
Género: Antológico / Terror / Drama.
Creado por: Ian Brennan.
Dirección: Max Winkler y Sarah Adina Smith.
Guion: Ian Brennan.
Producido por: Ryan Murphy.
Temporadas: 1 (miniserie).
Episodios: 8.
Origen: Estados Unidos.
Idioma: inglés.
Lanzamiento: 17/09/2026.
Distribución: Netflix.
“Pienso que todo ser humano tiene una
infinita y callada capacidad para ejercer
la violencia, quiéralo o no.
Las máscaras ayudan, cubren, tapan, disimulan,
pero no la eliminan"
Marcela Serrano.
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Se trata de Lizzie Borden, una joven de familia adinerada quien se volvió la principal sospechosa en el doble asesinato de su padre Andrew Borden y de su madrastra Abby Borden, hecho ocurrido en su propia casa el 4 de agosto de 1892. Sin embargo, posterior al sonado juicio que se llevó a cabo, Lizzie quedó absuelta.
Al jurado, compuesto en su totalidad por hombres, solo le tomó 40 minutos llegar al veredicto de inocente, pues el hecho de pertenecer a una familia que era respetada en la ciudad, junto a la loable labor que Lizzie desempeñaba en la Iglesia, les hizo concluir que era absurdo el pensar que esa mujer tuviese la capacidad de cometer tan cruento crimen.
Pero con los años y sumado el hecho de que nunca se halló un culpable de las muertes, Lizzie quedó estigmatizada bajo el apodo de “la loca del hacha” y con rimas populares que cantaban las niñas al jugar como:
“Lizzie Borden took an axe / And gave her mother forty whacks. / When she saw what she had done, / She gave her father forty-one”
(“Lizzie Borden cogió un hacha / y a su madre dio 40 golpes. / Cuando vio lo que había hecho, / le dio a su padre 41”).
Por todo ello, la historia de Lizzie Borden se ha mantenido como parte importante del folklore y la cultura estadounidense hasta nuestros días y de la cual se han hecho diversas adaptaciones al teatro, al cine y a la TV, como las series The Legend of Lizzie Borden (1975), protagonizada por Elizabeth Montgomery y The Lizzie Borden Chronicles (2015), con Christina Ricci o la película Lizzie (2018), protagonizada por Chloë Sevigny como Borden y Kristen Stewart como Bridget “Maggie” Sullivan, la mucama de la casa. En esta cinta se propone que hubo una relación lésbica entre ambas lo que sirvió como detonante de los asesinatos. Argumento que Brennan decidió replicar en su serie.

Pero pasemos entonces a dar nuestra valoración sobre esta cuarta temporada de Monster.
Monstruo: La historia de Lizzie Borden | Tráiler oficial | Netflix España
» ARGUMENTO
Al ser el primer volumen de la antología enfocado en una figura femenina histórica, la producción utiliza los infames asesinatos como telón de fondo para tocar un abanico de temas como la represión patriarcal, la neurodivergencia, la represión sexual o el mito del "monstruo" fabricado por los medios de comunicación.
Lizzie es la típica joven criada dentro de la rigurosidad de las costumbres victorianas. Obediente, callada e incapaz de emitir opiniones que puedan contravenir a las autoridades del hogar, pero con una ira contenida por el desapego de su padre (un hombre evidentemente misógino) y las constantes recriminaciones de su madrastra (una mujer amargada por la imposibilidad de ser madre, y la infelicidad de vivir en un matrimonio por conveniencia junto a la responsabilidad de criar a dos hijas que no son suyas.

