Miguel Ángel Latouche
“Riprosipe thamou hithithiwe” Libros de conocimiento | Galería ABRA
Este sábado 28 de febrero de 2026, a las 10:00 a.m., la galería ABRA inaugurará en el galpón 9 del Centro de Arte Los Galpones la exposición Riprosipe thamou hithithiwe (Libros de conocimiento), del artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe.
2024 | Distopía de un proyecto de “rehabilitación” | Por Rubén Machaen
2024 | Distopía de un proyecto de “rehabilitación” | Un relato de Rubén Machaen
“Entre telas” y “Maestros” en la Galería Impulsarte
La muestra “Entre telas” es una propuesta que, bajo la curaduría de Alberto Asprino, pone el foco en la experimentación y el lenguaje de las nuevas generaciones de artistas venezolanos. “Maestros: una mirada al canon venezolano”, es una ambiciosa muestra que reúne a las figuras fundamentales que cimentaron la modernidad visual en el país
Branding sensorial: el arte de crear marcas con vida propia
Mayte Olmo - Branding Sensorial CARACAS, VENEZUELA – 20 de febrero de 2026 — Por décadas, el branding se limitó a lo que el ojo podía ver: un logotipo, un color y una tipografía. Sin embargo, en un entorno saturado de pantallas y publicidad digital, lo visual ha dejado de ser suficiente para...
Madrid Design y la Escuela Sur muestran su Mínimo Común
En el marco del Madrid Design Festival 2026, la exposición «Mínimo Común» habita la Sala Antonio Palacios del Círculo de Bellas Artes. Bajo la curaduría de Ana Fernando, artistas internacionales transforman el gesto y el hilo en estructuras de memoria y vanguardia.
“Mundos Paralelos” en la Galería de Arte GAAS
La exposición titulada “Mundos paralelos”, se encuentra en la Galería de Arte GAAS del Hotel Altamira Suites, con un conjunto de obras de los artistas Carlotta Cramer-Klett, Aura Reyes, Alberto Brandini, Rosanna Martínez y Patricia Rabbath, bajo la curaduría de Patricia Gascue, Maria Teresa Govea-Meoz y Marina Taylhardat.
Elisa Benedetti: el Ojo de la Microhistoria
El Miami Photographic Observatory (MPhO) anuncia la exhibición Elisa Benedetti: el ojo de la microhistoria, realizada con el apoyo de Arts Connection Foundation. Curada por Aluna Curatorial Collective, reúne una selección del trabajo documental que Elisa Benedetti (b. Venezuela, 1970) ha realizado a lo largo de seis años
30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita se despliegan en Madrid
El Museo La Neomudéjar de Madrid presenta 30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita, una exposición que recorre tres décadas de una de las colecciones privadas más significativas del arte político y socialmente comprometido en América Latina. La muestra ofrece una lectura crítica y profunda del contexto venezolano y latinoamericano, consolidándose como un punto de referencia para comprender las tensiones, memorias y resistencias que atraviesan la región.
De hartazgos sabemos todos | Manifiesto GenX
Lo confieso, lo digo sin miramientos, a mí no me hables de perdón, de conmiseración y de abrazos reconciliados, al menos no todavía. Por ahora las condiciones están dadas para el ajusticiamiento moral, el señalamiento ético, las redadas a los suburbios atrapando a colectivos y maleantes, sinónimos de la infamia, para el ejercicio férreo de la justicia erguida, objetiva y atenta a resarcir los derechos de las víctimas.
Hace poco leí el libro Póstumo de Gabriel García Márquez “En agosto nos vemos”. Tal y como era de esperarse el libro está bien escrito, no es balde, hablamos de un Premio Nobel, sin embargo, siente que se trata de una obra a la que le falta corazón. En sus últimos años el Gabo estuvo luchando en contra de los embates de la sensibilidad y aunque el texto no carece de coherencia, se nota que el hombre no se encontraba en sus mejores momentos. Creo que la magia de su escritura estaba precisamente en su capacidad de desbordarse sobre el texto, de innovar en la construcción del argumento, en una escritura que se sale de lo común. En mi opinión, nada de eso está presente en este texto. Esto no quiere decir que el Nobel no estuviese al tanto de sus limitaciones. En efecto, es bien conocido que no se encontraba satisfecho con su último libro. Es bien conocido que el autor no deseaba que el libro fuese publicado, les pidió a sus hijos no hacerlo y, más aún, destruirlo.
Por intermedio de esas asociaciones absurdas en las cuales a veces nos embarcamos, la lectura me recordó una de las últimas entrevistas televisadas de Borges. El escritor contaba ya con 85 años y a pesar de su indudable brillantez, se le notaba cambiado, difuso, incluso disperso. Al final, más que contestar las preguntas, su pensamiento se disgrega por los diversos laberintos que lo persiguieron durante toda su vida, aun así, se trata de un Borges tierno, algo aniñado, alguien que ha alcanzado ese difícil umbral en el cual ya no se le teme a la muerte. No en balde se dice que los viejos vuelven a ser niños. Algo similar me hace sentir el último título del Gabo.
