«Se suicidan los optimistas, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían para morir?»
E.M. Cioran – Silogismos de la amargura
Por Rubén Machaen
“Riprosipe thamou hithithiwe” Libros de conocimiento | Galería ABRA
Este sábado 28 de febrero de 2026, a las 10:00 a.m., la galería ABRA inaugurará en el galpón 9 del Centro de Arte Los Galpones la exposición Riprosipe thamou hithithiwe (Libros de conocimiento), del artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe.
“Entre telas” y “Maestros” en la Galería Impulsarte
La muestra “Entre telas” es una propuesta que, bajo la curaduría de Alberto Asprino, pone el foco en la experimentación y el lenguaje de las nuevas generaciones de artistas venezolanos. “Maestros: una mirada al canon venezolano”, es una ambiciosa muestra que reúne a las figuras fundamentales que cimentaron la modernidad visual en el país
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Madrid Design y la Escuela Sur muestran su Mínimo Común
En el marco del Madrid Design Festival 2026, la exposición «Mínimo Común» habita la Sala Antonio Palacios del Círculo de Bellas Artes. Bajo la curaduría de Ana Fernando, artistas internacionales transforman el gesto y el hilo en estructuras de memoria y vanguardia.
“Mundos Paralelos” en la Galería de Arte GAAS
La exposición titulada “Mundos paralelos”, se encuentra en la Galería de Arte GAAS del Hotel Altamira Suites, con un conjunto de obras de los artistas Carlotta Cramer-Klett, Aura Reyes, Alberto Brandini, Rosanna Martínez y Patricia Rabbath, bajo la curaduría de Patricia Gascue, Maria Teresa Govea-Meoz y Marina Taylhardat.
Elisa Benedetti: el Ojo de la Microhistoria
El Miami Photographic Observatory (MPhO) anuncia la exhibición Elisa Benedetti: el ojo de la microhistoria, realizada con el apoyo de Arts Connection Foundation. Curada por Aluna Curatorial Collective, reúne una selección del trabajo documental que Elisa Benedetti (b. Venezuela, 1970) ha realizado a lo largo de seis años
30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita se despliegan en Madrid
El Museo La Neomudéjar de Madrid presenta 30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita, una exposición que recorre tres décadas de una de las colecciones privadas más significativas del arte político y socialmente comprometido en América Latina. La muestra ofrece una lectura crítica y profunda del contexto venezolano y latinoamericano, consolidándose como un punto de referencia para comprender las tensiones, memorias y resistencias que atraviesan la región.
De hartazgos sabemos todos | Manifiesto GenX
Lo confieso, lo digo sin miramientos, a mí no me hables de perdón, de conmiseración y de abrazos reconciliados, al menos no todavía. Por ahora las condiciones están dadas para el ajusticiamiento moral, el señalamiento ético, las redadas a los suburbios atrapando a colectivos y maleantes, sinónimos de la infamia, para el ejercicio férreo de la justicia erguida, objetiva y atenta a resarcir los derechos de las víctimas.
Lanzamiento del YLAI Changemakers Lab en Venezuela
El último evento realizado en Venezuela bajo la marca de Young Leaders of the Americas Initiative (YLAI) tuvo lugar en 2019, a través del “YLAI Reverse Exchange: Arkansas to Táchira Project”, una iniciativa impulsada por la organización social Táchira Project. Hoy, en 2026, el YLAI Changemakers Lab marca un nuevo hito y una oportunidad excepcional para que jóvenes venezolanos formen parte de una experiencia que no se repite todos los años.
En las primeras páginas del diario, escribió que su diagnóstico había llegado, al menos, dos años tarde. Y no parecía importarle. Tres hojas después, mencionó su padecimiento, mas no desde la reflexión paranoica o la siempre esperada autocondescendencia, sino preguntándose por qué solíamos usar la palabra dramedy, si en castellano teníamos la palabra tragicomedia. Entonces se cuestionó por qué había pensado aquello y concluyó que el asunto era que es mejor reír que llorar. Y por ahí se fue la pluma, preguntándose por qué lo suyo era PTSD en lugar de TEPT (escribió pitiesdí y te-e-pe-té).
—Ya ve, señora jueza, que en la clínica todo lo filmamos, y este episodio del que le hablo, incluso el momento en que lo escribió, está en nuestro canal privado de YouTube como estudio de caso. Aquí está —Mírelo —insistió la doctora enviada por la fiscalía, retrocediendo la grabación, apuntándole firmemente a la pantalla del televisor, mal puesto sobre un podio en medio de la sala—. Esto fue pocas horas después de su ingreso.
