
Festival +LATINA transforma CUPRA City Garage a través del videoarte de Johana Luna y Ricardo Arispe
Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.
Una tarde profundamente criolla en Madrid
Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.
Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”
Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»
Érase una vez un viaje | Otra mirada
Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.
Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites
La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX
Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado
Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana
Finjamos demencia | Manifiesto GenX
Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana
Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna
Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico
Cuarta Edición del Festival Internacional “ENTRELIBROS”
Organizado por IMAGO POR LAS ARTES, el encuentro propone acercar a niños y familias a la literatura en nuestro idioma y crear un espacio de intercambio entre lectores, profesionales y quienes hacen los libros
Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez
La escritora Indira Páez publica su poemario Animal de mudanza (MEL Projects Publishing), una exploración frontal del exilio y la memoria. El libro, analizado críticamente por Alberto Márquez como un testimonio de resistencia y avería doméstica, celebra su presentación en Miami con un recital solidario destinado a la reconstrucción de escuelas de Fe y Alegría en Venezuela.
MONSTER: La Historia de Lizzie Borden | Series Sobre 9
Se trata de Lizzie Borden, una joven de familia adinerada quien se volvió la principal sospechosa en el doble asesinato de su padre Andrew Borden y de su madrastra Abby Borden, hecho ocurrido en su propia casa el 4 de agosto de 1892. Sin embargo, posterior al sonado juicio que se llevó a cabo, Lizzie quedó absuelta.
Una familia se muda a una casa que está a treinta metros de una vieja hacienda cafetera, en una ciudad que apenas empieza a crecer. Desde allí y una tarde cualquiera, desde el futuro en que Juan ya es un hombre mayor de cincuenta años, rememora el pasado junto a su madre. Llegaron allí cuando él tenía ocho años y la vida se les fue en un santiamén. En Vamos, venimos de Victoria de Stefano, las remembranzas son los hilos conductores de esta obra narrativa capaz de bifurcarse en una multiplicidad de historias y personajes que, unos más y otros menos, marcan un continuum ambiente de nostalgia, aunque sosegada por la aparente satisfacción de haber llevado una vida relativamente plena. La voz de Juan se camufla con la voz de su madre y viceversa. Se difuminan para contar y contarse mutuamente y es desde “el banco adosado a la pared del porche abalconado” donde se narran los hechos, el lugar perfecto para observarlo todo, tanto la calle que se divisa por completo desde allí, ahora muy distinta a la calle de cuando fue niño, como a los vecinos que, temerosos de los peligros propios de la ciudad y la noche, llegan a sus casas-refugios “con la ilusión de compartir con los suyos”. Él y su madre son unos perfectos voyeristas de la cotidianidad y del pasado.
Vamos, venimos, está estructurada en ocho capítulos con cierta simetría entre unos y otros en cuanto al número de páginas, a excepción del último capítulo de casi cien páginas hasta llegar a un final hermosísimo que es capaz de hacer vibrar las fibras emocionales dormidas que pudieran haber entre madre e hijo. Quizás la intención de la autora, con esa maravillosa docencia que le brotaba al hablar y que de hecho ejerció buena parte de su vida, fue preparar al lector para que se adentrara poco a poco en ese abanico de historias que presenta, hasta llegar a esos largos párrafos en los que cualquier descuido o falta de concentración implicaría volver la lectura atrás para retomar el hilo. Este libro caleidoscópico es capaz de incorporar hechos y personajes históricos con tal sutileza que en ningún momento desentonan con el eje principal. Por el contrario, aviva la riqueza de un texto que, así como permite la fugaz aparición de Odiseo, Moisés, Marco Polo o Cristóbal Colón, también hace lo propio con Whitman, Pérez Bonalde o Hannah Arendt, todos como una gran reconstrucción de la memoria de la humanidad condensada en las trescientas páginas del libro.
