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Después de un zarpazo en el aire, como si quisiera sacudirse de las moscas; un
movimiento brusco de cabeza y el alboroto frenético de una melena ahora infestada
de canas, Gustavo Dudamel dio fin a la participación de la Orquesta Sinfónica
Simón Bolívar de Venezuela en el Festival Internacional de Edimburgo. Aplausos.
Río de zapatazos. Los chamos de “El sistema”, tras más de una década de
ausencia, lograron que todo un público de caras pálidas se alzara de sus asientos
para aclamar al Mahler de tinte caribeño. Pero no fue sino la presentación sorpresa
del “mambo”, clásico por antonomasia de la orquesta, lo que alborotó el paladar de
los aficionados; una sampablera de instrumentos que sin dudas marcó la aparición
triunfal del país en la palestra internacional de las artes (al menos en el Reino
Unido), desatándose con ello, por supuesto, un ajuar de conclusiones.

“At Least for a Moment”: Rómulo Martínez en Mundo Arte Gallery

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Mundo Arte Gallery presenta At Least for a Moment: Cartografías de pertenencia, migración y visibilidad, una exposición individual del artista venezolano Rómulo Martínez, curada por Marco Caridad. En exhibición del 3 al 24 de octubre de 2026, la muestra reúne un nuevo cuerpo de trabajo que negocia con la identidad, memoria, visibilidad y pertenencia.

“Sea of Love” por Manaure Peñalver en la Galería Mooni

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A través de una serie de pinturas, llenas de referencias culturales e imaginación, el artista venezolano rinde tributo al océano, fusionando metáfora y memoria. La obra se encuentra expuesta en la destacada galería Mooni en la Ciudad de México

Hacerse preguntas o ¿importa saber qué es “farmear áurea”?

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¿Importa saber qué es “farmear áurea”?, me tomó por sorpresa en un sueño y desperté a las 3 de la mañana sabiendo con perfección que esa fue una pregunta que rasgueaba desde otro plano. Okey, no sé, solo repito lo que los sabios de TikTok indican sobre despertar a esa hora como una pulsión desde otro estadio que te manda señales … nos comenta Florángel Quintana

EMMYS 2026, 78 Años premiando lo mejor de la TV

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La edición 78 de los Premios Emmy llega con Mariska Hargitay en la conducción y el debut del Legacy Award. Con The Pitt y Hacks encabezando las nominaciones, repasamos los favoritos en drama, comedia y miniseries, junto con los resultados previos de los Creative Arts Emmys y las opciones para ver la ceremonia en vivo.

Indira Páez y su segundo poemario “Animal de mudanza”

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Indira Páez presenta su segundo poemario “Animal de mudanza”: una anatomía poética sobre el desarraigo, la memoria y la pérdida. El segundo poemario de la aclamada escritora y dramaturga venezolana, publicado por MEL Projects Publishing & Entertainment, destina sus regalías a labores de ayuda humanitaria.

“Trítono” una obra de Acuarela Martínez | Poesía

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Trítono (Editorial Lector Cómplice, 2026) de la poeta Acuarela Martínez, queda claro desde el principio lo importante que resulta su dedicatoria. Queriéndolo o no, y sin aún entrar en materia poética, nos involucra a todos desde los planos posibles del amor: a los legales, a los del medio, a los clandestinos

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Moria no solo aborda la vida de Ana María Casanova hasta su consolidación como el fenómeno cultural de Moria Casán, sino que transita por una variedad de tópicos como la desmitificación de la “mujer objeto” en el espectáculo, reivindicación de la estética pop y la cultura de masas, crítica a la hipocresía moral de ciertas clases sociales, visibilización de la diversidad y el apoyo a la comunidad LGBT.

TIP TOE (De puntillas) | Series Sobre 9

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De todo esto y más, va la nueva serie británica Tip Toe, creada por Russell T Davies (reconocido por Queer as Folk, It’s a Sin o Years and Years) quien ahora nos presenta una obra tan corrosiva como indispensable sobre la polarización en la sociedad actual y a la que valoraremos en esta nueva entrega de SS9.

Pequeños fragmentos de dolor | Panegírico para Alejandra Pizarnik

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Tema recurrente en la literatura de la época, así como para inspiración de artistas que intentaron comprender la locura a través de esa inquietante imagen. No resulta casual, por tanto, que pintores como El Bosco, Van Hemesen y Brueghel se inspiran en la extraña metáfora para mirar la locura desde los pinceles, intentando comprender esa oscuridad meridiana de la mente del hombre a través de ella.

Marvellous performance! – me dijo un señor en el ascensor mientras salía del teatro, al haberse percatado de mi acento inglés tapa amarilla.

Very nice indeed.

No he visto más a Venezuela en las noticias… como que las cosas se arreglaron por allá, ¿no?

