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Si el poema atenta contra el odio y la muerte también atenta contra el amor y la vida. Provocan, como toda idea de dios, daños irreparables en sus víctimas. Esta afirmación –que puede sonar como pacotilla de laberinto porque el poema es un ser creado y creador a la vez y así se sabe desde el inicio de la historia literaria– se nutre de experiencias reales, de percepciones que en algún punto de la historia han roto –solo para mí pues esta necesidad del poema que siento cada día es íntima– las conexiones más básicas con la realidad. Y el poeta tiende irrevocablemente a buscar su ensordecimiento. 

El poema, en gran medida, se manifiesta como una forma de rebeldía. Interponemos un muro de palabras ante la vida entera, deteniendo su paso ante nosotros, malogrando la línea inmensamente frágil que nos separa del reino animal. La rebeldía ante la vida y su aburrimiento impone, entonces, el poema como ciclo escapatorio. ¿A quién se le ocurriría que para ser feliz hay que abandonarlo todo por un puñado de palabras juntas e inexpugnables? La rebeldía del poema empieza con un pie en la nada y el otro en el vacío. 

Una tarde profundamente criolla en Madrid

Una tarde profundamente criolla en Madrid

Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico

En primera instancia, nos han enseñado a vivir en el mundo de lo binario. Esta consciencia está tan arraigada en nosotros que para cada percepción buscamos una exterioridad contraria. Y su interioridad del extremo distinto también: bien y mal, avaricia y generosidad, pereza y diligencia. Nos dijeron que el día es el día y que la noche es la noche, pero nos hicieron olvidar, a patadas familiares, la existencia de los amaneceres, de los atardeceres, que son el rompimiento clave de lo dual, pues muestran rasgos de uno y otro fenómeno, mezclados, buscando uno el fin del contrario, luchando sus colores hasta que solo uno gana terreno, el que está más cerca de la tierra, al que le toca aparecer por destino, el fenómeno que decide y recuerda que hay una ley que impide que después de la noche venga la noche. En esta realidad dualizada –que es innegable– aparece el poema, atenta contra la ley de la vida, si el poeta, puro mecanismo y esclavo de las palabras, permite la interferencia, y toma los rasgos definitorios del mundo dual, los destruye verdaderamente, y reluce la metáfora caminante diciendo que después de la noche vendrá siempre la noche y que el día no volverá a cruzar hacia la coraza de este mundo. 

La capacidad del poema para destruirlo todo no solo se manifiesta en su propia textualidad, sino en la forma y fondo de su esclavo, el poeta que pierde sus pocos años de vida buscándolo cuando las grandes obras literarias ya han sido labradas. Como una adicción, adolece, obsesiona, rompe el raciocinio, la autoestima, la capacidad de sentir otras realidades, afecta profundamente la vida de quien le oye, acaba las relaciones humanas y familiares hasta que no queda otro mundo más que el del poema mismo, no nos deja amarnos a nosotros mismos ni a otros, abarcándolo todo, en cada rincón aparecido, en cada conversación imaginada. Reitero: ¿somos más felices sin el poema a cuestas, pesado, rencoroso, universal, o su poder es tan magnífico que aceptamos las consecuencias solo por el instante del verso? 

Como las drogas, el poema atraviesa el poco espíritu que nos queda después de trabajar ocho horas seguidas, nos quita horas de sueño y de descanso y se interpone él, para que lo mimen y lo escuchen, obsesivo como nada, mientras que a nosotros no nos es permitido escuchar otra cosa que su designio. El poema, gran enemigo, contradicción que busca ser nuestro único y mejor amigo, para siempre, renueva sus tentáculos en cada verso, eclosiona nuevas formas hasta que no podamos parar de transformarlo. No importa si el poema atenta contra el amor y la vida porque también atenta contra el odio y la muerte. Y en esa contradicción, que amamos en la búsqueda de la perfección y el entendimiento, reluce la verdad de la sombra poética: la creación literaria es un acto heroico, una alta forma del sacrificio. 

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an Queretz | The Wynwood Times
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Escritor y poeta venezolano.

Columnista en The Wynwood Times:
Literatura viva