
Por Miguel Ángel Latouche
Hay viajes largos; no en balde le tomó a Odiseo sus buenos veinte años regresar a casa y no valieron Ateneas, ni los sacrificios; el héroe no volvió hasta que estaba listo para hacerlo, hasta haber enfrentado a los cíclopes y expiar sus culpas, no las de la guerra. Maldito Nolan, nadie puede pensar que un hombre de su tiempo sintiera guerra por hacer la guerra y hacemos mal atribuyéndole al pasado las culpas del presente. Las culpas de Odiseo eran de otro tipo, las preferidas por los griegos, las relacionadas con la hybris, es decir, la del orgullo excesivo. Una vez vencido Polifemo, Odiseo, que era Nadie, siente la necesidad de decirle al monstruo su verdadero nombre y aquel que no tenía identidad adquirió una y con ella recibió la condena de un dios, Poseidón, que en una venganza de sangre le impuso a Odiseo el peor de los castigos: navegar errante en un mundo que le era ajeno y hostil.
Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”
Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»
Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites
La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX
Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado
Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana
Finjamos demencia | Manifiesto GenX
Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
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Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna
Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico
Cuarta Edición del Festival Internacional “ENTRELIBROS”
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Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza” | Reseña de Alberto Márquez
La escritora Indira Páez publica su poemario Animal de mudanza (MEL Projects Publishing), una exploración frontal del exilio y la memoria. El libro, analizado críticamente por Alberto Márquez como un testimonio de resistencia y avería doméstica, celebra su presentación en Miami con un recital solidario destinado a la reconstrucción de escuelas de Fe y Alegría en Venezuela.
MONSTER: La Historia de Lizzie Borden | Series Sobre 9
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Proyecto ArchivoAbierto de Mercedes Pardo | Galería ABRA
El proyecto ArchivoAbierto forma parte del programa anual de ABRA desde su apertura en 2016, y procura –a través de exhibiciones de archivos, fuentes documentales, acervos personales o institucionales, y textos informativos–impulsar el resguardo, la valoración y el estudio del arte contemporáneo de Venezuela.
Siempre me pareció, en los términos de mi propia circunstancia, que la historia que nos narra Homero cuando nos cuenta sobre las cuitas del héroe más humano de su saga es la historia de cualquiera que alguna vez tuviera que sufrir el destierro. Se trata de un hombre que añora volver a un lugar que no sabe si aún existe. No se trata solo de un problema geográfico; a veces los mapas andan de cabeza y el norte se nos hace esquivo, como si tratase de escapar de las brújulas que nos acompañan. Se trata, además, de un problema metafísico. Los lugares que conocemos se transforman cuando dejamos de habitarlos.
A mí me sucede, por ejemplo, con las casas. Siento que se trata de espacios que construyen una identidad con las personas que los ocupan; hay unos colores, unos olores, una forma de ser que no se circunscribe a lo arquitectónico, ni al diseño. Mi casa habla conmigo, nos conocemos, adquirimos cierta intimidad en el trato. Si me voy, ella lo resiente y tal vez me olvide; si trato de volver, se mostrará arisca, me enseñará los dientes, me hará algún reclamo; si los recuerdos son buenos, eventualmente, me abrirá las puertas y también su corazón, a pesar de saber que aquel que vuelve nunca es el mismo. Que uno en la distancia también está cambiando; somos el producto de nuestro tiempo vital y nuestro tiempo vital está conformado por nuestras vivencias. El pasado está allí como eco, pero tal y como decía Neruda, “nosotros los de entonces ya no somos los mismos”; uno es siempre, parafraseo a Uslar Pietri, el hombre que va siendo, ni más ni menos.

Kavafis lo vio con claridad: lo importante es el viaje, es ese efecto transformador que nos deja la experiencia. Cuando yo era un muchacho, solía asombrarme la sabiduría de los viejos. Admiraba aquella calma estoica con la que la habían aprendido a lidiar con la muerte, la misma que seguramente sintió Sócrates frente a la cicuta; supongo que llega un momento en el que todos aprendemos a aceptar lo inevitable. Temprano aprendí que hay que aprender de los viejos, que en ellos se guarda una sabiduría asociada al transcurso del tiempo. He pasado los cincuenta; no diría que soy sabio, pero hay cosas por las que ya no me angustio, relaciones que no añoro y deseos que canalizo un poco mejor. Siempre estuve lejos de mucha gente que admiraba; había una distancia asociada al respeto, pero también una ligada a la geografía.

Desde el pequeño pueblo llanero en el que me crié, el mundo parecía perderse en la lejanía. Más lejos que más nunca diría Gallegos. El tiempo tiene a veces la virtud de acortar las distancias y entonces el muchacho que yo era termina transformado en alguien más. Alguien que, sin dejar de ser quien era, también es algún otro; quizás en el fondo era a eso de lo que hablaba Borges cuando se refería a esa particular obsesión. Cuento todo esto porque siento que de alguna manera he regresado a casa, después de un viaje que no se suponía que sería tan largo y lleno de desvíos.
Este es mi primer artículo después de tres años; no es fácil encontrar la voz después de tanto silencio, pero he prometido no irme por un buen tiempo. La revista y yo hemos cambiado; seguramente también el lector y los editores. El regreso siempre está lleno de retos y de novedades. Por suerte, no se trata de un regreso a una pequeña isla perdida en el mar; la verdad es que, después de acabar con sus enemigos y recuperar su reino, Odiseo se la pasaba sentado en la orilla muerto de aburrimiento. Yo llego a un lugar distinto, un lugar que se transforma al tiempo que permanece, que se renueva y siembra raíces y quizás en el fondo jamás me fui realmente.
Tomé una pausa para escribir; qué paradoja, es como si uno dejara de ser para seguir siendo. Se trató de un viaje literario lleno de peligros y de baches, que me enfrentó a monstruos terribles y hechiceras malvadas o tiernas según la latitud de la que se trate. Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.
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Doctor en Ciencias Políticas y escritor.
Columnista en The Wynwood Times:
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