
He visitado Berlín este verano. Me he encontrado con una ciudad vibrante, cosmopolita, donde el arte y la cultura se desbordan. Imposible visitar en pocos días todos los museos y sitios históricos que caracterizan a esta ciudad que fue fundada hace casi mil años. Es interesante encontrarse con la diversidad que la caracteriza. Allí confluyen gentes de los más diversos orígenes, uno se encuentra con muchos acentos y muchas lenguas moviéndose entre los vagones de los trenes o en las calles del centro de la ciudad, junto con un sin número de opciones gastronómicas, cines, teatros, parques o conciertos públicos al amparo de las Puertas de Brandemburgo. Nos quedamos en un pequeño hotel muy cerca del llamado “East Side Galery”, allí puede apreciarse la parte mejor conservada del Muro de Berlín. Esa inmensa pared de concreto que dividió en dos la ciudad y que encerró al Berlín Occidental en el corazón de la República Democrática Alemana bajo el influjo soviético. Se trata de una representación precisa de la llamada Cortina de Hierro que sirve para caracterizar aquella terrible confrontación ideológica que partió al mundo en dos durante la Guerra fría. Es cierto que en su mayor extensión el muro fue derrumbado literalmente a martillazos por una población cansada de las restricciones autoritarias del Socialismo Real. En este sitio, sin embargo, el muro está intacto.
Festival +LATINA transforma CUPRA City Garage a través del videoarte de Johana Luna y Ricardo Arispe
Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.
Una tarde profundamente criolla en Madrid
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Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”
Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»
Érase una vez un viaje | Otra mirada
Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.
Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites
La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX
Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado
Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana
Finjamos demencia | Manifiesto GenX
Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana
Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna
Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico
Cuarta Edición del Festival Internacional “ENTRELIBROS”
Organizado por IMAGO POR LAS ARTES, el encuentro propone acercar a niños y familias a la literatura en nuestro idioma y crear un espacio de intercambio entre lectores, profesionales y quienes hacen los libros
Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez
La escritora Indira Páez publica su poemario Animal de mudanza (MEL Projects Publishing), una exploración frontal del exilio y la memoria. El libro, analizado críticamente por Alberto Márquez como un testimonio de resistencia y avería doméstica, celebra su presentación en Miami con un recital solidario destinado a la reconstrucción de escuelas de Fe y Alegría en Venezuela.
Ante la mirada ingenua de algunos, debemos recordar que la memoria siempre es corta, se trata simplemente de una larga pared intervenida con coloridos dibujos y representaciones diversas. Muchas de ellas hablan de la esperanza, de la paz, de la humanidad posible, otras se nos presentan como acertijos indescifrables y algunas otras muestran los rostros de los actores de aquellos lejanos principios de los 90s del siglo pasado, cuando aquella trampa mortal, llena de militares y armamento pesado se derrumbó ante el empuje de un pueblo que estaba harto y que aspiraba a la libertad.
Me impresiona la manera como intentamos humanizar las cosas más horribles. Los múltiples colores del muro son fotografiados por los turistas, me incluyo, quizás sin que hallamos reflexionado suficientemente en toda la sangre que corrió bajo las metralletas, sin pensar en el miedo representado en aquella estructura terrible que, aunque parece pertenecer a la ficción es una clara representación de las miserias de las que somos capaces cuando dejamos que las ideologías prevalezcan sobre el sentido más propio de lo humano.
Hay una genial película alemana de 2018 que narra la historia de una familia que intenta escapar a occidente junto a unos pocos amigos. Se trata de “Die Ballon” de Michael Herbig. La historia se desarrolla alrededor de la construcción de un globo aerostático, mediante el cual los protagonistas intentan sobrevolar la línea divisoria entre el este y el oeste. Se trata, claro, de un sobrevuelo que transciende la geografía y que se refiere realmente al tránsito entre una construcción ideológica y otra. Se trata de la idea de dejarlo todo atrás con la finalidad de vivir una vida mejor, de construirse individualmente en tanto que sujeto y no como un militante de una ideología convertida en una fe que se supone incuestionable. Uno puede observar el complejo y riesgoso proceso de buscar los materiales para la construcción del “objeto salvador”, la exploración del sitio ideal para el lanzamiento, la manera como se intenta despistar a los vecinos espías y toda la angustia asociada al proceso kafkiano que los protagonistas de esta historia verídica vivieron.
