Fundación Telefónica | 17 de junio de 2025
Por Andreina Mujica Texto y fotos
“Riprosipe thamou hithithiwe” Libros de conocimiento | Galería ABRA
Este sábado 28 de febrero de 2026, a las 10:00 a.m., la galería ABRA inaugurará en el galpón 9 del Centro de Arte Los Galpones la exposición Riprosipe thamou hithithiwe (Libros de conocimiento), del artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe.
2024 | Distopía de un proyecto de “rehabilitación” | Por Rubén Machaen
2024 | Distopía de un proyecto de “rehabilitación” | Un relato de Rubén Machaen
“Entre telas” y “Maestros” en la Galería Impulsarte
La muestra “Entre telas” es una propuesta que, bajo la curaduría de Alberto Asprino, pone el foco en la experimentación y el lenguaje de las nuevas generaciones de artistas venezolanos. “Maestros: una mirada al canon venezolano”, es una ambiciosa muestra que reúne a las figuras fundamentales que cimentaron la modernidad visual en el país
Branding sensorial: el arte de crear marcas con vida propia
Mayte Olmo - Branding Sensorial CARACAS, VENEZUELA – 20 de febrero de 2026 — Por décadas, el branding se limitó a lo que el ojo podía ver: un logotipo, un color y una tipografía. Sin embargo, en un entorno saturado de pantallas y publicidad digital, lo visual ha dejado de ser suficiente para...
Madrid Design y la Escuela Sur muestran su Mínimo Común
En el marco del Madrid Design Festival 2026, la exposición «Mínimo Común» habita la Sala Antonio Palacios del Círculo de Bellas Artes. Bajo la curaduría de Ana Fernando, artistas internacionales transforman el gesto y el hilo en estructuras de memoria y vanguardia.
“Mundos Paralelos” en la Galería de Arte GAAS
La exposición titulada “Mundos paralelos”, se encuentra en la Galería de Arte GAAS del Hotel Altamira Suites, con un conjunto de obras de los artistas Carlotta Cramer-Klett, Aura Reyes, Alberto Brandini, Rosanna Martínez y Patricia Rabbath, bajo la curaduría de Patricia Gascue, Maria Teresa Govea-Meoz y Marina Taylhardat.
Elisa Benedetti: el Ojo de la Microhistoria
El Miami Photographic Observatory (MPhO) anuncia la exhibición Elisa Benedetti: el ojo de la microhistoria, realizada con el apoyo de Arts Connection Foundation. Curada por Aluna Curatorial Collective, reúne una selección del trabajo documental que Elisa Benedetti (b. Venezuela, 1970) ha realizado a lo largo de seis años
30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita se despliegan en Madrid
El Museo La Neomudéjar de Madrid presenta 30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita, una exposición que recorre tres décadas de una de las colecciones privadas más significativas del arte político y socialmente comprometido en América Latina. La muestra ofrece una lectura crítica y profunda del contexto venezolano y latinoamericano, consolidándose como un punto de referencia para comprender las tensiones, memorias y resistencias que atraviesan la región.
De hartazgos sabemos todos | Manifiesto GenX
Lo confieso, lo digo sin miramientos, a mí no me hables de perdón, de conmiseración y de abrazos reconciliados, al menos no todavía. Por ahora las condiciones están dadas para el ajusticiamiento moral, el señalamiento ético, las redadas a los suburbios atrapando a colectivos y maleantes, sinónimos de la infamia, para el ejercicio férreo de la justicia erguida, objetiva y atenta a resarcir los derechos de las víctimas.
Lanzamiento del YLAI Changemakers Lab en Venezuela
El último evento realizado en Venezuela bajo la marca de Young Leaders of the Americas Initiative (YLAI) tuvo lugar en 2019, a través del “YLAI Reverse Exchange: Arkansas to Táchira Project”, una iniciativa impulsada por la organización social Táchira Project. Hoy, en 2026, el YLAI Changemakers Lab marca un nuevo hito y una oportunidad excepcional para que jóvenes venezolanos formen parte de una experiencia que no se repite todos los años.
