
Miguel Ángel Latouche
Se ha vuelto común escuchar en el discurso público que se utilice el insulto como una forma de descalificar, al contrario. Sin importar las tendencias ideológicas o las posturas políticas, se arremete duramente contra el otro para invalidarlo moralmente. Cuando nos asumimos como animales políticos y entendemos que lo somos porque tenemos la capacidad de comunicarnos con los demás, de establecer conversaciones y definir argumentos, estamos asumiendo, al mismo tiempo, nuestra calidad como sujetos civilizados. Es decir, sujetos que han decidido que sus controversias pueden y deben ser resueltas de manera civilizada. El primer paso hacia la destrucción del otro es su descalificación como sujeto moralmente equivalente. El tema preocupa porque se nos presenta como una de las permanentes tensiones que encontramos entre las dinámicas de la civilización y la barbarie. Insultar al otro es reducir su calidad humana, es someterlo al escarnio, es convertirlo en un objeto que puede ser golpeado sin piedad y sin remordimiento.
“At Least for a Moment”: Rómulo Martínez en Mundo Arte Gallery
Mundo Arte Gallery presenta At Least for a Moment: Cartografías de pertenencia, migración y visibilidad, una exposición individual del artista venezolano Rómulo Martínez, curada por Marco Caridad. En exhibición del 3 al 24 de octubre de 2026, la muestra reúne un nuevo cuerpo de trabajo que negocia con la identidad, memoria, visibilidad y pertenencia.
“Sea of Love” por Manaure Peñalver en la Galería Mooni
A través de una serie de pinturas, llenas de referencias culturales e imaginación, el artista venezolano rinde tributo al océano, fusionando metáfora y memoria. La obra se encuentra expuesta en la destacada galería Mooni en la Ciudad de México
Hacerse preguntas o ¿importa saber qué es “farmear áurea”?
¿Importa saber qué es “farmear áurea”?, me tomó por sorpresa en un sueño y desperté a las 3 de la mañana sabiendo con perfección que esa fue una pregunta que rasgueaba desde otro plano. Okey, no sé, solo repito lo que los sabios de TikTok indican sobre despertar a esa hora como una pulsión desde otro estadio que te manda señales … nos comenta Florángel Quintana
EMMYS 2026, 78 Años premiando lo mejor de la TV
La edición 78 de los Premios Emmy llega con Mariska Hargitay en la conducción y el debut del Legacy Award. Con The Pitt y Hacks encabezando las nominaciones, repasamos los favoritos en drama, comedia y miniseries, junto con los resultados previos de los Creative Arts Emmys y las opciones para ver la ceremonia en vivo.
Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza”
Indira Páez presenta su segundo poemario “Animal de mudanza”: una anatomía poética sobre el desarraigo, la memoria y la pérdida. El segundo poemario de la aclamada escritora y dramaturga venezolana, publicado por MEL Projects Publishing & Entertainment, destina sus regalías a labores de ayuda humanitaria.
“Trítono” una obra de Acuarela Martínez | Poesía
Trítono (Editorial Lector Cómplice, 2026) de la poeta Acuarela Martínez, queda claro desde el principio lo importante que resulta su dedicatoria. Queriéndolo o no, y sin aún entrar en materia poética, nos involucra a todos desde los planos posibles del amor: a los legales, a los del medio, a los clandestinos
MORIA (1era. temporada) | Series Sobre 9
Moria no solo aborda la vida de Ana María Casanova hasta su consolidación como el fenómeno cultural de Moria Casán, sino que transita por una variedad de tópicos como la desmitificación de la “mujer objeto” en el espectáculo, reivindicación de la estética pop y la cultura de masas, crítica a la hipocresía moral de ciertas clases sociales, visibilización de la diversidad y el apoyo a la comunidad LGBT.
TIP TOE (De puntillas) | Series Sobre 9
De todo esto y más, va la nueva serie británica Tip Toe, creada por Russell T Davies (reconocido por Queer as Folk, It’s a Sin o Years and Years) quien ahora nos presenta una obra tan corrosiva como indispensable sobre la polarización en la sociedad actual y a la que valoraremos en esta nueva entrega de SS9.
Pequeños fragmentos de dolor | Panegírico para Alejandra Pizarnik
Tema recurrente en la literatura de la época, así como para inspiración de artistas que intentaron comprender la locura a través de esa inquietante imagen. No resulta casual, por tanto, que pintores como El Bosco, Van Hemesen y Brueghel se inspiran en la extraña metáfora para mirar la locura desde los pinceles, intentando comprender esa oscuridad meridiana de la mente del hombre a través de ella.
Los griegos ponderaban el espacio de la ciudad como un lugar donde la gente podía hablar sin temor. Los muros que protegían las ciudades contenían el espacio civilizatorio donde la espada era cambiada por los argumentos. Fuera de los muros la vida se tornaba peligrosa, al estar sometida a los juegos del azar y el destino. Todo lo que estaba fuera de la ciudad se encontraba bajo el influjo de la barbarie. No es casual que los más poderosos monstruos de la mitología griega habitasen en las afueras, desde allí ejercían su poder en contra de la raza humana. Así, el Minotauro nunca pisó las calles de Creta, la aterrorizaba desde su mítico laberinto. De igual manera, la esfinge que hostiga a Tebas, lo hace desde las afueras de la ciudad, allí esperaba a los viajeros para someterlos a sus enigmas.