Uno puede encontrar rastros del muro a lo largo de la ciudad, a veces se nos presenta de manera evidente bajo los carteles públicos, otras su presencia se muestra sutil o disimulada como una vieja herida que ha dejado su cicatriz en nosotros. A veces se trata de una horrible pared cerca del Punto de Control Charlie en la Friedrichstraße, se trata de la verdadera “puerta de la ciudad” en aquellos años que van desde 1961 hasta 1990, la misma que permitía el tránsito controlado entre la división soviética y la estadounidense de la ciudad. El sitio es bien conocido como el lugar de la muerte de Peter Fechter, un obrero de Alemania oriental que intentó escapar y que fue tiroteado hasta morir por las fuerzas de la RDA. Otras veces se trata simplemente de un rastro de ladrillos desnudos a lo largo de alguna calle de la ciudad, uno pregunta y se entera que allí precisamente había estado ubicado el muro.
No puedo dejar de preguntarme qué lleva a la gente a construir un odio semejante. Una sociedad que se separa, cuyas familias se dividen entre un lado y otro de la línea de fuego, que terminan dándose la espalda. Claro que el caso alemán no es único. Una muestra contemporánea está establecida en el paralelo 38 que divide a Corea del Norte de la del Sur. Allí de nuevo podemos ver los estragos de la guerra que implican la despersonificación del enemigo, su transformación en un sujeto “protohumano” que se intenta eliminar por todos los medios posibles. Esa división que no permite la conversación o la búsqueda de acuerdos, que lleva a algunos a pedir fusilamientos masivos, que nos divide, que nos separa.
El odio es quizás el peor enemigo de la civilización. La vida en sociedad requiere de unos equilibrios complejos. Siempre vamos a encontrarnos con profundas diferencias y con recursos escasos. Al menos desde los griegos hemos estado a la búsqueda de mecanismos que nos permitan convivir. La Paz Perpetua que anhelaba Kant, es mucho más que una aspiración ingenua. Es una necesidad imperiosa en un mundo que se encuentra al borde del desastre. A fin de cuentas, cuando uno piensa en el daño ecológico o en el impacto que el COVID ha tenido sobre nuestras vidas, no tiene más remedio que valorar la posibilidad de soluciones que permitan organizar un esfuerzo común en favor de la humanidad entera, la paz se presenta como un bien imprescindible. El gesto de darnos las manos, decía Ortega y Gasset, es mucho más que un simple saludo es, en realidad, una muestra de nuestra voluntad de no hacernos daño de presentarnos ante el otro con las manos vacías, sin armas, es una manifestación de nuestra voluntad de convivir.
Reflexiono sobre esto en medio de la absurda polémica que hemos vivido en medio de los resultados olímpicos que nuestros atletas han obtenido en las recientes olimpiadas. Es absurdo la manera como se discute la apropiación de los éxitos deportivos para uno u otro bando cuando en realidad, uno entiende, el hecho debe ser leído como un logro colectivo que va más allá de nuestras preferencias políticas o construcción ideológica. Los pueblos en algún punto deben decidir no “entre-devorarse”. Las guerras siempre inician por el odio irracional, por la imposibilidad del encuentro colectivo. Decía Rawls que uno debía ser tolerante incluso con los intolerantes. Yo creo que es posible pensarnos desde lo político y no desde el odio. Los culpables tendrán que pagar sus cuentas en algún momento, pero siempre es importante pensar en las posibilidades del encuentro. Creo que Mandela es, en tal sentido, una figura imprescindible.
Uno tendría que preguntarse si él, que tenía razones para hacerlo, hubiera jugado a la revancha, a hacer “caída y mesa limpia”. ¿Cuáles hubieran sido las consecuencias de cobrárselas sin “mirar para atrás”? Acá no hablamos de doblegarse ante el poder, o de olvidar las afrentas, se trata de ser racional y recordar que construirnos en tanto que ciudadanos es muchas veces costoso desde una perspectiva moral, que a veces haz que tragar grueso para evitar heridas profundas difíciles de resolver o guerras que al final nadie quería tener que vivir.
Los muros físicos están allí, son tangibles, se yerguen sobre la sociedad llenándola de miedo, los intangibles son mucho más peligrosos porque tienden a tomarnos desprevenidos.
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Doctor en Ciencias Políticas y escritor.
Columnista en The Wynwood Times:
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