The Leftovers (Los Desechados) | Back to the Serie
Bajo esta premisa inicia una de las mejores series —no tengo reparos en decirlo— que he visto en mi vida. Por eso, en esta nueva entrega de Back to the Serie, les hablaré de ese universo duro, vulnerable, absurdo, doloroso y profundamente existencialista, como lo es The Leftovers.
A pesar del calor para llegar al punto de encuentro, puntual y con la lengua de cobarta, resultó una tarde memorable en la Fundación Telefónica. El escritor mexicano, guionista de películas fabulosas, el hombre en cuestión es Guillermo Arriaga, viene de publicar su última novela casualmente titulada El Hombre. Una sala repleta de seguidores y de amigos, con uno que otro periodista que logró entrar por la buena voluntad de los organizadores, estaba acompañado por la periodista Marta Fernández y el escritor Manuel Vilas.
Desde el inicio, se destacó el carácter de riesgo narrativo que define la obra de Arriaga. Marta Fernández subrayó su capacidad para crear personajes complejos, historias intensas y una ambientación envolvente. Mencionó que Arriaga, en cada proyecto, asume un desafío literario nuevo que lo impulsa a escribir, y del que ha salido «absolutamente victorioso».
Recuerdo a Guillermo desde Amores Perros, su debut cinematográfico a nivel internacional, el que lo catapultó al reconocimiento global. La película fue nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera y obtuvo numerosos premios, incluyendo la Semana de la Crítica en Cannes. Estaba también Lorenzo Vigas; salimos a hacer fotos con dos golden retriever prestados, en mi Volskwagen descapotado. Ahí lo amé.
Aquel Arriaga —el del cine visceral, crudo, sin concesiones— es el mismo que hoy, como escritor, se ha vuelto un cazador minucioso de palabras exactas. Su última novela, El Hombre, no solo confirma esa habilidad, la expande. Es una obra construida a través de seis voces narrativas que retratan la vida de Henry Lloyd, un personaje misterioso, contradictorio y colosal que forja un imperio en el siglo XIX. La estructura polifónica permite ver el mito desde múltiples ángulos: la exesposa, un esclavo, su descendencia, un profesor e incluso un rival de la infancia. Cada voz tiene su propio ritmo, su respiración, su tono preciso. Como un cazador en el bosque del lenguaje, Arriaga acecha el verbo justo, la palabra exacta que revele sin adornos lo humano —y lo inhumano— en cada historia que cuenta.
Marta Fernández destacó tres prodigios en la novela: su capacidad de revelar la verdadera naturaleza de la historia, la creación de personajes más vivos que los reales y la potencia de su escritura, que no deja al lector indiferente ni al cerrar el libro.
Arriaga, con humor y cercanía, compartió anécdotas sobre su proceso de escritura. No planea sus novelas, se lanza al bosque sin saber a dónde va, escribiendo de manera intuitiva y dejándose guiar por los propios personajes, a quienes considera «los verdaderos narradores». Afirmó que «no tiene el menor control sobre la obra» y que su labor es escuchar lo que la historia exige.
Destacó también su interés por el lenguaje: cada una de las voces en El Hombre tiene un tono, sintaxis, vocabulario y ritmo distintos, lo que convierte a la novela en un verdadero ejercicio de polifonía literaria. Cuestionó que muchas novelas se digan polifónicas, pero donde todos los personajes «hablan igual y tienen los mismos valores».
Manuel Vilas reconoció en Arriaga una sensibilidad inusual para captar registros lingüísticos y un talento para cincelar la palabra. Comparó su escritura con la de Juan Rulfo y destacó la fuerza léxica, emocional y sonora de la novela. Ambos escritores compartieron anécdotas sobre su obsesiva búsqueda del silencio perfecto en habitaciones de hotel para poder escribir, entre risas y complicidad.
En la parte final, Arriaga explicó el trasfondo de cada una de las seis voces que narran El Hombre, resaltando la intención de crear personajes fuertes, con historias que pudieran sostenerse por sí solas. La novela plantea una pregunta perturbadora: ¿por qué un hombre cruel y despiadado genera lealtades tan profundas?
