El movimiento MGTOW nace como una respuesta a la misandria, un extremo radical del feminismo. Esto, lejos de justificarlo, es un tema que debe analizarse a profundidad. Casos recientes donde hombres han sido juzgados por sospecha, solo por el hecho de ser hombres, pone sobre la palestra una realidad que marca los nuevos tiempos.

Hace días ocurrió un hecho curioso en la ciudad de Rosario (Argentina): una chica, de nombre Sofía Echazarreta, tomó un taxi para regresar a su casa después de una noche de rumba. Mientras estaba en el vehículo, el conductor recibió una serie de notas de voz que escuchó a alto volumen. En dichos audios, otro individuo (de voz más juvenil) hablaba sobre comidas, como pizzas o empanadas. La mujer, que escuchaba todo en el asiento trasero, recreó en su cabeza el escándalo del pizzagate y dedujo que la conversación entre el taxista y su interlocutor se trataba de una charla en códigos donde planeaban su secuestro.
Ella, aterrada, sacó de su bolso la plata de la carrera, se la lanzó al conductor por la ventanilla que divide los puestos traseros y los delanteros, y le gritó que se detuviera, que quería bajarse. El hombre, desorientado, se detuvo en el primer semáforo que encontró y dejó que la muchacha bajara del vehículo. Lo que nunca se imaginó él fue que al día siguiente recibiría una citación para declarar en fiscalía, pues ella lo había denunciado por intento de secuestro.
La historia real era que él hablaba con su hijo sobre lo que iban a cenar esa noche. Los audios son públicos y en ellos se puede escuchar claramente a dos personas hablando sobre comida, uno le dice: «mejor comemos empanadas» y el otro le responde, «no, mejor pizza o choripán», y así… No habría por qué sospechar que esa conversación de menos de dos minutos suponía un plan para secuestrar a alguien, pero pueden juzgar por ustedes mismos. Acá los audios:
La historia es alucinante, de verdad, pero más desconcierta pensar en los policías que tomaron la declaración absurda de la tal Sofía y determinaron que el taxista (persona sin antecedentes penales) debía ir a declarar y prestar su teléfono para una requisa, así sin más, sin que la muchacha tuviera más pruebas que una fantasiosa teoría alimentada por la paranoia que las jerarcas feministas de su país le han metido en la cabeza.
Es impresionante el revuelo que la situación causó en los medios argentinos que, por supuesto, trataron de voltear la balanza en favor de la mujer (para ellos el hombre siempre es el principal sospechoso), y hasta se veían entrevistas a expertos que pedían entendimiento a la tal Sofía, que supuestamente hay miles de casos de secuestros de mujeres en taxis y es natural que, por eso, ella reaccionara así. Pero… ¿de verdad se justifica?
Éste no es el único caso por el estilo que ocurrió en semanas recientes. Quizás también hayan visto aquel video que se hizo viral en España donde una mujer peleaba con su pareja. En la toma (hecha por alguien desde una ventana contigua) se ve cómo ella comienza a darse golpes contra un poste de luz y a llamar a la policía cuando él no responde a sus exigencias. Lo hace porque sabe que la policía le creerá en primera instancia y probablemente detenga al hombre, haciéndolo pasar un mal rato.
Está también el reciente caso del actor estadounidense Johnny Depp a quien renunciaron de Warner por un supuesto caso de maltrato hacia su ex-mujer, Amber Heard, en que él ya había podido demostrar su inocencia. Y así muchos otras situaciones más donde claramente las autoridades encargadas de aplicar la ley no actúan de manera justa sino en claro perjuicio hacia los hombres.
Esto me recuerda a una entrevista que vi hace tiempo donde el abogado argentino Francisco Oneto explicaba que la única forma en que un hombre podría salvarse de ir a la cárcel por una acusación falsa de violencia machista era si él tenía una grabación lo suficientemente explícita que probara su inocencia, pues ahora a los jueces y policías sólo les basta con escuchar un relato para sentenciar. La entrevista es buenísima y recomiendo verla hasta el final.
Invertir la carga de la prueba, es decir, que los hombres sean los que tengan que demostrar que no maltrataron a una mujer y no asumir su inocencia hasta que la mujer demuestre lo contrario (uno de los principios más básicos del derecho universal), es lo que las feministas modernas han logrado con sus berrinches; han hecho que la ley deje de ser ciega y se quite la venda de los ojos para discriminarnos en función de nuestro sexo.
