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Fundación Telefónica | 17 de junio de 2025
Por Andreina Mujica Texto y fotos

Una tarde profundamente criolla en Madrid

Una tarde profundamente criolla en Madrid

Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico

Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez

Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez

La escritora Indira Páez publica su poemario Animal de mudanza (MEL Projects Publishing), una exploración frontal del exilio y la memoria. El libro, analizado críticamente por Alberto Márquez como un testimonio de resistencia y avería doméstica, celebra su presentación en Miami con un recital solidario destinado a la reconstrucción de escuelas de Fe y Alegría en Venezuela.

MONSTER: La Historia de Lizzie Borden | Series Sobre 9 

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Se trata de Lizzie Borden, una joven de familia adinerada quien se volvió la principal sospechosa en el doble asesinato de su padre Andrew Borden y de su madrastra Abby Borden, hecho ocurrido en su propia casa el 4 de agosto de 1892. Sin embargo, posterior al sonado juicio que se llevó a cabo, Lizzie quedó absuelta.

A pesar del calor para llegar al punto de encuentro, puntual y con la lengua de cobarta, resultó una tarde memorable en la Fundación Telefónica. El escritor mexicano, guionista de películas fabulosas, el hombre en cuestión es Guillermo Arriaga, viene de publicar su última novela casualmente titulada El Hombre. Una sala repleta de seguidores y de amigos, con uno que otro periodista que logró entrar por la buena voluntad de los organizadores, estaba acompañado por la periodista Marta Fernández y el escritor Manuel Vilas.

Desde el inicio, se destacó el carácter de riesgo narrativo que define la obra de Arriaga. Marta Fernández subrayó su capacidad para crear personajes complejos, historias intensas y una ambientación envolvente. Mencionó que Arriaga, en cada proyecto, asume un desafío literario nuevo que lo impulsa a escribir, y del que ha salido "absolutamente victorioso".

Recuerdo a Guillermo desde Amores Perros, su debut cinematográfico a nivel internacional, el que lo catapultó al reconocimiento global. La película fue nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera y obtuvo numerosos premios, incluyendo la Semana de la Crítica en Cannes. Estaba también Lorenzo Vigas; salimos a hacer fotos con dos golden retriever prestados, en mi Volskwagen descapotado. Ahí lo amé.

Aquel Arriaga —el del cine visceral, crudo, sin concesiones— es el mismo que hoy, como escritor, se ha vuelto un cazador minucioso de palabras exactas. Su última novela, El Hombre, no solo confirma esa habilidad, la expande. Es una obra construida a través de seis voces narrativas que retratan la vida de Henry Lloyd, un personaje misterioso, contradictorio y colosal que forja un imperio en el siglo XIX. La estructura polifónica permite ver el mito desde múltiples ángulos: la exesposa, un esclavo, su descendencia, un profesor e incluso un rival de la infancia. Cada voz tiene su propio ritmo, su respiración, su tono preciso. Como un cazador en el bosque del lenguaje, Arriaga acecha el verbo justo, la palabra exacta que revele sin adornos lo humano —y lo inhumano— en cada historia que cuenta.

Marta Fernández destacó tres prodigios en la novela: su capacidad de revelar la verdadera naturaleza de la historia, la creación de personajes más vivos que los reales y la potencia de su escritura, que no deja al lector indiferente ni al cerrar el libro.

Arriaga, con humor y cercanía, compartió anécdotas sobre su proceso de escritura. No planea sus novelas, se lanza al bosque sin saber a dónde va, escribiendo de manera intuitiva y dejándose guiar por los propios personajes, a quienes considera "los verdaderos narradores". Afirmó que "no tiene el menor control sobre la obra" y que su labor es escuchar lo que la historia exige.

Destacó también su interés por el lenguaje: cada una de las voces en El Hombre tiene un tono, sintaxis, vocabulario y ritmo distintos, lo que convierte a la novela en un verdadero ejercicio de polifonía literaria. Cuestionó que muchas novelas se digan polifónicas, pero donde todos los personajes "hablan igual y tienen los mismos valores".

Manuel Vilas reconoció en Arriaga una sensibilidad inusual para captar registros lingüísticos y un talento para cincelar la palabra. Comparó su escritura con la de Juan Rulfo y destacó la fuerza léxica, emocional y sonora de la novela. Ambos escritores compartieron anécdotas sobre su obsesiva búsqueda del silencio perfecto en habitaciones de hotel para poder escribir, entre risas y complicidad.