Este encuentro fue una muestra no solo del talento narrativo de Arriaga, sino también de su pasión por los retos formales y su convicción de que escribir es, ante todo, un acto de riesgo.
Guillermo Arriaga compartió detalles sobre su proceso creativo, destacando las dificultades técnicas y lingüísticas que enfrentó al escribir El Hombre. El personaje de Yeremaya le resultó especialmente complejo por su estructura gramatical no convencional, inspirada en el habla de esclavos africanos que aprendían el idioma de sus opresores para sobrevivir.
Esta búsqueda de un realismo lingüístico riguroso fue un gran reto, pero también una de las riquezas de la novela.
Contrastó esto con el personaje mexicano, Rodrigo, que fluyó con naturalidad, cargado de humor, y cuya voz seguía resonando incluso al cerrar el libro. Arriaga subrayó la importancia de no juzgar a los personajes: incluso los más crueles, como Henry Lloyd, deben mostrarse con toda su complejidad y matices humanos. En esa línea, señaló su admiración por la capacidad de los personajes de provocar empatía, aunque sean moralmente reprobables.
También mencionó su afecto por Joaquín, tal vez el personaje que mas ha querido hasta ahora, un niño apache, y aprovechó para destacar un tema poco tratado en la literatura mexicana: el conflicto entre mexicanos y apaches, donde los indígenas eran más honorables que los invasores.
El Hombre fue descrita como una novela densa, con múltiples capas, que aborda los pilares del capitalismo moderno: esclavitud, genocidio y despojo territorial. Arriaga trazó una genealogía de Estados Unidos basada en la violencia estructural, la ambición imperial y las contradicciones del sistema económico global.
Analizó también las tensiones entre el sur esclavista y el norte industrial estadounidense, y cómo la liberación de esclavos respondió más a necesidades de mercado que a motivos éticos. La novela, según explicó, es una reflexión profunda sobre la herencia manchada de sangre del capitalismo.
Arriaga expresó admiración por autores como Faulkner (siempre le cita junto a Shakespeare, le llama los dos Williams, y reflexionó sobre el tiempo no lineal, la circularidad del mal y la imposibilidad de separar claramente el bien del mal. Reafirmó su convicción de que el trabajo del novelista es retratar la ambigüedad de la vida sin juzgar.
Finalmente, cerró con una nota de esperanza basada en una vivencia personal con campesinos mexicanos que, pese a la pobreza extrema, demostraban una humanidad generosa y luminosa.
“Unos amigos campesinos de Tamaulipas, analfabetas, sobreviven con muy poco. Un día llevé a mis alumnos, hijos de la alta burguesía mexicana, a piscar algodón con ellos. Les quité sus carteras y llaves. Tras horas de trabajo duro, solo lograron recoger catorce kilos entre todos. Apenas para un refresco y dos tortillas. Cuando exigieron que les devolviera sus cosas para ir a comer, Lucio, el campesino, los reunió y dijo: “¿Cómo quisiera yo que alguien me devolviera mi cartera para comprarle algo a mis hijos?”.
Esa es su vida diaria. Dos tortillas, un poco de aceite usado. Y siempre están sonrientes, dispuestos a compartir lo poco que tienen. Por los Estrada, tengo absoluta fe en el ser humano.
Esa experiencia, dijo, lo mantiene como un optimista compulsivo, y nosotros —lectores también compulsivos— buscamos ese optimismo que escasea en estos tiempos feroces, donde la vida parece un polvo de gallo y el mundo entero una babel que ya no sabe escucharse. Arriaga nos recuerda que incluso desde el fuego y el desierto, donde reinan los ecos del dolor y la pérdida, aún se puede narrar con rabia y belleza. Porque en cada amores perros, en cada esquina donde ronda la savia, late todavía la posibilidad de que una historia —bien contada— nos devuelva el sentido.
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Periodista, fotógrafa, artista y creadora.