Destruir una obra, sin embargo, siempre es un riesgo. No me refiero, claro, a la atrocidad que es la quema de libros en la plaza pública, que supone un atentado en contra de la cultura y por ende en contra de la humanidad. Me refiero al ejercicio de esconder del ojo público una obra cuyo autor considera insuficiente. Uno solo puede imaginarse la gran pérdida que hubiera supuesto para la humanidad, que siguiendo los deseos de su amigo Franz Kafka, Max Brod, hubiese destruido los textos del autor checo/ germano.
En su carta— testamento de 1921, Kafka le pide a Brod que queme sus obras, antes de que alguien más llegase a conocerlas. Brod incumple sus deseos y nos permite acceder al maravilloso mundo kafkiano. Aun así, persiste la discusión entre aceptar la voluntad manifiesta de alguien o salvaguardar lo que se considera una obra que vale la pena que sea preservada. Quizás uno podría decir que una obra que trasciende al autor deja de pertenecerle, se convierte en una propiedad colectiva que debe ser conocida por todos los interesados y salvada para la posteridad. ¿Qué seríamos sin los Girasoles de Van Goethe?
Claro que a veces las comparaciones son odiosas. Hay autores para quienes prácticamente solo una obra cuenta. Conocemos a Joyce, por ejemplo, casi que exclusivamente por Ulises y si bien Miguel de Cervantes escribió de manera profusa, sin duda todas sus obras son menores cuando se las compara con el Quijote. Me pasa que me cuesta mucho leer a García Márquez sin tener en la memoria a Cien Años de Soledad o al Otoño del Patriarca, en mi opinión, sus mejores trabajos. Con el primero me pasa algo especial: lo leí por primera vez siendo muy joven, tendría unos 15 años y luego lo hice con motivo de los cincuenta años de su publicación. De la primera lectura me maravilló su lógica circular, la caracterización de Macondo, reconocer que ese pueblo es una representación del alma latinoamericana. Macondo está en todas partes. De la segunda, la dimensión de sus personajes.
El Otoño del Patriarca es una obra monumental que refiere las dinámicas de la dictadura y de los dictadores que ha marcado de una manera tan profunda la política latinoamericana. El Gabo fue sobre todo un gran cronista que en este libro logra innovar en la construcción de la estructura del texto. Son obras complejas cuya lectura es apasionante pero complicada. Quizás en mucho más fácil leer aquella crónica de una muerte anunciada, que presenta un argumento más sencillo de seguir y una estructura más lineal. Fue publicada en 1981 y fue considerada por el Mundo de España entre las mejores cien obras del siglo XX.
A mí me interesa su carácter intertextual, la manera como mezcla el relato policial, con la crónica periodística y el realismo mágico que es característico en el trabajo del autor.
No voy a narrar la historia, no pretendo hacer “espóiler”. Al que le interese que la lea. Simplemente, diré que la narración es magistral. Está referida a la historia de un crimen que todo el mundo sabía que iba a producirse y que nadie creyó posible. Todos los habitantes de aquel pueblo conocían las motivaciones de los criminales; sabían de las amenazas, las habían dejado correr a los cuatro vientos. A pesar de la evidencia previa nadie creyó que fuese posible, nadie pensó que aquel crimen podía materializarse, nadie se imaginó que fuesen capaces de llegar tan lejos. Sin embargo, aquellos que parecían dispuestos a cometer aquel crimen imposible terminaron cometiéndolo, dejando a todos en medio de una profunda desolación y el Gabo no se refería precisamente a un crimen electoral.
Tal vez te interese ver:
El asunto no es personal | Otra mirada
El aprendizaje teórico requiere un trabajo personal que corresponde al que pretende aprender y no al que enseña, que no es más que una guía. Al que aprende le toca lidiar por sí mismo con los temas, tomar las palabras del maestro … Reflexiones de Miguel Ángel Latouche.
Sobre el insulto y su poder corrosivo | Otra mirada
Se ha vuelto común escuchar en el discurso público que se utilice el insulto como una forma de descalificar, al contrario. Sin importar las tendencias ideológicas o las posturas políticas, se arremete duramente contra el otro … Reflexiones de Miguel Ángel Latouche.
Sobre el heroísmo como cotidianidad | Otra mirada
Definir nuestra propia identidad siempre fue un reto … El héroe enfrenta situaciones extraordinarias y se construye al amparo de las dificultades que enfrenta Reflexiones Miguel Ángel Latouche en este nuevo artículo.
Doctor en Ciencias Políticas y escritor.
Columnista en The Wynwood Times:
Otra mirada









