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En los años ochenta cuando estudiaba en la UCAB el término veneco/a lo oía poco. Sabía que hacía referencia a los hijos de colombianos en el país. Pero lo que sí escuchaba con triste y recurrente frecuencia era el uso despectivo de paisa o cachaco. De hecho, fui testigo involuntario del maltrato hacia personas que al hablar se le notaba un cantadito distinto al gocho patrio. Recuerdo un caso incómodo: “Ajá, dime claro qué vas a llevar, Colombia”, palabras expresadas con una sonrisa sarcástica a un cliente en una ferretería de Boleíta donde yo esperaba por el turno de atención. Había una sorna evidente en la prestación del servicio que me hizo sentir incómoda. De hecho, más de una vez escuché en cafeterías y luncherías ese tonito burlón de los dependientes ante alguien que hablaba distinto. Por supuesto creo que todos los venezolanos debemos tener muy claro que en Venezuela no nos preciamos de tener un amable servicio al cliente. “Mira musiú”, “¿qué te pasa, Portu?”, eran expresiones muy recurrentes en la boca de muchísimos compatriotas, y no, no había simpatía en esas intenciones.

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El Museo de Arte Latinoamericano (MOLAA) en California emprende un ambicioso proyecto capital de expansión. Su directora ejecutiva y presidenta, la Dra. Lourdes Ramos, explica cómo la nueva arquitectura de Enrique Norten y el respaldo del Comité Internacional —con figuras como Andreína Fuentes Angarita y Fernando Botero— transforman la institución en un laboratorio global de innovación e integración cultural.

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Beatriz Blavia se hará primeramente Comunicadora Social y sobre todo Galerista, trabajando al lado de grandes Maestros del arte geométrico como: Esteban Castillo y Luis Marrufo. Viene haciendo plástica a través de la necesidad de expresarse con su obra, inspirada primeramente en luz crepuscular Larense.

“WHAT PATTERNS PERMIT”: Peter Polyak expone en el MIFA

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Miami International Fine Arts (MIFA) presenta LO QUE LOS PATRONES PERMITEN (WHAT PATTERNS PERMIT), una exposición individual del artista interdisciplinario húngaro Peter Polyak, curada por Marco Caridad. Reuniendo obras seleccionadas de las series KeyHole y LaceLand de Polyak.

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Ay, qué ganas de estar en calma, tranquilidad, impavidez total. No presenciar líos ajenos y que nada nos perturbara los intestinos. Dejar pasar, por ejemplo, la fulana fecha del 1 de agosto como quien ve una crecida de río y sabe que solo tiene que esperar que el sol y la tierra hagan su parte…. nos comenta Florángel Quintana

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Sylvia era incapaz de estar sola, de permanecer en silencio y ella misma lo admite “Me aturde la posibilidad de no decir una sola cosa por demasiado tiempo. El mundo deja de existir sino no lo describo, desmenuzo, elaboro a través de todo lo que las palabras pueden brindarme” le insistió a su madre dos días después.

Vicente Ulive-Schnell y su novela “Coco Express”

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Vicente Ulive-Schnell es un escritor y artista venezolano que reside en París desde el año 2001. Llegó a Francia para cursar estudios superiores y terminó con un doctorado en filosofía del lenguaje en el 2007. Lleva cinco novelas publicadas entre Venezuela, España y Francia; Perico exprés (título en francés, Coco Express) es su trabajo más reciente.

VOLVER … | (Disertación desesperada para la Venezuela que empieza)

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Hoy, Venezuela camina sobre una geografía fracturada por los recientes terremotos. La tierra tembló para recordarnos, con la violencia de un eco subterráneo, que nada de lo que creíamos sólido era inmune al colapso. Ante las fachadas caídas, los ascensores clausurados y las calles agrietadas … nos comenta Richard Rey

A partir del año 2000 con la crisis económica y política en Venezuela, la dinámica migratoria hacia la tierra de Gabo, Piedad Bonnett y Botero fue creciendo con rapidez. Estos paisanos míos empezaron a ser llamados venecos, venecas como una forma despectiva para aludir a los comportamientos indeseables de algunos dentro del territorio colombiano. He leído opiniones de investigadores y sociólogos que hablan de la palabreja asociada a prejuicios, estereotipos y estigmas con alusión al clasismo, racismo y misoginia. Veneca como prostituta, veneco como deshonesto o delincuente. Hoy la cifra actual de migrantes y refugiados venezolanos en Colombia es de 2.8 millones.

Ahora gracias a un gran número de jóvenes de la generación Millennial este término ha tenido una significativa evolución semántica pasando por su resignificación como un símbolo de identidad y resistencia frente a la xenofobia. Solo basta constatar el humor en las plataformas sociales Instagram, TikTok y X con memes y contenidos satíricos para disminuir ese peso negativo de la expresión para transformarla en un elemento identitario. Son muchos, diría yo, demasiados Millennials migrantes que han abrazado el ser veneco como una forma de pertenencia, orgullo y resistencia a la exclusión social dentro de la diáspora. Hoy podemos entender que el uso del término es una apropiación cultural inversa, esto quiere decir que somos nosotros mismos, los venezolanos de a pie, que nos hemos reapropiado de aquello que fue un insulto para vaciarlo de su carga peyorativa. Es usado con orgullo, un contradiscurso que busca transformarlo en un símbolo positivo.

Por fortuna las palabras y expresiones en su dinamismo lingüístico funcionan como herramientas para protestar, para incluir, para ser parte del poder de los hablantes. Hoy ser veneco incluye a los que deseamos anular las narrativas del nefasto chavismo que señala a los migrantes opositores al régimen como traidores a la patria. Ser veneco es estar en constante resiliencia, con una fuerza diaria que lucha contra la fragmentación social que aúpa la dictadura venezolana. 

En mi caso, llevo un mes disfrutando de la canción “Veneka” de Rawayana, me río por las referencias culturales, sonrío por el impacto entre mis alumnos dispersos por el mundo que se conectan profundo con su idiosincrasia en la lejanía. Me gusta pensar que se está promoviendo una visión más inclusiva y orgullosa de la identidad venezolana desde la mirada de los que harán los cambios mayores en la Venezuela libre del futuro.

Yo formo parte de los millones de compatriotas emigrados que trabajan con honestidad, siguen las reglas del país de acogida, se ajustan a sus leyes y andan dejando una huella bonita de la venezolanidad en el mundo.

Yo soy veneca, sí, ¿y qué?

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Escritora y cronista.

Columnista en The Wynwood Times:
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