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Continuando con este artículo especial sobre el cine de terror, en esta parte final hablaremos sobre los diversos subgéneros que han surgido, además de revisar un poco sobre lo que se ha hecho en materia de terror fuera de Hollywood y conocer a los nuevos autores de este género, con las propuestas que han sido éxitos indiscutibles en la industria del entretenimiento cinematográfico.

LOS SUBGÉNEROS

El terror es el estilo cinematográfico que más subgéneros ha aportado al cine. A continuación, haremos un repaso de ellos, pero primero es propicio aclarar la diferencia entre terror y horror, aunque ambas terminologías usualmente se entremezclan en las películas. Podríamos decir que el terror es aquella sensación que nos genera ansiedad ante algo que no vemos pero que intuimos, la oscuridad, una sombra, un ruido o incluso un silencio absoluto. El horror, por su parte, se refiere a lo que ya vemos que está ocurriendo explícitamente, el rostro del monstruo que surge de la oscuridad, el asesino cometiendo sus crímenes, sangre brotando, cuerpos transformándose, muerte. En otras palabras, mientras el terror es psicológico, el horror es físico.

El Terror Sobrenatural

Es, quizás, el subgénero más clásico y persistente del cine de terror. Se caracteriza por la presencia de fuerzas o entidades que trascienden las leyes naturales: fantasmas, demonios, posesiones, maldiciones y lugares embrujados.

Títulos más representativos: Además de El Exorcista, debemos mencionar Terror en Amityville (1979), El Resplandor (1980), Al final de la Escalera (1980), Posesión (1981), El Ente (1982), Sexto Sentido (1999), Los Otros (2001), El Aro (2002), Hereditary (2018), Smile (2022 y su secuela de 2024) y por supuesto toda la franquicia de “los Warren” con El Conjuro.

Terror Extraterrestre y de Ciencia Ficción

Es un subgénero que fusiona varios elementos donde el miedo se centra en temas sobre la vida alienígena, amenazas biológicas o experimentos científicos que ponen en peligro la existencia humana. 

Algunos títulos representativos: La Invasión de los ladrones de cuerpos (1956), Alien, el octavo pasajero (1979), La Cosa (1982), Videodrome (1983), La Mosca (1986), Depredador (1987), Señales (2002), Un lugar silencioso (2018) y Titane (2021).

Eco-Terror

La primera bestia que generó temor en las pantallas fue King Kong (1933), de la cual se producirían luego muchas versiones. Desde entonces, el cine de «animales asesinos» o Eco-Terror surgió como un subgénero que explotaría el miedo ancestral a la naturaleza, donde los animales (a menudo depredadores comunes o enjambres modificados) atacan a los humanos, invirtiendo la cadena alimentaria o simbolizando la venganza de la naturaleza contra la humanidad por la contaminación o la invasión de sus hábitats.

Algunos títulos representativos: Them (1954), Ben, la rata asesina (1972), Orca (1977), El Enjambre (1978), Piraña (1978), Cujo (1983), Aracnofobia (1990), Anaconda (1997) y obviamente los pilares fundamentales de este género: Los Pájaros (1963) y Tiburón.

Terror Psicológico

El Terror Psicológico (a menudo con una gran superposición con el Thriller Psicológico) es un subgénero que utiliza herramientas narrativas y cinematográficas para socavar la estabilidad mental de sus personajes y del público. La fuente del miedo no es externa (un fantasma o un asesino), sino interna: la mente, la memoria, la identidad o la percepción de la realidad. La obra maestra de Hitchcock, Psicosis, fue determinante para el desarrollo de este género, así como para el Slasher.

Algunos títulos representativos: ¿Qué pasó con Baby Jane? (1962), El Bebé de Rosmary (1968), La Isla Siniestra (2010), El Cisne Negro (2010), Babadoock (2014), Huye! (2017), El Faro (2019).

El Gore y El Slasher

El término Gore (palabra inglesa para «sangre coagulada» o «sangre derramada») define un subgénero centrado casi exclusivamente en la violencia gráfica explícita y la destrucción del cuerpo humano, teniendo como objetivo principal el shock visual y la satisfacción de la morbosidad a través del exhibicionismo de heridas, mutilaciones y desmembramientos. La narrativa es a menudo secundaria, con tramas muy sencillas o absurdas, ya que el foco está en la secuencia de asesinatos y la demostración de efectos especiales.

Algunos de los títulos más representativos del Gore son: Blood Fest (1963), The Evil Dead 1 y 2 (1981), Hostal (2005) y las populares franquicias de Saw (2004) y Terrifier (2016).