El libreto, desarrollado por Ian Brennan, toma amplias libertades históricas para convertir el caso no en una simple reconstrucción judicial, sino en un melodrama gótico-psicológico con tintes de comedia negra y sátira moderna.
Por una parte, se enfatiza la avaricia de Andrew Borden. Pese a su inmensa fortuna, somete a sus hijas a una vida de privaciones (sin agua corriente ni electricidad en la vivienda de Second Street, mientras él compra propiedades). Esto sugiere un ambiente de abuso psicológico, manipulación financiera y una implícita represión de la neurodivergencia de Lizzie. La violencia explícita del hacha no aparece en el episodio 1 como un gancho para el espectador, sino como la culminación inevitable de episodios de microagresiones victorianas minuciosamente desarrolladas.
Por otra parte, el guión reinventa a Lizzie (Ella Beatty) como una joven (con menos edad de los 32 que tenía en el momento en que ocurrieron los asesinatos en la realidad), atrapada en un entorno opresivo y abusivo, cuya neurodivergencia (no diagnosticada para la época) y aislamiento la llevan a tejer un plan criminal junto a la sirvienta de la casa, Bridget Sullivan (Vicky Krieps). El guión bordea constantemente una narrativa de "revancha y liberación femenina", lo cual genera una fricción tonal deliberada con la brutalidad del doble homicidio. Tal vez a algunos espectadores esto le genere la incomodidad de estar romantizando a una criminal. Pero en lo personal no me disgustó, creo que en ese aspecto el guión supo jugar a la redención sin caer en el melodrama.
Esto se logra a través de cuatro líneas argumentales:
- La relación entre la heredera y la sirvienta irlandesa es el motor secreto de la trama. El libreto juega con la complicidad criminal, la atracción romántica latente y la explotación de clases. Bridget no es una víctima pasiva; el guión le otorga una agencia fría donde el silencio se negocia a cambio de libertad y beneficio económico.
- El guión huye del cliché de la "madrastra malvada" unidimensional. Abby es retratada como una mujer atrapada en el mismo sistema opresivo, pero que eligió la crueldad hacia sus hijastras como mecanismo de supervivencia. Su interacción con Lizzie está llena de diálogos cargados de sarcasmo y veneno pasivo-agresivo.
- Luego tenemos la manera en que se expone la ceguera social del sistema judicial y mediático de 1892 (uno de los mayores aciertos del guión), al mostrarnos a una Lizzie extremadamente consciente de este sesgo. Ella no solo comete el crimen, sino que diseña su propia narrativa de víctima moral, sabiendo que la sociedad puritana preferirá culpar a un forastero, a un inmigrante o a un "vagabundo" antes que a una mujer de la élite de Fall River.
- En el tramo posterior al juicio, el libreto explora la famosa amistad de Lizzie con una actriz de teatro. Aquí se reflexiona sobre la performatividad: Lizzie descubre que la sociedad la rechaza por el crimen, pero la consume por la fascinación morbosamente teatral que genera.
Como sello distintivo de esta temporada, el texto entrelaza el arco principal con historias paralelas que funcionan como espejos temáticos como, por ejemplo, la leyenda sangrienta de la condesa húngara Elizabeth Báthory (interpretada también por Krieps); e incluso saltos temporales de metaficción donde figura Aileen Wuornos (Sarah Paulson) fascinada por un libro que le lee su amante sobre la vida de Borden.
Aunque la intención de agregar estas subtramas ayuda al enriquecimiento de la premisa del "monstruo femenino a través de las épocas", creo que alargan innecesariamente la historia y tienden a distraer del relato principal.

» PRODUCCIÓN
La puesta en escena (liderada por los directores Max Winkler y Sarah Adina Smith), abandona el realismo documental para abrazar una estética barroca y estilizada. La dirección contrapone la opresión claustrofóbica de la casa de los Borden —iluminada mediante tonos ocre, sombras profundas y luz de velas— con estallidos de violencia gráfica explícita y desmedida.
Siguiendo la firma estética del universo Monster, la realización utiliza giros anacrónicos en la banda sonora, incorporando bandas de rock y proto-punk (The Doors, The Runaways) para puntuar las secuencias de tensión o rebelión de Lizzie; y aunque a algunos puristas esto les parezca un sacrilegio, debo confesar que la banda sonora es uno de los aspectos que más disfruté de esta entrega.

El diseño de producción de Monstruo: La historia de Lizzie Borden estuvo a cargo de Matthew Flood Ferguson y la directora de arte Debra Schutt. Sin duda es uno de los pilares más sofisticados y narrativamente ricos de la miniserie. Lejos de limitarse a una reconstrucción de época estática o "de museo", la dirección de arte funciona como un personaje activo y como una extensión psicológica del estado mental de sus protagonistas.
El escenario principal de la serie es la residencia de los Borden en Fall River. En lugar de mostrar una mansión victoriana ostentosa, el diseño de producción traduce en arquitectura la avaricia y el rigor del patriarca Andrew Borden. La casa está diseñada con pasillos estrechos, techos bajos e interconexiones de habitaciones sin pasillos distribuidores (una disposición histórica real). Esto obliga a los personajes a atravesar constantemente las habitaciones de los demás, eliminando cualquier noción de privacidad o intimidad, e intensificando la paranoia.
A pesar de la inmensa fortuna familiar, la casa carece deliberadamente de tuberías internas de agua y luz eléctrica. Los escenarios están dominados por la presencia de palanganas, jarras de metal y una iluminación basada exclusivamente en quinqués de gas y velas. Esta austeridad genera una atmósfera densa, humeante y asfixiante que contrasta con la opulencia de la élite de Boston o Nueva York.
La dirección de arte utiliza una progresión cromática muy calculada para marcar las distintas fases de la narrativa: Durante los primeros episodios, los espacios interiores están ahogados en verdes oliva, marrones oscuros, maderas pesadas de roble y tonos ocre. Esta paleta absorbe la luz y transmite el estancamiento temporal y emocional de Lizzie y su hermana Emma.
El vestuario fue diseñado por Lou Eyrich (colaboradora habitual del universo de Murphy). La ropa no solo sitúa la acción en la década de 1890, sino que actúa como una metáfora física de la represión femenina: La ropa de Lizzie al principio de la serie está llena de capas, telas pesadas de lana y cuellos altos que restringen el movimiento corporal. La cámara se enfoca en el crujido de las ballenas del corsé y la opresión física que sufren las mujeres en cada gesto cotidiano.
Por último, pero no menos importante, el departamento de utilería prestó una atención meticulosa a los objetos cotidianos para acentuar el tono gótico y la cotidianidad de la época.
El arma del crimen no es presentada como una simple herramienta agrícola. Hay múltiples hachas y herramientas en pantalla, cada una con un acabado, nivel de pátina, muescas en el mango de madera y textura de hierro oxidado minuciosamente trabajadas para transmitir pesadez y peligro real. Pero además se hace un guiño interesante hacía la personalidad del patriarca Borden con su “galería” de hachas, cada una bautizada con nombres de mujeres, como dando a entender la importancia de saber manejar a cada una según la función para la que fueron creadas, pues si se dejan juntas al descuido pueden tornarse en elementos de alta peligrosidad.

