
Turismo espacial
El viaje espacial ya no es reservado para prominentes científicos de las empresas gubernamentales como la NASA en Estados Unidos, o su equivalente rusa: ROSCOMOS. En la última década algunas empresas privadas han incorporado a sus sistemas de negocios actividades que involucran la exploración del espacio.
El arte como resistencia y refugio: tres décadas en el universo de Andreina Fuentes Angarita
Con casi tres décadas de trayectoria entre Caracas y Miami, Andreina Fuentes Angarita concibe el arte como un espacio de resistencia, testimonio y salvaguarda. Como líder de Arts Connection Foundation y creadora multidisciplinaria, su labor transforma el coleccionismo en un archivo vivo que acompaña al artista y resguarda la memoria cultural latinoamericana.
La ataraxia en tiempos de hiperconectividad | Manifiesto GenX
Ay, qué ganas de estar en calma, tranquilidad, impavidez total. No presenciar líos ajenos y que nada nos perturbara los intestinos. Dejar pasar, por ejemplo, la fulana fecha del 1 de agosto como quien ve una crecida de río y sabe que solo tiene que esperar que el sol y la tierra hagan su parte…. nos comenta Florángel Quintana
Sylvia Plath: Unas reflexiones sobre el dolor y la búsqueda de la identidad
Sylvia era incapaz de estar sola, de permanecer en silencio y ella misma lo admite “Me aturde la posibilidad de no decir una sola cosa por demasiado tiempo. El mundo deja de existir sino no lo describo, desmenuzo, elaboro a través de todo lo que las palabras pueden brindarme” le insistió a su madre dos días después.
Vicente Ulive-Schnell y su novela “Coco Express”
Vicente Ulive-Schnell es un escritor y artista venezolano que reside en París desde el año 2001. Llegó a Francia para cursar estudios superiores y terminó con un doctorado en filosofía del lenguaje en el 2007. Lleva cinco novelas publicadas entre Venezuela, España y Francia; Perico exprés (título en francés, Coco Express) es su trabajo más reciente.
VOLVER … | (Disertación desesperada para la Venezuela que empieza)
Hoy, Venezuela camina sobre una geografía fracturada por los recientes terremotos. La tierra tembló para recordarnos, con la violencia de un eco subterráneo, que nada de lo que creíamos sólido era inmune al colapso. Ante las fachadas caídas, los ascensores clausurados y las calles agrietadas … nos comenta Richard Rey
Exponen por primera vez un penetrable del maestro Jesús Soto en el Serpentine de Londres
Serpentine Galleries inaugura en Londres «Art in the Park» con la exhibición al aire libre del Pénétrable BBL Jaune de Jesús Rafael Soto. La escultura interactiva, patrocinada por Britannia Financial Group y con dirección cultural de Melanie de Herrera Velutini, estará expuesta hasta el 25 de octubre.
Metáfora de un país | El pabellón criollo hecho ruina
El Pabellón de Venezuela en la Bienal de Venecia 2026 está cerrado al público ante el riesgo inminente de un colapso estructural. Esta crítica situación impide que la histórica joya arquitectónica diseñada por Carlo Scarpa en los Giardini pueda albergar con normalidad su representación en la 61ª Exposición Internacional de Arte, In Minor Keys.

Richard Branson - Foto AFP
Tal es el caso de las empresas SpaceX, encabezada por el excéntrico Elon Musk; Blue Origin capitaneada por el magnate Jeff Bezos (Amazon); Virgin Galactic piloteada por un carismático Richard Branson y la española Zero 2 Infinity, una de las propuestas más recientes, fundada por el ingeniero aeroespacial José López Urdiales, por citar algunas.
Si bien la multimillonaria batalla por capitalizar los viajes espaciales hace pellizcarnos dos veces ante lo que parece un sueño surreal, es necesario preguntarnos ¿Cuánto le costará a la humanidad cumplir con el sueño de hacer turismo espacial?
Pertenecer a este selecto grupo y así cumplir con la quimera fantástica de llegar a ver las fronteras espaciales de la Tierra con nuestros propios ojos tiene un costo, en promedio, de 100 mil y 55 millones de dólares americanos. Pero hay otros costos–por así decirlo–que deberán ser pagados por todos aquellos que aborden o no la ruta del turismo espacial y es “el costo de la huella ecológica”.
Y es que “democratizar el espacio”, una frase que hoy día se repite como maniobra de marketing y apunta a la nueva era de la “sensibilidad social”, tiene un costo ecológico altísimo. Mientras, por un lado,las campañas mundiales por la disminución del uso de medios tradicionales de transportes llevan a cuestas la asignatura pendiente de la reducción del consumo de energía fósiles. Por otro lado, el turismo espacial llega como un monstruo de siete cabezas que aún permanece agazapado entre la fronda.
La bendita huella del carbono
Así como es joven el turismo espacial, los estudios sobre el impacto ambiental de esta actividad son insuficientes. En una entrevista realizada por el portal Infobae a Eloise Marais, profesora asociada de geografía física en el University College London, describe que “dependiendo de dónde se liberen en altitud, esos óxidos de nitrógenos liberados en los viajes espaciales podrían desestabilizar nuestra capa de ozono produciendo su agotamiento”.
Y evitando caer en la demagogia ambientalista con una retórica desgastada, el cambio ambiental producido por la liberación de gases contaminantes es un hecho fáctico. Así que, definitivamente, la bendita huella de carbono nos puede aguar la fiesta espacial en la que algunos serán invitados, pero en la que todos tendremos que padecer la resaca.

Elon Musk - Foto Reuters
Turismo de Lujo con CO2
Space X ha realizado más de 100 lanzamientos de cohetes con éxito, logrando que la red de internet StarLink tenga más de 1000 satélites en órbita. Esto ha convertido a Elon Musk, propietario de esta corporación, en uno de los principales proveedores de la NASA, transformando a Cabo Cañaveral en su casa.
Aun así, colocar un satélite en órbita es muy diferente a enviar turistas al espacio. Mientras lo primero nos beneficia a todos, lo último –por lo pronto–es para unos pocos.

Jeff Bezos - Foto Blue Origin
Y esto no se trata de satanizar el viaje espacial estigmatizándolo con el sello del “acabose ambiental”, ni mucho menos. Lo que se trata es que la utópica masificación y consolidación de los viajes turísticos espaciales pudiera significar un dolor de cabeza a costa del progreso. Nada nuevo en la neoclásica llamada Revolución Industrial a mediados del siglo XX y la Revolución Tecnológica, que aún sigue expandiéndose.
La carrera espacial de la nueva era no supone tropezar con la misma piedra de un pasado ventilado por humos tóxicos y desechos que desde ya hace un tiempo invaden el espacio como basura espacial. Es necesario que este desarrollo tecnológico sea esperanzador y así, al menos, ser coherentes y respetuosos con aquellos que nos quedemos a observar los despegues de cohetes desde la Tierra sin nada más que asombro y orgullo por lo que los humanos somos capaces de realizar hoy, mientras imaginamos lo que podríamos ser mañana.
Es desde el poder de los poderosos donde emergen los cambios verdaderos y sustentables. Pero siempre bajo la observación racional de todos los que los orbitan, indiferentemente del estatus social. Pues, como diría el entrañable “Tío Ben” pariente de Peter Parker (Spider-Man®): “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
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La inteligencia artificial ha definido nuestro patrón de consumo, transformándolo en un algoritmo de venta que nos bombardea constantemente.
Escritor, lector y aficionado al cine y la fotografía.
| Columna: Entre líneas en The Wynwood Times