Por su parte, el Slasher es uno de los subgéneros más populares y reconocibles del cine de terror, que alcanzó su mayor auge en los años ochenta. Su fórmula está bien definida y se centra en un asesino serial que persigue y desvive brutalmente a un grupo de víctimas, generalmente adolescentes. El término Slasher proviene del verbo inglés «to slash», que significa acuchillar o tajar, haciendo referencia al uso característico de armas cortantes (cuchillos, machetes, hachas, etc.) por parte del asesino. El Slasher ha creado personajes que ya son íconos del cine de terror tales como “Leatherface”, “Michael Myers”, “Jason Voorhees”, “Freddy Krueger” o “Ghostface”  

Pero no podemos hablar del cine Slasher sin mencionar a su precursor: El Giallo.

Se trata de un género cinematográfico italiano muy distintivo que floreció principalmente en las décadas de 1960 y 1970. Se considera un híbrido que combina elementos de misterio policial, thriller y terror. El nombre giallo, que significa «amarillo» en italiano, proviene de las portadas amarillas brillantes de las novelas de bolsillo de misterio y crimen (similares a las de Agatha Christie o Edgar Wallace) que se popularizaron en Italia a partir de la década de 1930.

Fueron varios los directores que formaron parte de este estilo de cine italiano, pero sin duda, hay dos nombres que definieron y perfeccionaron el género: Mario Bava (La Muchacha que sabía demasiado, 1963 / Seis mujeres para el asesino, 1964) y Dario Argento (Rojo Oscuro, 1975 / El Pájaro de las plumas de Cristal 1970 / y la ya mencionada Suspiria).

Algunos títulos representativos del Slasher son: Black Christmas (1974), La Matanza de Texas (1974), Halloween (1978), Viernes 13 (1980), Pesadilla en la calle del Infierno (1984), Chucky (1988), Scream (1996), Sé lo que hicieron el verano pasado (1997), también podemos agregar en este listado a una franquicia que, aunque no posee la figura del asesino serial sí cumple con el resto de las características del género: Destino Final (2000).

Ahora bien, aunque nos se trata de un género específico, sino que se diluyen entre varios, el terror psicológico, el gore y el slasher han dado pie para una serie de películas con personajes de asesinos y psicópatas que nos han obsequiado grandes momentos de horror y actuaciones memorables, como por ejemplo: Vestida para matar (1980), It (1990), Misery (1990), El Cabo de Miedo (en sus versiones de 1962 y 1991), La Mano que mece la Cuna (1992), Seven (1995), Psicópata Americano (2000) o La Huérfana (2009).

Body Horror

Es un subgénero que se centra en la distorsión, degradación o metamorfosis del cuerpo humano, atacando la integridad física y la identidad de los personajes, en ese sentido, el miedo no proviene de una amenaza externa (como un asesino), sino del cuerpo mismo que se vuelve la fuente del horror. El objetivo principal es provocar una profunda ansiedad existencial y repulsión a través de la pérdida del control biológico. Explora el miedo a la enfermedad, el envejecimiento, la mutación y la deshumanización.

El body horror se consolida a finales de los años 70 y se define por un director clave, el maestro David Cronemberg. Sus obras, tales como: Parásitos mortales, Videodrome, La Mosca, Crash o eXistenZ, exploraron consistentemente las ansiedades de la época sobre la tecnología, la sexualidad y el control corporal, utilizando efectos especiales orgánicos y perturbadores.

Algunos títulos representativos de este subgénero: Los Ojos sin Rostro (1960), Eraserhead (1977) y El Hombre Elefante (1980) ambas del gran David Lynch, La Cosa (1982) de Carpenter, Titane (2021) de Julia Ducournau, La Sustancia (2024) de Coralie Fargeat o La Hermanastra fea (2025) de Emilie Blichfeldt.

Folk Horror

El Folk Horror (terror folclórico o rural) por su parte, es un subgénero que se caracteriza por utilizar la mitología, las creencias populares, los rituales paganos, y el aislamiento de los entornos rurales para generar miedo. El horror surge del choque entre el mundo moderno, racional y citadino, y la persistencia de lo ancestral y lo inexplicable en comunidades remotas.

Sus títulos más representativos son: Cuando las brujas arden (1968), La Garra de Satán (1971), El Hombre de Mimbre (1973), Los Niños del Maíz (1984), La Bruja (2015), El Ritual (2017) o Midsommar (2019).

Found Footage 

El Found Footage (o Metraje Encontrado) no es propiamente un subgénero temático, sino más bien, un formato cinematográfico y una técnica narrativa específica que se ha asociado fuertemente con el cine de terror. Su principal objetivo es crear una ilusión de realidad y autenticidad que sumerja al espectador en la trama, a menudo con una sensación de documental crudo y sin pulir donde toda o gran parte de la película se presenta como si fuera material de video «real» (grabaciones domésticas, documentales fallidos, videos de vigilancia, cámaras corporales, etc.).