Así, fuera de la ciudad se extiende el espacio para la confrontación física, para la guerra. Hay que recordar que la palabra bárbaro, está referida a la idea de aquello a quienes no se les entiende. Así comprendían los griegos a quienes no hablaban su misma lengua.
Específicamente la palabra se refiere en sus orígenes “al que balbucea” y luego se amplía el significado para incluir a todos aquellos que no compartían su cultura. Los romanos usan el término para referirse a quienes vivían en las afueras del Imperio y para ellos tenía, a diferencia de lo que sucedía con los griegos, un sentido peyorativo, según el cual los habitantes de aquellos lugares eran inferiores.
Esto es importante si recordamos que la primera operación para la destrucción del otro suele estar asociada a la destrucción de su humanidad. A fin de cuentas, los humanos nos enfrentamos a una serie de “frenos morales” que nos impiden hacerle daño a los demás o que al menos nos producen problemas de conciencia. No es fácil dañar a quienes consideramos igual que nosotros, nuestro equivalente. Pero es fácil hacerlo cuando mediante los procesos propagandísticos o las dinámicas mediáticas carcomen ese sentimiento de empatía que en general tenemos hacia los demás.
Es bien sabido que los nazis consideraban a los judíos como seres inferiores, casi sub- humanos, la lógica burocrática los convertía en un número, les borraba identidad, por eso es tan importante aún ahora cuando han pasado tantos años que esa manifestación del mal no se banalice. Tenemos el deber de recordar que ningún pueblo merece ser sometido al exterminio, que hablamos de vidas humanas. Este fenómeno de destrucción del otro no fue exclusivo del nazismo.
En caricaturas de la época se presentaba a los japoneses como pequeñas bestias con forma ratonesca que difícilmente podía equivaler a un humano normal y corriente. Hace poco vi una interesante película alemana que narra la historia de un antropólogo que se involucra en un proyecto mediante el cual median el cráneo de los habitantes autóctonos de algunas de sus colonias africanas para determinar diferencias morfológicas que justificaran determinadas formas de dominación basadas en la diferencia cognitivas. El hombre terminó enamorándose perdidamente de una mujer africana y enfrentado a un dilema moral por tener ese sentimiento hacia un ser que terminó considerando inferior.

La verdad es que estamos llenos de calificativos que intentan imponer una particular visión de mundo sobre los demás, que intenta validar posturas hegemónicas y que alimentan diversos estereotipos a través de los cuales se intenta justificar malos tratos, cuando no la exclusión del otro.
El insulto juega, en este sentido, el mismo papel que la propaganda. Se trata de acabar con el otro antes de oír sus argumentos y sus razones. El insulto supone de entrada el irrespeto por la postura de los demás. Llamar al otro ladrón o traidor, predispone de entrada a aquel que se dispone a escuchar lo que el otro tiene que decir. Más aún, después de ciertos calificativos, es común que dejemos de escuchar, o que tomemos partido antes de evaluar las diversas dimensiones del caso. Esa capacidad de mantener la objetividad aun ante casos terribles fue lo que le valió a Hanna Arendt, el odio de algunos grupos académicos y religiosos de su tiempo. En Eichmann nos mostró a Eichmann como lo que era, un simple funcionario burocrático cuya defensa (absurda, claro) se basó en el hecho de que estaba cumpliendo con lo que sus superiores le habían encargado, que no era otra cosa que el exterminio masivo de seres humanos. Aun cuando las acciones de Eichmann fueron ciertamente terribles, es interesante notar que nunca llegó a efectuar una evaluación moral del daño que estaba haciendo, había normalizado su labor como si se tratase de una actividad cualquiera. Según Arendt. Eichmann no mostraba rasgos de antisemitismo ni daño psicológico.

Preocupa que estemos ante la normalización de cierto tipo de discurso que no se fundamenta en una argumentación consistente, en el cual se trata de demostrar cierto hilo argumentativo que permita develar lo que se piensa y construir una valoración acerca de la verdad. Si no ante un discurso que apela a los sentimientos, a los miedos primitivos y a ciertas expectativas. Que, en lugar de confrontar las ideas, confronte la identidad de los demás, que no se fundamente en las razones sino en la ideología, que mire al otro sin mirarlo, que lo deshumanice sin piedad. El insulto, sobre todo el que se construye desde el poder, abre la puerta a la barbarie.
Uno entendería que un funcionario público tiene la responsabilidad primaria de tratar al otro desde la civilidad y la tolerancia y no desde el odio o el desprecio.
La democracia supone el respeto por los ciudadanos, cuando el que insulta es un representante lo hace no desde su postura personal, sino al amparo de la maquinaria del Estado, lo que convierte la discusión en un ejercicio inútil por cuanto las dimensiones de quienes hablan son diferentes. El discurso que se construye desde el poder está soportado sobre los mecanismos del poder, por tal razón debe fundamentarse en el respeto por el otro. Este juego de insultarse que vemos en ciertos liderazgos de la izquierda y de la derecha no hacen más que horadar al Estado de derecho y dejarnos en el desamparo.
Tal vez te interese ver:
Crónica de una muerte anunciada | Otra mirada
A mí me interesa su carácter intertextual, la manera como mezcla el relato policial, con la crónica periodística y el realismo mágico que es característico en el trabajo del autor … Reflexiones de Miguel Ángel Latouche.
El asunto no es personal | Otra mirada
El aprendizaje teórico requiere un trabajo personal que corresponde al que pretende aprender y no al que enseña, que no es más que una guía. Al que aprende le toca lidiar por sí mismo con los temas, tomar las palabras del maestro … Reflexiones de Miguel Ángel Latouche.
Sobre el heroísmo como cotidianidad | Otra mirada
Definir nuestra propia identidad siempre fue un reto … El héroe enfrenta situaciones extraordinarias y se construye al amparo de las dificultades que enfrenta Reflexiones Miguel Ángel Latouche en este nuevo artículo.
Doctor en Ciencias Políticas y escritor.
Columnista en The Wynwood Times:
Otra mirada