 “La cosa no tiene pérdida, de pana”, me escribe un amigo por WhatsApp. “Puedes pagar por Zelle, PayPal, Pago Móvil si tienes todavía cuenta acá; Binance en algunos casos; dólares de bajita denominación porque muchos se reúsan a darte vuelto o, dependiendo del cambio, en bolívares. Ya le agarrarás la caída.“ 

Después del derrumbe de la asamblea opositora, el rosario de desilusiones auspiciadas por Guaidó y su tren de farsantes, la pandemia, la resurrección del Hotel Humboldt, el nacimiento de los “Yummy Rides” y la reconstrucción de los paseos de La Guaira, estoy por regresar a Venezuela. Un hueco de aproximadamente cinco años, donde he tenido que seguir a pesquisas el panorama de una nación cuyas fórmulas de expresión son cada vez más ininteligibles para quienes hemos establecido residencia en otros terruños.

Y es que, en efecto, ya de Venezuela se oye poco. Bien sea por el sinsabor político que nos aflige desde la inauguración del presente siglo, por beneplácito de los medios nacionales o porque simplemente el mundo (y la gente) tiene problemas de mayor urgencia. Parece haber una especie de miopía colectiva que no solo sabotea cualquier abordaje sociohistórico decente, sino también cualquier intento de análisis práctico; una mirada que permita entender los distintos contextos nacionales para fines de mera supervivencia. El hecho de tener que planificar un viaje a Maiquetía basándose en el bachaqueo informativo a través de redes sociales es prueba de la transformación que está viviendo el país en cuanto a la percepción que se tiene del mismo. Incluso, me atrevería a decir que, a diferencia de épocas anteriores, cuando la debacle era un factor inminente, por primera vez nos enfrentamos a una situación que no puede ser interpretada a destajo, mucho menos desde el lente de lo fatalista.

¿Y para ir a la playa? Pregunto.

Facilito. Te consigues cualquier paquete full day que te lleve y te traiga. Hay muchos que te incluyen hasta comida con el tipo de brazalete que escoges. Incluso te descargas una app en el teléfono y cancelas tus paquetes por ahí. Arrechísimo.

O sea, que la cosa como que sí se arregló entonces. Cuando yo vivía allá en el 2015, ni por el carajo existían todas esas vainas que me cuentas.

Un mensaje en visto. Una conversación acabada a lo abrupto. De mi contacto de WhatsApp no volví a saber sino al día siguiente, cuando intentó retomar el hilo de lo anteriormente relatado.

Marico, mala mía que ayer te dejé guindando. Me avisaron que había gasolina y tuve que ir corriendo a hacer la cola.

 Supe que Dudamel vendría a Edimburgo porque su cara aparecía en una de las vallas publicitarias del festival internacional. Apenas logré conseguir entradas para la función el 26 de agosto; bien atrás donde el diablo dejó los calzones, en las sillas pegadas al techo del emblemático teatro escocés Usher Hall. La sinfonía no. 1 de Mahler sería tocada por un puñado de maracos caribeños y el público extranjero no tenía intenciones de perdérselo. Maracos caribeños que, hasta pocas horas antes montarse en las tablas, vi paseándose por las tiendas del centro de la ciudad (Edimburgo es más o menos del tamaño de la Plaza Altamira) con sus suéteres de capucha, cara de estampa patriótica y credenciales amarillas; comprándose aquello por lo que en Caracas “te sacarían los ojos”, escuché decir a varios.

El concierto abrió con palpables expectativas. Gustavo, en su machucado pero inteligible léxico anglosajón, dio una pequeña introducción sobre lo que a continuación se apreciaría. Hizo referencia a la peculiaridad de los ritmos, enfocándose sobre todo en su as bajo la manga, Jorge Glem, el cuatrista amantillado que vislumbraría a los espectadores con el charrasqueo de “cambur pintón” y participación protagónica en la obra “Guasamacabra”, compuesta por el recién fallecido Paul Desenne (chelista de la propia orquesta). Una obra que hace alusión, irónicamente, a los niños y jóvenes que sufren en la Venezuela de estandarte socialista. 

Antes de conducir Mahler, Dudamel presentó “Odisea”, un concierto para cuatro y orquesta de Gonzalo Grau. Aunque insisto. La cereza del pastel fue, sin dudas, el “West Side Story” o “mambo”, una rochela de exquisitos matices y desbordada nostalgia. Una pieza cuya impronta está llena de localismos; picardía con toque de elegancia e innegable proeza técnica.

A mi casa me fui pensando no solamente en tan increíble noche, sino también en mi futuro viaje a Maiquetía, en mi intercambio con el señor escocés del ascensor y el amigo mío del WhatsApp. 

Me fui pensando en los fullday playeros y las apps de teléfono, en el abanico de nuevas oportunidades que ofrece Venezuela para quienes se atreven a aventurarla. En sus espectaculares músicos.

Pero también en las colas para la gasolina. En las elecciones que se avecinan. En los niños y jóvenes sufridos de Paul Desenne…

En el país que ahora lo es todo y a la vez no lo es nada.

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Gianni Mastrangioli Salazar
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Historiador, escritor y colaborador de The Wynwood Times