Algunos títulos representativos: Holocausto Canibal (1980), El Proyecto de la bruja de Blair (1999), Actividad Paranormal (2007), Rec (2007), V/H/S (2012), Creep (2014), Así en la tierra como en el Infierno (2014) y Host (2020).

Zombis

Por último, pero no menos importante, tenemos a uno de los subgéneros más ricos y con mayor carga de crítica social dentro del cine de terror.

El concepto original del zombi se basa en el folclore haitiano, donde un zombi era una persona muerta resucitada y esclavizada, despojada de su voluntad y alma, a menudo por brujería o vudú, era lento, sin voluntad y controlado por un amo (recreando una metáfora de la esclavitud y la explotación). Ya para finales de los sesenta, George A. Romero crea la figura del zombi moderno con características de lentitud y canibalismo donde su peligro reside en la cantidad al moverse en hordas. Ya para inicios del siglo XXI el zombie pasa a ser “infectado”, un ser humano afectado por un virus o plaga que causa rabia y agresión extrema, dándole una velocidad y ferocidad que los zombis de Romero no tenían.

Algunos títulos relevantes de este subgénero son: La Noche de los muertos vivientes (1968), El Amanecer de los muertos (1978), 28 Días después (2002), Guerra mundial Z (2013), y el éxito internacional Tren a Busan (2016).

TERROR EN VARIOS IDIOMAS

Francia

La historia del cine de terror en Francia puede dividirse en tres fases importantes:

  1. Inicios y Fantasía (finales del siglo XIX y principios del XX) con el ya mencionado Georges Méliès y su Mansión del Diablo.
  2. La Influencia gótica y el Suspense (entre 1950 y 1070) que jugaba con el suspenso y el terror psicológico donde destacaron realizadores como Henri-Georges Clouzot (Les Diaboliques, 1955) el cual influyó enormemente en el terror psicológico que alcanzaría posteriormente notoriedad con Hitchcock; George Franju (Les Yeux sans Visage, 1960), de la que Pedro Almodovar luego realizaría casi una copia en La Piel que Habito; o Jean Rollin (Le Viol du Vampire, 1968).
  3. La “Nueva Extremidad Francesa” (desde finales de los 90) siendo el período más reconocido del terror francés. Este cine surge como una respuesta a la apatía social y el estancamiento de propuestas en el cine galo, utilizando la violencia, el gore y el sexo explícito para explorar temas de trauma, aislamiento, feminismo y crítica política. Es un cine que busca incomodar al espectador y forzarlo a reflexionar sobre el cuerpo y la moralidad. Entre los principales referentes de esta etapa tenemos a Marina de Van (Dans ma Peau, 2002), Gaspar Noé (Irréversible, 2002), Julien Maury & Alexandre Bustillo (À l’intérieur, 2007), Alexandre Aja (Haute Tension, 2003), Pascal Laugier (Martyrs, 2008) y las ya mencionadas Julia Ducournau y Coralie Fargeat.

España

El cine de terror en España ha tenido una de las evoluciones más ricas y originales de Europa, teniendo sus orígenes en los años 40 y 50, donde el terror se ocultaba tras temáticas de cine negro y suspense debido a la censura del momento. Un título importante de esta etapa fue La torre de los siete jorobados, (1944) de Edgar Neville.

Para finales de los sesenta surge la época dorada, impulsada por la relajación de la censura y la demanda internacional. Se caracteriza por presentar un terror gótico con monstruos clásicos, pero con un fuerte componente de explotación erótica, influido por varias coproducciones con el cine italiano. Entre la filmografía de esta época podemos citar a La residencia (1969) y ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Narciso “Chicho” Ibañez Serrador, La marca del hombre lobo (1968) y La noche de Walpurgis (1971) de Paul Naschy (Jacinto Molina), Vampyros Lesbos (1971) de Jesús Franco y. La noche del terror ciego (1972) de Amando de Ossorio.

Ya a partir de los noventa, el género se revitaliza con una nueva generación de cineastas, grandes presupuestos y calidad técnica, que lo lleva a alcanzar un éxito notable a nivel mundial.

A este período pertenecen: Álex de la Iglesia (El día de la Bestia, 1995 y La Comunidad, 2000), Alejandro Amenábar (Tesis, 1996 y Los Otros, 2001), Jaume Balagueró (Frágiles, 2005), Juan Antonio Bayona (El Orfanato, 2007), Paco Plaza ([REC], 2007 y Verónica, 2017); y no podemos dejar de mencionar El Espinazo del Diablo (2001) del realizador mexicano Guillermo Del Toro.

