connotación de lo absurdo para elaborar algo más contundente. Porque Alicia alivia no sólo sus secretos tormentos como enamorado en secreto y de manera platónica de una niña, sino que lo eleva al panteón de un acto creativo expiatorio. Alicia es Alicia en tanto Carroll logra enfrentarse a sí mismo, abrir puertas cerradas en su mente y contar por medio de la fantasía lo que jamás se atrevió a viva voz. Sorprende leer la obra de Carroll como docente y matemático y encontrar un terreno estéril de cálculos sin el menor atisbo de belleza o vivacidad. Sobre todo, cuando se analiza sus mundos surrealistas y su extraordinaria capacidad para crear nuevas fronteras de la palabra y la forma. Una y otra vez, Carroll —el real, el profundo— existe gracias a Alicia, como Alicia quizá existió gracias a las obsesiones turbias de su autor y su necesidad de comunicarlas de alguna manera concreta. 


Quizá, el real habitante del país de las maravillas, fue este hombre duro y congelado por la angustia existencial, restringido a sus temores y terrores y sobre todo, aplastado por el prejuicio. Más allá de las aulas de Clase, de la moralidad victoriana, de sus propias obsesiones, Carroll vivió gracias a Alicia — la literatura, su puerta abierta hacia el mundo de la belleza— y sobre todo, logró construir una historia dentro de una historia, una esperanza dentro de una idea que quizás es lo más perdurable en la obra del escritor.

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