Para nadie es un secreto que si un hombre se divorcia de su esposa (por poner otro ejemplo), ella se quedará con la mitad de los bienes habidos durante el matrimonio, aún si no aportó proporcionalmente en la creación de dicha fortuna. Pasó recientemente en el divorcio del multimillonario estadounidense Jeff Bezos, creador de la empresa Amazon, cuyo divorcio fue el más caro de la historia: tuvo que darle a su ex-esposa el veinticinco por ciento de las acciones de la empresa, que ahora valen alrededor de sesenta billones de dólares americanos; es decir que ella se convirtió en la mujer más rica de Estados Unidos sólo porque se divorció, qué méritos, ¿no?
Y eso sin hablar del tema de los hijos y los juicios por patria potestad o custodia, donde las mujeres ganan en más de un noventa y cinco por ciento de los casos.
A partir de esta realidad ha surgido un movimiento curiosísimo llamado Men Go They Own Way, o mejor conocido por sus siglas, MGTOW. Está formado por hombres heterosexuales que han decidido voluntariamente dejar de tener relaciones y compromisos afectivos con mujeres por el riesgo que esto implica. Y es que si hoy en día una mujer se propone dejar en la ruina a un hombre, puede hacerlo sin mucho esfuerzo.
Es entendible entonces que haya hombres indispuestos a exponerse a tales situaciones, limitando el contacto con las mujeres a la mera cortesía, así eso implique vivir en un celibato prolongado o sempiterno, inclusive aunque implique hacer cosas extrañas como pedir a las mujeres con las que quieren acostarse firmar contratos en que se exprese la voluntad de ellas a tener sexo con ellos.
El movimiento es una respuesta radical y proporcionada a la misandria del feminismo que está de moda hoy. Los MGTOW, reaccionarios y misóginos, piensan que todas las mujeres son abusadoras potenciales, que está en su naturaleza, exactamente lo que piensan de los hombres las feministas sectarias.
Pero lo más interesante es que su misoginia deriva en un resentimiento más profundo, un recelo hacia las propias configuraciones de la naturaleza, donde los hombres y las mujeres se relacionan con fines reproductivos y sociales. En ese sentido, el fin último de un MGTOW es convertirse en ermitaño, asume que no debe dar aportes a la sociedad para no beneficiar de forma indirecta a las féminas.
Seguramente los que leen esto pensarán que los MGTOW son exóticos o pintorescos, ¿pero por qué no piensan igual del feminismo de tercera ola, que es exactamente lo mismo pero a la inversa? Pasa que aún hoy, mientras ya ni por asomo a una mujer se la tiene como la sumisa y paridora de la horda, todo lo referente al hombre sí se mide desde su estereotipo de macho protector y proveedor.
Tanto si eres un radical feminista de izquierdas como si eres un conservador religioso de derechas (sea para criticar o reivindicar), vas a ver al hombre como un ser que actúa por su instinto de depredación sexual, como un ser que está únicamente sobre la faz de la tierra para esparcir su semen y cazar bestias a las cuales devorar luego. Si un hombre decide ser célibe, no tener relaciones sentimentales o dedicarse a una vida austera, será mal visto desde ambos lados. Y eso es un problema porque degrada la figura y aportaciones del varón a la civilización.
Las últimas décadas se lo han hecho cada vez más difícil a los hombres, las democracias les han exigido demasiado a cambio de poco; esto se evidencia en cifras como la de la esperanza de vida (bastante más baja en hombres que en mujeres), en la propensión a la indigencia, al desprestigio o al suicidio, ámbitos donde los hombres tienen las de perder.
Y no se trata de utilizar al MGTOW como una excusa para ser un odioso sino para iniciar un proceso de reflexión profunda: ¿son los hombres violadores por naturaleza o es una cruel estratagema para que un grupo político se haga con grandes privilegios? ¿Toda esta ola de feminismo radical nos lleva por buen camino o destruye los principios del derecho que hicieron avanzar a nuestra especie?
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Escritor y periodista
Columnista en The Wynwood Times:
El escribiente amarillo