En la parte final, Arriaga explicó el trasfondo de cada una de las seis voces que narran El Hombre, resaltando la intención de crear personajes fuertes, con historias que pudieran sostenerse por sí solas. La novela plantea una pregunta perturbadora: ¿por qué un hombre cruel y despiadado genera lealtades tan profundas?

Este encuentro fue una muestra no solo del talento narrativo de Arriaga, sino también de su pasión por los retos formales y su convicción de que escribir es, ante todo, un acto de riesgo.

Guillermo Arriaga compartió detalles sobre su proceso creativo, destacando las dificultades técnicas y lingüísticas que enfrentó al escribir El Hombre. El personaje de Yeremaya le resultó especialmente complejo por su estructura gramatical no convencional, inspirada en el habla de esclavos africanos que aprendían el idioma de sus opresores para sobrevivir.

Esta búsqueda de un realismo lingüístico riguroso fue un gran reto, pero también una de las riquezas de la novela.

Contrastó esto con el personaje mexicano, Rodrigo, que fluyó con naturalidad, cargado de humor, y cuya voz seguía resonando incluso al cerrar el libro. Arriaga subrayó la importancia de no juzgar a los personajes: incluso los más crueles, como Henry Lloyd, deben mostrarse con toda su complejidad y matices humanos. En esa línea, señaló su admiración por la capacidad de los personajes de provocar empatía, aunque sean moralmente reprobables.

También mencionó su afecto por Joaquín, tal vez el personaje que mas ha querido hasta ahora, un niño apache, y aprovechó para destacar un tema poco tratado en la literatura mexicana: el conflicto entre mexicanos y apaches, donde los indígenas eran más honorables que los invasores. 

El Hombre fue descrita como una novela densa, con múltiples capas, que aborda los pilares del capitalismo moderno: esclavitud, genocidio y despojo territorial. Arriaga trazó una genealogía de Estados Unidos basada en la violencia estructural, la ambición imperial y las contradicciones del sistema económico global.

Analizó también las tensiones entre el sur esclavista y el norte industrial estadounidense, y cómo la liberación de esclavos respondió más a necesidades de mercado que a motivos éticos. La novela, según explicó, es una reflexión profunda sobre la herencia manchada de sangre del capitalismo.

Arriaga expresó admiración por autores como Faulkner (siempre le cita junto a Shakespeare, le llama los dos Williams, y reflexionó sobre el tiempo no lineal, la circularidad del mal y la imposibilidad de separar claramente el bien del mal. Reafirmó su convicción de que el trabajo del novelista es retratar la ambigüedad de la vida sin juzgar.

Finalmente, cerró con una nota de esperanza basada en una vivencia personal con campesinos mexicanos que, pese a la pobreza extrema, demostraban una humanidad generosa y luminosa. 

“Unos amigos campesinos de Tamaulipas, analfabetas, sobreviven con muy poco. Un día llevé a mis alumnos, hijos de la alta burguesía mexicana, a piscar algodón con ellos. Les quité sus carteras y llaves. Tras horas de trabajo duro, solo lograron recoger catorce kilos entre todos. Apenas para un refresco y dos tortillas. Cuando exigieron que les devolviera sus cosas para ir a comer, Lucio, el campesino, los reunió y dijo: “¿Cómo quisiera yo que alguien me devolviera mi cartera para comprarle algo a mis hijos?”. 

Esa es su vida diaria. Dos tortillas, un poco de aceite usado. Y siempre están sonrientes, dispuestos a compartir lo poco que tienen. Por los Estrada, tengo absoluta fe en el ser humano.

Esa experiencia, dijo, lo mantiene como un optimista compulsivo, y nosotros —lectores también compulsivos— buscamos ese optimismo que escasea en estos tiempos feroces, donde la vida parece un polvo de gallo y el mundo entero una babel que ya no sabe escucharse. Arriaga nos recuerda que incluso desde el fuego y el desierto, donde reinan los ecos del dolor y la pérdida, aún se puede narrar con rabia y belleza. Porque en cada amores perros, en cada esquina donde ronda la savia, late todavía la posibilidad de que una historia —bien contada— nos devuelva el sentido.

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Andreína Mujica
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