» ACTUACIÓN
El apartado actoral es el pilar indiscutible que sostiene la propuesta, destacando por su compromiso con un tono exagerado pero magnético.
Ella Beatty (Lizzie Borden): A pesar de ser un papel donde fácilmente se pudiese caer en estereotipos, Beatty consigue bordarlo consagrando su protagonismo, componiendo a una Lizzie compleja que transita entre la vulnerabilidad de una hija maltratada, la frialdad manipuladora y raptos de ira visceral. Logra sostener la ambigüedad moral requerida sin perder la empatía del espectador. Nada que envidiarle al talento de sus famosos padres (Warren Beatty y Annette Bening).
Vicky Krieps (Bridget Sullivan / Elizabeth Báthory): Aporta una presencia hipnótica y enigmática. Su dinámica con Beatty —que muta de la complicidad doméstica a un romance implícito y sombrío— es, sin duda, el corazón emocional de la serie. Considero a Krieps como una de esas actrices poseedoras de ese “je ne sais quoi” escénico que es imposible apartar la mirada en cada escena que aparece, bien sea una película comercial como Old o de autor como Father, Mother, Sister, Brother.
Charlie Hunnam (Andrew Borden): Ciertamente cumple como el severo patriarca, sin embargo, su actuación no es de las más destacadas, lo siento actuando más de oficio que por verdadero compromiso con el personaje, lo cual es triste luego del fantástico trabajo que viene de realizar con Ed Gein en la temporada anterior, donde borró por completo a Hunnam para darle paso a Ed. Aquí, por el contrario, veo todo el tiempo a Charlie en lugar del Sr. Borden. Creo entender las razones de porqué pensaron en él para este personaje, pero sostengo que no fue acertada su escogencia.
Por su parte Rebecca Hall (Abby Borden) entrega uno de los trabajos que más disfruté de la serie, interpretando a una madrastra cruel cuyo trágico desenlace está impregnado de patetismo y horror. En cada uno de sus diálogos logra plasmar toda esa frustración que la asfixia. Clase aparte el enfrentamiento final que sostiene con Lizzie antes de que esta la asesine.
Creo que escucharemos de Hall en futuras nominaciones como actriz de reparto por este rol.

También destacan Billie Lourd como Emma, la atormentada hermana de Lizzie; Jessica Barden como la actriz Nance O'Neil; y la aparición especial de Sarah Paulson como Aileen Wuornos que, aunque no esté de acuerdo con la inclusión de esta subtrama, es imposible negar la energía actoral que Paulson le imprime al personaje, corroborando una vez más el indiscutible talento de esta actriz.
Con Monstruo: La historia de Lizzie Borden se consolida la fórmula de esta antología de Murphy a través de un espectáculo visual impactante, provocador y profundamente estilizado que prioriza el valor psicológico y la exploración del mito pop del personaje sobre la fidelidad a una rigidez histórica. Aunque sus anacronismos narrativos e invenciones argumentales puedan dividir la opinión, la miniserie se sostiene gracias a las soberbias actuaciones de su elenco femenino y a una visión autoral que transforma un infame crimen en una fascinante, oscura y caótica meditación sobre la violencia, la represión y la celebridad criminal.

Por todo ello a esta serie le doy:
- Argumento 2
- Producción 3
- Actuación 2.5
Para hacer de MONSTER: La historia de Lizzie Borden, una serie de 7.5 puntos sobre 9.
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Actor y cronista teatral
Columnista en The Wynwood Times:
Textos y guiones











