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Bret Easton Ellis y su reciente novela “Los Destrozos”

Bret Easton Ellis y su reciente novela “Los Destrozos”

El Bret que escribe desde sus cincuenta y seis años (digamos el real), es el Bret protagonista (el de la ficción) con apenas diecisiete años que, junto a sus amigos contemporáneos del Instituto Buckley, protagonizan Los destrozos.

Picturing Queerness in The Americas: Colección Fuentes Angarita en La Neomudéjar

Picturing Queerness in The Americas: Colección Fuentes Angarita en La Neomudéjar

El South Florida Latin American Photography Forum (SoFLaFoto) presenta su investigación sobre la Colección Fuentes Angarita en el Museo La Neomudéjar de Madrid. A través de la muestra «30 años de irreverencia y visión», la exposición traza una geografía en movimiento que aborda la memoria corporal, la identidad trans, el activismo y la diáspora latinoamericana a través de la fotografía, el videoarte y el performance

EUPHORIA (Temp. 3) | Series Sobre 9

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Luego de una interminable pausa de cuatro años, pudimos disfrutar de la tercera y última temporada de Euphoria, marcando el cierre de la visión nihilista y cruda de Sam Levinson sobre la juventud contemporánea.

Cine, reinas y realismo histórico

Cine, reinas y realismo histórico

El cine histórico no solo cuenta el pasado, sino que lo profundiza. Entre telas, acentos y detalles minúsculos, construye una sensación convincente que muchos confunden con verdad documentada. Durante los últimos días, la venidera adaptación de La Odisea (2026) a cargo de Christopher Nolan ha despertado el habitual debate sobre el realismo histórico en producciones de época

Exposición “Tramas sin frontera” | Espacio Arte al Cubo

Exposición “Tramas sin frontera” | Espacio Arte al Cubo

Inaugurada en la sala anexo VIP de Espacio Arte al Cubo, en alianza con Henrique Faria New York, la exposición “Tramas sin frontera”, una muestra que reúne una serie de objetos, piezas de mobiliario y obras textiles desarrolladas por el arquitecto y diseñador Ricardo Corredor en colaboración con comunidades de artesanos de Colombia y Venezuela, para MONGUÍ Handcraft

Ninoska Camacaro, Iván Cardozo y Andrés Roig | Cultura en el CVA

Ninoska Camacaro, Iván Cardozo y Andrés Roig | Cultura en el CVA

El jueves 11 de junio de 2026, a las 5:00 p.m., continuará el Ciclo de Tríos Musicales en la Sala Margot Boulton de Bottome del CVA Las Mercedes, con un concierto a cargo de la soprano Ninoska Camacaro, el tenor Iván Cardozo y el pianista Andrés Roig, en el marco de la programación cultural que desarrolla el Centro Venezolano Americano para celebrar su 85 aniversario.

La epifanía de las tajadas fritas | Manifiesto GenX

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Ay, soñar con los ojos abiertos y tener esas epifanías breves y sustanciosas que aparecen para hacerte sonreír justo antes de que se hagan carbón las tajadas del almuerzo.… nos comenta Florángel Quintana

Patricia Calero en el marco del Miami Fiber Triennial 2026

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El jueves 11 de junio de 2026 a las 6:00 p.m., será inaugurada en los espacios del Miami International Fine Arts (MIFA) la exposición Movement in Suspended Time, de la artista venezolana Patricia Calero, bajo la curaduría de Katherine Chacón, en el marco de la Miami Fiber Triennial (MFT)

En  Miami: mapa cultural (y pop) | Pedro Medina León

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En Miami: mapa cultural (y pop), el escritor peruano Pedro Medina León propone una mirada distinta: un recorrido por las historias, personajes y episodios que revelan las múltiples capas de una ciudad imposible de reducir a un solo relato.

Entretierras Editorial presenta la antología “Madrigueras”

Entretierras Editorial presenta la antología “Madrigueras”

Entretierras Editorial se complace en anunciar el lanzamiento de su primer proyecto: Madrigueras: Una antología de Imaginación. Esta obra reúne a doce voces emergentes de la narrativa contemporánea venezolana para explorar la fantasía, el habla mítica y lo fantástico desde una perspectiva profunda, estética y universal.

Una familia se muda a una casa que está a treinta metros de una vieja hacienda cafetera, en una ciudad que apenas empieza a crecer. Desde allí y una tarde cualquiera, desde el futuro en que Juan ya es un hombre mayor de cincuenta años, rememora el pasado junto a su madre. Llegaron allí cuando él tenía ocho años y la vida se les fue en un santiamén. En Vamos, venimos de Victoria de Stefano, las remembranzas son los hilos conductores de esta obra narrativa capaz de bifurcarse en una multiplicidad de historias y personajes que, unos más y otros menos,  marcan un continuum ambiente de nostalgia, aunque sosegada por la aparente satisfacción de haber llevado una vida relativamente plena. La voz de Juan se camufla con la voz de su madre y viceversa. Se difuminan para contar y contarse mutuamente y es desde “el banco adosado a la pared del porche abalconado” donde se narran los hechos, el lugar perfecto para observarlo todo, tanto la calle que se divisa por completo desde allí, ahora muy distinta a la calle de cuando fue niño, como a los vecinos que, temerosos de los peligros propios de la ciudad y la noche, llegan a sus casas-refugios “con la ilusión de compartir con los suyos”. Él y su madre son unos perfectos voyeristas de la cotidianidad y del pasado.  