Vamos, venimos es una novela profundamente contemplativa. Leerla, no sólo implica entregarse al recogimiento natural que, en su obviedad, requiere todo acto lector, sino también, pide a gritos seguirle el juego a los dos personajes principales, Juan y su mamá, para ir deshilvanando las historias de los otros, de los viejos de la familia, de los amigos y de los vecinos. Con estas tres grandes categorías de personajes es más que suficiente para abarrotar un retablo de nombres que pareciera no acabar nunca. Entonces allí, en el escudriñar del pasado ajeno, asistimos a las cuitas de unos y otros; al amor y al desamor que difícilmente falte en toda buena novela. Juan coloca la primera piedra sobre este tema, pues llega de nuevo a su casa familiar después del divorcio, donde “la desidia en que estaba empantanado”, como dice el personaje, consiguió un remanso de tranquilidad por la acogida de su madre, marcando ciertas limitaciones entre ambos para que aquella reunificación no termine mal: “De no ser por ella no sé cómo habría podido mantenerme boyando y dar las brazadas que me salvarían de zozobrar en aguas turbulentas”.
La prosa de VDS es la de quien conoce a profundidad el lenguaje. Ninguna palabra sobra y, de faltar alguna —cosa que dudo—, no somos quienes para pretender añadir algún ripio innecesario. En ese juego más que probado de virtuosismo en sus letras, en Vamos, venimos, nos conseguimos también con un guiño metatextual —así quiero creerlo— en el cuaderno de anotaciones de la mamá de Juan (también conocida como La Ostra), quien escribía poesía y cartas por afición y sobre todo, “como una forma de duelo”, señala. Cabe hacerse la pregunta de si esas anotaciones de La Ostra son de la propia Victoria de Stefano; libreta de notas que deja en evidencia la vasta cultura de ambas; libreta de notas como pinceladas del mundo conocido y un cable a tierra para seguir construyendo la obra que está en desarrollo; citas ajenas y reflexiones que permiten pasar de Odiseo a Joyce, de Pound a Don Juan y después a Oscar Milosz. Otras tantas que permiten degustar a Victor Hugo, Shakespeare, Beckett, Eliot y al mismo Chopin.

Juan reflexiona y revive sus años en Londres hasta su debacle marital, pero es la historia de su mamá y de su amiga Leticia cuando viajan a Italia y Francia, la que cobra una importancia absoluta hacia el final del texto, en ese último capítulo que, como señalé antes, es el más largo y lógicamente crucial, porque casi todo fue escrito a caballo, es decir, sobre la marcha. La Ostra escribió cada vivencia, cada circunstancia vivida en el viaje para no perder detalle y las reflexiones de lo vivido no se hacen esperar cuando Juan la interpela con asombro por algunos de los hechos narrados.
Mientras esto sucede, entran en acción un par de personajes que se roban toda la atención: Anatole, doctor en física y en matemáticas, que está al límite de su sanidad mental y Chantal, su pareja y acicate para que aquél no termine suicidándose. Cobran tanta vida hacia el final del texto que Juan y su madre parecen borrarse hasta reaparecer para un cierre muy sentido y hermoso.
Vamos, venimos, reafirma una estética única en la obra de Victoria de Stefano, que junto a Historias de la marcha a pie (finalista del Premio Rómulo Gallegos 1999) y Lluvia son mis favoritas. Vamos, venimos, deja muy en claro que las cosas de la vida van y vienen, que se puede estar arriba para después caer estrepitosamente o, el sueño común, estar en el foso y de la nada llegar a la cima. Todo narrado con la exacerbada belleza a la cual siempre me place volver y que sugiero leer a quien no lo haya hecho. Qué bueno que Victoria nos dejó esta última novela, porque “qué sería de nosotros si lo retuviéramos potencialmente todo, en qué insanas tierras movedizas nos hundiríamos si continuáramos enganchados al ámbito restrictivo de nuestros recuerdos…”
Fun Facts:
Me entristeció mucho la partida de Victoria de Stefano a otra dimensión en enero de este año 2023. Tenía muy pendiente leer su última novela Vamos, venimos que, para el momento en que la entrevistara por última vez en su casa y con varios cafés de por medio (año 2017), a propósito de sus Diarios 1988-1989 La insubordinación de los márgenes, aún estaba en progreso de escritura y no tenía nombre, o tenía un título posible que no llegó a ser: Excurso sobre la infelicidad.
Sin duda el editor y seguramente Victoria se decantaron por Vamos, venimos, aunque creo que pudo buscarse un mejor título. Pero como dije líneas atrás, no somos quienes para pretender añadir algún ripio innecesario.
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Licenciado en Letras y escritor.
Columnista en The Wynwood Times:
El ojo del vientre