Gritos Asiáticos

El cine de terror de Asia ha sido una fuerza revolucionaría que ha logrado acaparar audiencias en todo el mundo, especialmente a través de J-Horror (Japón) y el K-Horror (Corea del Sur).

Se nutre básicamente del folklore local, leyendas de fantasmas y demonios, así como de las ansiedades modernas en cuanto a tecnología y presión social.

El auge de este cine nació a finales de los noventa y entre sus películas más relevantes podemos mencionar: Cure (1997), Ringu (1998) de la cual se haría la versión norteamericana El Aro; Audition (1999), Kairo (2001), Dark Water (2002), Ju-On: The Grudge (La Maldición) (2002), A Tale of Two Sisters (Dos Hermanas) (2003), Shutter (El Fotógrafo) (2004), The Host (2006) y Tren a Busan (2016).

Espantos Latinoamericanos

El cine de terror en Latinoamérica ha dado muestras muy interesantes, sabiendo conjugar influencias extranjeras con sus propias leyendas, problemáticas sociales y folklore. Sin embargo, su evolución ha sido un tanto irregular, con México como el país que históricamente más ha cultivado este género, con títulos pioneros como La Llorona (1933), El Vampiro (1957) o Hasta el viento tiene miedo (1968) de Carlos Enrique Taboada.

En los setenta se introducen temas sobre represión, homosexualidad y crítica moral en películas más transgresoras como Alucarda, la hija de las tinieblas (1977) de Juan López Moctezuma; y ya para los noventa una nueva ola de cineasta, con Guillermo Del Toro a la cabeza, modernizan el género dotándolo de una mira autoral y un trasfondo más profundo que incluía crítica política y social.

En las últimas dos décadas se produce la explosión del “horror made in Latam”, donde países como Argentina, Chile, Colombia y Venezuela, han sumado producciones destacadas, mostrando una gran diversidad de enfoques.

Entre los títulos más relevantes de estos países, tenemos a:

Chile con Sangre Negra (2000), En las afueras de la ciudad (2012), Wekufe, el origen del mal (2016) o la sátira de horror político El Conde (2023) de Pablo Larraín.

Argentina con Resurrección (2015), Los Olvidados (2017), Aterrados (2018), El Prófugo (2020), Nocturna (2021) y Cuando acecha la maldad (2023).

Colombia con Al final del Espectro (2006), El Páramo (2011), Siete cabezas (2017), Luz, la flor del mal (2019) o Llanto maldito (2021).

Mientras que en Venezuela tenemos El Silbón: Orígenes (2018) o Infección (2019) cuya exhibición fue prohibida por el estado. Pero sin duda el realizador venezolano más destacado de este género es Alejandro Hidalgo quien nos ha regalado cintas taquilleras y de repercusión internacional, tales como: La Casa del fin de los Tiempos (2013), El Exorcismo de Dios (2022) y No voltees (2025).

EL TERROR “ELEVADO”

El cine de terror en las últimas dos décadas revela un período de dualidad y renovación, manteniendo un equilibrio entre la producción comercial de franquicias y el auge de un influyente terror de autor (al que algunos críticos han calificado como “elevado”), que utiliza al género para explorar traumas y reflejar distintos aspectos de la problemática social de nuestros días.

Entre los cineastas más representativos de esta etapa tenemos a: Danny Boyle (Exterminio: 28 días después, Exterminio: La revolución), M. Night Shyamalan (Sexto sentido, La aldea, Señales, Viejos), Robert Eggers (La Bruja, El Faro, Nosferatu), Ari Aster (Hereditary, Midsommar), Jordan Peele (Huye!, Nosotros, Nop!), James Wan (Saw, Insidious, El Conjuro), Mike Flanagan (Oculus, Doctor Sueño), Jennifer Kent (Babadook), Julia Ducournau (Crudo, Titane), Coralie Fargeat (La Sustancia), Zach Cregger (Barbarian, Weapons), Oz Perkins (Longlegs, El Mono), Scott Derrickson (Teléfono negro 1 y 2), Parker Finn (Smile 1 y 2), Michael y Danny Philippou (Háblame, Haz que regrese), Ryan Coggler (Pecadores) y Emilie Blichfeldt (La hermanastra Fea).

En resumen, el cine de terror reciente es un panorama rico donde el arte y el comercio coexisten. Las franquicias mantienen la taquilla, mientras que los autores empujan los límites narrativos, haciendo de este género uno de los más reflexivos y vibrantes de la actualidad, para horror de algunos y el total disfrute de quienes somos asiduos a un buen golpe de adrenalina dentro de la sala oscura.

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Richard Rey - Columnista The Wynwood Times
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