Vamos, venimos, está estructurada en ocho capítulos con cierta simetría entre unos y otros en cuanto al número de páginas, a excepción del último capítulo de casi cien páginas hasta llegar a un final hermosísimo que es capaz de hacer vibrar las fibras emocionales dormidas que pudieran haber entre madre e hijo. Quizás la intención de la autora, con esa maravillosa docencia que le brotaba al hablar y que de hecho ejerció buena parte de su vida, fue preparar al lector para que se adentrara poco a poco en ese abanico de historias que presenta,  hasta llegar a esos largos párrafos en los que cualquier descuido o falta de concentración implicaría volver la lectura atrás para retomar el hilo. Este libro caleidoscópico es capaz de incorporar hechos y personajes históricos con tal sutileza que en ningún momento desentonan con el eje principal. Por el contrario, aviva la riqueza de un texto que, así como permite la fugaz aparición de Odiseo, Moisés, Marco Polo o Cristóbal Colón, también hace lo propio con Whitman, Pérez Bonalde o Hannah Arendt, todos como una gran reconstrucción de la memoria de la humanidad condensada en las trescientas páginas del libro.   

Vamos, venimos es una novela profundamente contemplativa. Leerla, no sólo implica entregarse al recogimiento natural que, en su obviedad, requiere todo acto lector, sino también, pide a gritos seguirle el juego a los dos personajes principales, Juan y su mamá, para ir deshilvanando las historias de los otros, de los viejos de la familia, de los amigos y de los vecinos. Con estas tres grandes categorías de personajes es más que suficiente para abarrotar un retablo de nombres que pareciera no acabar nunca. Entonces allí, en el escudriñar del pasado ajeno, asistimos a las cuitas de unos y otros; al amor y al desamor que difícilmente falte en toda buena novela. Juan coloca la primera piedra sobre este tema, pues llega de nuevo a su casa familiar después del divorcio, donde “la desidia en que estaba empantanado”, como dice el personaje, consiguió un remanso de tranquilidad por la acogida de su madre, marcando ciertas limitaciones entre ambos para que aquella reunificación no termine mal: “De no ser por ella no sé cómo habría podido mantenerme boyando y dar las brazadas que me salvarían de zozobrar en aguas turbulentas”. 

La prosa de VDS es la de quien conoce a profundidad el lenguaje. Ninguna palabra sobra y, de faltar alguna —cosa que dudo—, no somos quienes para pretender añadir algún ripio innecesario. En ese juego más que probado de virtuosismo en sus letras, en Vamos, venimos, nos conseguimos también con un guiño metatextual —así quiero creerlo— en el cuaderno de anotaciones de la mamá de Juan (también conocida como La Ostra), quien escribía poesía y cartas por afición y sobre todo, “como una forma de duelo”, señala. Cabe hacerse la pregunta de si esas anotaciones de La Ostra son de la propia Victoria de Stefano; libreta de notas que deja en evidencia la vasta cultura de ambas; libreta de notas como pinceladas del mundo conocido y un cable a tierra para seguir construyendo la obra que está en desarrollo; citas ajenas y reflexiones que permiten pasar de Odiseo a Joyce, de Pound a Don Juan y después a Oscar Milosz. Otras tantas que permiten degustar a Victor Hugo, Shakespeare, Beckett, Eliot y al mismo Chopin. 

Juan reflexiona y revive sus años en Londres hasta su debacle marital, pero es la historia de su mamá y de su amiga Leticia cuando viajan a Italia y Francia, la que cobra una importancia absoluta hacia el final del texto, en ese último capítulo que, como señalé antes, es el más largo y lógicamente crucial, porque casi todo fue escrito a caballo, es decir, sobre la marcha. La Ostra escribió cada vivencia, cada circunstancia vivida en el viaje para no perder detalle y las reflexiones de lo vivido no se hacen esperar cuando Juan la interpela con asombro por algunos de los hechos narrados.

Mientras esto sucede, entran en acción un par de personajes que se roban toda la atención: Anatole, doctor en física y en matemáticas, que está al límite de su sanidad mental y Chantal, su pareja y acicate para que aquél no termine suicidándose. Cobran tanta vida hacia el final del texto que Juan y su madre parecen borrarse hasta reaparecer para un cierre muy sentido y hermoso. 

Vamos, venimos, reafirma una estética única en la obra de Victoria de Stefano, que junto a Historias de la marcha a pie (finalista del Premio Rómulo Gallegos 1999) y Lluvia son mis favoritas. Vamos, venimos, deja muy en claro que las cosas de la vida van y vienen, que se puede estar arriba para después caer estrepitosamente o, el sueño común, estar en el foso y de la nada llegar a la cima.  Todo narrado con la exacerbada belleza a la cual siempre me place volver y que sugiero leer a quien no lo haya hecho. Qué bueno que Victoria nos dejó esta última novela, porque “qué sería de nosotros si lo retuviéramos potencialmente todo, en qué insanas tierras movedizas nos hundiríamos si continuáramos enganchados al ámbito restrictivo de nuestros recuerdos…”

Fun Facts:

Me entristeció mucho la partida de Victoria de Stefano a otra dimensión en enero de este año 2023. Tenía muy pendiente leer su última novela Vamos, venimos que, para el momento en que la entrevistara por última vez en su casa y con varios cafés de por medio (año 2017), a propósito de sus Diarios 1988-1989 La insubordinación de los márgenes,  aún estaba en progreso de escritura y no tenía nombre, o tenía un título posible que no llegó a ser: Excurso sobre la infelicidad. 

Sin duda el editor y seguramente Victoria se decantaron por Vamos, venimos, aunque creo que pudo buscarse un mejor título. Pero como dije líneas atrás, no somos quienes para pretender añadir algún ripio innecesario.

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Jason Maldonado
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Licenciado en Letras y escritor.

Columnista en The Wynwood Times:
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