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Los viajes forman parte de la vida de todo ser humano. Nadie escapa a ello en menor o mayor grado y en la literatura abundan los ejemplos: el viaje de Odiseo; el de algunos personajes de Julio Verne;  desde el viaje de Robinson Crusoe hasta el de Ismael sobre el Pequod. Abundan referentes en este sentido. Ahora, un viaje cruzando el mar, sobre un velero y tres jóvenes poetas con almas de niñas, puede llegar a ser una experiencia casi luminosa. Elsa, Ida y Elizabeth son esas voces que, como señala Ida en aquel presente ahora remoto, “vamos hacia la poesía”. Así comienza La ruta de lo lejano de Fedosy Santaella (LP5 Editora, 2026), en un viaje retrospectivo y calibrado de lo que se puede ver y reinterpretar a través de una fotografía: el pasado, siempre el pasado con sus variopintos matices.

Una tarde profundamente criolla en Madrid

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Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

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Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

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La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

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Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

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Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico

Cada historia tiene su inicio, y el de La ruta de lo lejano comienza en Puerto Cabello (Venezuela), lugar de aprendizaje para una pequeña Elizabeth que al parecer se conecta al mundo con las palabras. Desde sus primeros pensamientos siempre fue poeta, pero no lo supo sino hasta años después. Sería la vida, como siempre, quien la llevaría al sendero que jamás abandonó. En un toma y dame entre un pasado ya lejano y un presente insondable, Elizabeth reflexiona mientras ve esa fotografía en que, sus amigas, aquellas poetas, deambulan como una presencia: “ustedes andan por ahí. Van y vienen”. Y esa foto, tomada por Alfredo, su gran amor, está para recordarlas y recordarlo.

 

Desde el punto de vista técnico, Fedosy Santaella hace el trabajo narrativo que corresponde, borra su voz hasta no existir para darle paso, y vida, a la voz de la poeta venezolana Elizabeth Schön, quien habla desde su viudez, pero sin sentimentalismos o transición dolorosa, no. Por el contrario, el libro es un remanso contenido de una vida dedicada a la poesía y, por suerte, reconocido y celebrado por muchos aún estando viva. Dice la poeta, el personaje, dentro de la novela: “Es increíble pensar que las tormentas nos hacen libres”. Y mientras eso sucede, reflexiona sobre su poesía, reconociendo, además, la importancia de Ida Gramcko en su vida, pues ella “sí era dueña de las palabras”. Se admiraban mutuamente, y es gracias a Ida y a Alfredo Cortina que, después de enviar uno de sus primeros y largos poemas titulado “La selva”, gana su primer concurso literario. Dice en el prólogo que hace Ida Gramcko al libro El abuelo, la cesta y el mar que: “ser poeta es estar ausente de la técnica, del oficio, de la  mecánica, de la materia, de lo material exactamente”, porque es allí donde estalla la verdadera poeta que es Elizabeth Schön, en el Ser.

 

Todo sucede en la novela con el mar como telón de fondo, mientras el lector asiste a la vida ficcionada de una niña convertida en poesía; niña que al parecer tuvo el don extrasensorial de percibir lo que hay en otras dimensiones, sin importar ni el bochorno ni los vaporones que produce la ciudad de Puerto Cabello y en donde al parecer la gente siempre anda enojada (habrá que preguntarle al autor si esto fue o es así). Dice la poeta: “yo no podía entender por qué la gente de Puerto Cabello era triste y agria”. Porque, amén del obvio homenaje a la poeta Elizabeth Schön, también lo es a esta ciudad portuaria que lleva en sus espaldas parte de la historia nacional venezolana. Imposible no mencionar el castillo de San Felipe, donde pagaron y murieron los presos del dictador Juan Vicente Gómez. O aquel barco alemán, Sesostris, hundido a orillas de Isla Larga en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

 

Dice la poeta: “Se sabe que soy una enamorada de los veleros, de las embarcaciones”. Y parte de ese enamoramiento deviene del sentir, de la vida de una joven poeta que no sabe que lo es; que ella es precisamente la poesía. Su mirada que se pierde en lontananza no es por alguna afección mental (como lo creían sus familiares), sino porque es capaz de ver más allá de las cosas. Dice: “No sabía cómo era yo realmente. Hanni (Ossott) me lo dijo una vez en la universidad: con tu poesía tú te apropias del mundo desde el misterio”. También está la poeta que se desdobla, que mientras está de pie sobre una roca en algún río de Guarenas, siente que también lo está en Puerto Cabello, en San Esteban, y le sucede en el mar, así como en el río.