El saco rasgado y la camisa ensangrentada vestían al tipo, que, aunque de malo parecía no tener nada, todos los golpes que ahí le ven, se los dio él solito. Antes de ingresar a la clínica, ya había sido diagnosticado como potencial esquizoide y según el primer psiquiatra que lo atendió después de su arresto, este habría sido su primer episodio psicótico. Y vaya episodio: matar a su mujer y a sus dos hijas, y propinarse una paliza que lo dejó en terapia intensiva.
—Culpó a sus pesadillas y le pedimos describirlas. Así, logramos saber que todas transcurrían en Venezuela.
Su lenguaje evidenciaba que tenía un problema serio con la autoridad. No le gustaban nada los uniformes.
—¿Fue el señor Martín perseguido político en su país? —preguntó la jueza.
—Caracas, doctora, dice que no. Que está aquí por voluntad propia —contestó la abogada de la fiscalía.
—¿Y por qué usted me mira así cuando dice eso, como si yo estuviese esperando algo diferente? —replicó la psiquiatra venezolana, una güera recién graduada con marcado acento caraqueño—. Si estoy aquí es porque ustedes me trajeron, y creen que por ser paisana me puedo conectar mejor con él. ¿Para esto quedó mi gobierno? ¿Para traficarnos así? ¿Qué puedo tener en común con ese señor, más que la nacionalidad? —replicó muy rápido, sin tomar aire—. En fin… —soltó después de un largo suspiro—. Me imagino que lo que quieren saber es qué lectura hice de las pesadillas. Todas son en Venezuela, sí, pero no son episodios violentos. Al menos no hasta el final.
La doctora Padilla pareció ceder al interrogatorio y tomó un sorbo de agua.
—El señor Martín recorre las calles de Caracas desesperadamente y no encuentra a nadie en ellas. El hombre escribió que sabía que estaba soñando, pero no sabía cómo despertar, más que lanzándose de la azotea de un edificio muy alto. Su única certeza era que el golpe lo despertaría. Pero eso no es lo que me inquieta. Es cuando habla de esto, lo que más me sorprende: lo hace con adrenalina. Eufórico. Reviviendo cada instante de la fantasía en la que es el salto lo que las libera, tanto a ellas como a él.
La doctora enviada por la fiscalía interrumpió para agregar que los padres del señor Martín habían confirmado que llevaba varios días sin dormir. Que pasaba las noches en bata leyendo en la sala, vigilándoles el sueño a sus dos hijas. Luego se lamió las yemas del índice y el pulgar y pasó la página.
—La aerolínea en la que trabajaba habló maravillas de él como jefe administrativo del departamento de marketing, aunque esa semana, también, afirmaron haberlo visto cansado y nervioso. ¿No ven una posible relación entre el hecho de trabajar en una aerolínea y que haya lanzado a su esposa e hijas desde la azotea? —preguntó la abogada de la fiscalía, como si aquello fuese el giro necesario para cerrar el trato.
Todos los presentes en la sala se miraron incómodos. Incómodos en cuanto a que estaba bien que la idea fuese declarar loco al hombre y usarlo a placer, pero tampoco había que ser tan obvio. La jueza se aclaró la garganta y le hizo un gesto a la abogada de que ya estuvo con la especulación.
—No me gusta hacer esto, doctora… —aclaró la psiquiatra de la fiscalía mirando a la doctora Padilla—, no tengo nada en contra del paciente, al contrario. Es que creo que le va a interesar lo que queremos proponerle —insistió, mirando ahora a la jueza y al resto de los espectadores—. Es que aquí en México ahora sí que el tema de los feminicidios es un asunto de Seguridad Nacional, y el señor Martín no solo mató a su mujer y a sus hijas, sino que es venezolano. Nuestros gobiernos conversaron… —prosiguió sonriéndole con parsimonia a un puñado de conjurados en la esquina superior de la sala— y la eligieron a usted, para que trabaje con nosotras. Una doctora de cada país atendiendo, juntas, el primer caso de rehabilitación del proyecto que nuestros presidentes bautizaron como Nuevo Hombre Nuevo —soltó la psiquiatra chilanga muy segura de sí misma—. Sabemos que le pedimos un diagnóstico apresurado y sin condiciones claras. La prontitud responde, únicamente, a las ganas de rehabilitar al señor Martín con la ayuda de ambos de nuestros gobiernos.
—Ustedes, doctoras… —interrumpió la jueza mirándolas a ambas—, no se preocupen, que esta sería apenas la primera fase. El canal del Estado lo documentará todo. Comenzando por su contrato y el tratamiento de su diagnóstico. Ayudémonos, ándele. No entiendo por qué le da tantas vueltas. Esta reunión se supone que iba a ser más una formalidad que cualquier cosa. Firme aquí, doctora Padilla, de favor.
La versión de «2024» de Rubén Machaen del año 2019 obtuvo mención especial en el concurso «Latidos del exilio» organizado por la Fundación Arts Connection
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Artículos propios de The Wynwood Times









