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Género: Drama, Ficción, Realismo mágico, Thriller psicológico
Creado por: Damon Lindelof y Tom Perrotta
Temporadas: 3
Episodios: 28
Origen: Estados Unidos
Idiomas: Inglés
Locación: Nueva York, Texas y Victoria (Australia)
Lanzamiento: 29/06/2014
Último Episodio: 04/06/2017 
Hoy se puede ver por: HBO

«No sabes lo fuerte que eres
hasta que ser fuerte
es 
la única opción que tienes»

Bob Marley.

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Un día como cualquier otro, rutina, cotidianidad, trabajo, escuela, etcétera.

De pronto, sin ninguna razón o explicación posible, el 2% de la población mundial desaparece. Hombres, mujeres, adolescentes, niños, incluso embriones en gestación, simplemente se esfuman sin dejar el menor rastro.

Bajo esta premisa inicia una de las mejores series —no tengo reparos en decirlo— que he visto en mi vida. Por eso, en esta nueva entrega de Back to the Serie, les hablaré de ese universo duro, vulnerable, absurdo, doloroso y profundamente existencialista, como lo es The Leftovers.

 Lo primero que debo acotar es que el argumento de esta serie, centrado en la «Partida Súbita» del 2% de la población mundial, no se enfoca en el misterio del evento en sí, sino en las consecuencias psicológicas y sociales para los que se quedaron («los desechados»).

The Leftovers Season 1 | Opening Credits HBO

LA HISTORIA

Como la desaparición no sigue ningún patrón lógico (ni edad, ni religión, ni moralidad). Esto descalabra por completo la estructura del significado que las sociedades habían construido. Desaparece la certeza de que el mundo funciona bajo reglas racionales —o incluso religiosas— comprensibles, lo cual se traduce en un resquebrajamiento de la lógica y la fe por igual.

“La Partida” no es una muerte tradicional; no hay cuerpos ni un «por qué». Esto genera un duelo ambiguo, una forma de pérdida donde no hay cierre. Los que se quedaron no pueden seguir el proceso normal del luto, sintiéndose atrapados en una incertidumbre que con el paso del tiempo se siente perpetua, como una condena.

La desaparición desafía la creencia fundamental de que «solo desaparecemos cuando morimos», haciendo que el mundo se sienta radicalmente inseguro.

Esta situación conlleva inexorablemente a cuestionamientos sobre el sentido de la vida y los motivos para continuar. La pregunta «¿Por qué yo me quedé?» carcome la identidad individual. Los que se fueron comienzan a ser mitificados (¿Ascensión religiosa? ¿Abducción alienígena?), mientras que los que se quedan comienzan a padecer culpa, vergüenza, o un agobiante sentimiento de ser menos valiosos, de ser “los desechados”.

La falta de respuestas institucionales (gobierno, ciencia, religión) alienta el surgimiento de respuestas sociales extremas, tanto colectivas como individuales.

En la primera temporada de la serie, la historia se desarrolla en el ficticio pueblo de Mapleton (Nueva York). Allí descubrimos a los miembros del “Remanente Culpable” (con personajes como Patti o Meg). 

Una secta producto de la manifestación extrema de la negación y la obsesión de las personas por el trauma. Visten de blanco (lo que puede interpretarse como pureza, pero también como vacío), fuman constantemente como un modo de autodestrucción sobre una vida que ha perdido todo sentido y por ello también juran un voto de silencio, pues las palabras ya no pueden explicar ni consolar. Actúan como un recordatorio viviente del evento, impidiendo que la sociedad progrese o intente olvidar. Tienen como objetivo mantener el dolor y la culpa en la conciencia pública, reflejando el deseo irracional de no superar la pérdida como su forma de honrar a los desaparecidos.

Por otra parte, está la necesidad de hallar consuelo en la renovación de la fe o, incluso, en lo mágico. Ante el quiebre de la racionalidad, es lógico que resurja la necesidad de volver a creer en algo más trascendental y en ese sentido personajes como el “Santo” Wayne ofrecen una solución mágica (abrazos que quitan el dolor), mientras que el reverendo Matt Jamison intenta imponer un marco religioso tradicional, tratando de hallar pruebas de que “la partida” fue un evento divino para tratar de darle un aspecto moral y de enseñanza a la tragedia.

Ambos grupos representan la polarización de la sociedad entre los que buscan una explicación, así sea sobrenatural y los que se aferran a pruebas de fe, pero todos en pos de un deseo común: detener el sufrimiento.

Y finalmente tenemos las respuestas de tipo individual —mecanismos de defensa— que podemos centralizar en los protagonistas principales de la serie: Kevin Garvey, Nora Durst y Laurie Garvey.

Kevin es el jefe de policía de Mapleton (puesto que obtuvo luego que su padre, el anterior jefe, experimentara un brote psicótico que le apartó del cargo). Tiene dos hijos y su esposa lo abandonó, luego de “la partida”, para unirse a la secta del “Remanente Culpable”. Él lucha por ser el pilar del orden en un mundo sin reglas, lo que termina llevándolo a un colapso, a pesar de ser uno de los “afortunados” que no perdieron a miembros de su familia. Su mente se fractura y comienza a tener visiones similares a la que en su momento tuvo su padre.

Su disociación refleja la desconexión social general.