 

Estamos ante la presencia de un texto múltiple que va desde lo biográfico, hasta pasar por lo narrativo y poético, donde a la vez el autor, siempre a través del velo de la voz de Schön, coquetea con un claro homenaje  a la poeta y a la poesía como género: “El Ser lo une todo. La poesía también”. Pero no todo en el texto es luminosidad. Su contraparte la podemos encontrar en la locura, en ese foso terrible en donde algunos caen y del que nadie está exento: “años más tarde fui precavida con la enajenación, por Ida, lo he dicho, que se hundió, y fue testigo de demonios y ángeles cegadores”.

Fedosy Santaella, autor de "La ruta de lo lejano"

Aparte de su destreza narrativa, Fedosy Santaella, de un tiempo para acá, ha desarrollado su interés y talento ilustrando imágenes y personalidades del mundo literario nacional y mundial, tal como lo hizo con la portada de sus dos últimos libros. En este orden de ideas, sabemos de su fascinación por las imágenes y las fotografías. En su publicación anterior, Los escapistas, hay un cuento en donde la fotografía toma un papel fundamental para el devenir del relato: “Algo de Coltrane”. Allí el misterio se expande porque los protagonistas no recuerdan haber posado para la misma, pero en La ruta de lo lejano, la fotografía es pivote que aclara todo lo que acontece, de donde nace la historia que el personaje Elizabeth Schön nos cuenta con claridad, porque lo recuerda todo como si dicha fotografía la hubieran tomado ayer. La poeta se da a la tarea de  rememorar su vida, su historia, sus lugares: Chichiriviche, Charallave, Naiguatá, Caracas y Puerto Cabello, donde se sorprende viéndose a sí misma: “Ay!, qué hermosa esa muchacha” y Alfredo siempre detrás del lente para sellar la posteridad.

Como un ritornello vuelve el barco hundido, el Sesostris, tal vez como una imagen del hundimiento propio de la vida, o mejor aún, de la cercanía de la inevitable muerte. El personaje deja colar esa tristeza o frustración por no haber tenido hijos, y en determinado momento, con ese don de poder percibir a los otros, dice: “en ocasiones pienso que todas las mujeres que me visitan son mis hijos”. La ruta de lo lejano es un libro pletórico de amor en varios estados: el del autor por la poesía; el de la poeta por Alfredo y sus amigos; el amor por sus padres y hacia la poesía. El personaje es capaz de interpelar al lector, pues viéndose como “un personaje plano” (la misma Elizabeth Schön) dice que “quiere una sola cosa de ti: que camines a su lado”. En ese juego de espejos autor/personaje, reconoce y admite: “perdón, ya divago”. Y es porque quizás la muerte ya está cerca.

 

Entonces Elizabeth habla de sí misma en tercera persona, marcando distancia por el paso del tiempo al que le obliga la imagen, la fotografía que describe: “y ella se encuentra allí, con una mano sobre la tapa del piano, como sosteniéndose, como dependiendo del piano para existir”. Y luego remata diciendo “aquella mujer que se manifestaba ante la cámara estaba en realidad al otro lado de las cosas”. Como era de esperarse presiente su propia muerte, “la noche oscura del alma” al decir de San Juan de la Cruz, porque anhela reencontrarse con los suyos, con su familia, y mientras eso sucede aguarda por Dios. “Otro día en que la casa huele a mar”, dice la poeta, en esta ruta de vida aparentemente cíclica, porque empezó en el mar y al parecer terminará allí mismo, con un grito de libertad oculto pero presente, a bordo de un velero que pasa junto al castillo de San Felipe ahora mudo, sin llantos, testigo silente de las atrocidades de Gómez. Y así, sobre el bote de Caronte, piensa “Ay, Puerto Cabello, quién te mirara”. Parte sin su libreta, sin su diario, pero feliz.

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Jason Maldonado
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Licenciado en Letras y escritor.

Columnista en The Wynwood Times:
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