Nora, en cambio, perdió a toda su familia, su esposo y dos hijos desaparecieron de la mesa mientras ella les servía la comida.

Ella es la encarnación del “dolor racionalizado”. Tiene el trabajo de verificar los reclamos por pensión que le hacen al estado los familiares de los desaparecidos, y utiliza este empleo como un mecanismo de control obsesivo sobre el evento. Visualiza el dinero que recibe como una suerte de pago culposo por ser la única “desechada” de su familia.

Su deseo oculto por desaparecer y su escepticismo radical son su mecanismo de defensa para intentar dominar su vulnerabilidad.

En cuanto a Laurie, tenemos que su acto de abandonar a su familia y su profesión como terapeuta para unirse al “Remanente Culpable”, es una representación de la entrega a la desesperación colectiva. Ella decide renunciar a su vida individual, anular su anterior identidad como herramientas para intentar sanar su pérdida personal. Además, el hecho de silenciar su voz es una crítica a su profesión anterior: si la psicología no puede explicar lo inexplicable, ¿para qué hablar?

EL ARTE DE THE LEFTOVERS

The Leftovers no es solo una serie, es una experiencia sensorial y existencial. Es de esas obras donde la «realización artística» no es un accesorio, sino parte del lenguaje mismo.

Está basada en la novela homónima de Dan Perrotta.

Damon Lindelof, el mismo creador de Lost y más recientemente Watchmen, había sido 

admirador de las primeras novelas de Perrotta y conoció el libro por primera vez gracias a una crítica positiva de Stephen King en el The New York Times en agosto de 2011.

La serie va cambiando de piel en cada temporada, lo cual es una decisión artística arriesgada pero brillante.

La paleta de colores utilizada en la primera temporada es azul y gris. Ambientada en el pueblo de Mapleton, estos colores ayudan a generar un ambiente frío, sombrío y opresivo.

Para la segunda temporada, cuando la trama se muda a la ficticia comunidad de “Miracle” (Texas), la fotografía se vuelve un poco más cálida, vibrante y saturada, utilizando tonos tierra y colores brillantes para generar una sensación de esperanza falsa y cierto fanatismo religioso.

Ya para la tercera temporada los tonos ocres predominan creando atmósferas de vastedad y desolación. La historia ahora se desarrolla en Victoria (Australia) permitiendo una fotografía de cielos infinitos y paisajes desérticos, simbolizando el final del camino y la búsqueda de un cierre épico.

Luego tenemos la magistral musicalización a cargo de Max Richter. Es imposible hablar de la realización de The Leftovers sin mencionarlo. Su banda sonora es, probablemente, uno de los trabajos más influyentes de la televisión moderna.

Desde los créditos iniciales de la primera temporada con una pieza de piano y cuerdas minimalista y reiterativa, que evoca un bucle de tristeza del que es imposible escapar; hasta el cambio radical de las aperturas para las dos siguientes temporadas, donde se busca contrastar el drama con lo absurdo de la “nueva” cotidianidad.

De igual manera hay que destacar el uso de canciones populares cuyas letras aportan un subtexto a lo que ocurre en escena.

Pero también existe el silencio. Los realizadores saben hacer un uso sublime de este recurso, creando momentos incómodos que obligan al espectador a habitar el espacio junto al personaje.  

Pero, sin duda, la joya de la corona y lo que hace que todo lo anterior brille en su máxima expresión, es el gran trabajo actoral que realiza el elenco.

Justin Theroux (Mulholland Drive, Sicópata Americano, Beetlejuice 2) como Kevin Garvey, con su trabajo físico (a veces vulnerable, a veces violento) es el ancla de las secuencias más surrealistas y argumentalmente complejas, especialmente en el episodio «International Assassin» donde debe realizar una doble actuación.

Por su parte Carrie Coon (The Gilded Age, The White Lotus), nos brinda una master class de actuación, mostrándonos cómo sostener una máscara de estoicismo mientras el interior se desmorona.

Ellos están acompañados de un excelente elenco de grandes figuras donde todos brillan y se destacan. Entre otros quiero mencionar a Amy Brenneman, Chistopher Eccleston, Ann Dowd, Liv Tyler, Margaret Qualley, Regina King, Kevin Carroll, Jovan Adepo, Lindsay Duncan y Scott Glenn, entre otros.

En conclusión, The Leftovers es un estudio sobre cómo la mente y la sociedad gestionan la ausencia de lo coherente y del sentido común. Muestra que, cuando la verdad es inaccesible, el ser humano se aferra a cualquier narrativa que le ofrezca un alivio para su dolor, ya sea la fe ciega, la negación obsesiva, o la fantasía de la muerte y el renacimiento. El verdadero conflicto no es dónde fueron los desaparecidos, sino cómo los “desechados” van a continuar sus vidas.

No estamos ante una serie de fácil consumo, por el contrario, todo lo que ocurre en cada episodio, por incoherente o absurdo que pueda parecer, es una pieza indispensable para lograr armar el inmenso rompecabezas existencialista que oculta.

Por todo ello, The Leftovers es una producción indispensable para todo aquel que aprecie el arte hecho televisión. Quien no la haya visto aún, detenga su listado de “por ver” y empiece ya con ella. Y para quienes no la han visto completa esta es una gran oportunidad para… Back to the serie.

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Richard Rey - Columnista The Wynwood Times
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