
Mary Shelley
Mary Wollstonecraft murió once días después de dar a luz a su hija, entre grandes dolores y sin reconocer a nadie, en medio de lo que solía llamarse “la locura de las parturientas”. Con toda seguridad, se trataba de una de las frecuentes infecciones puerperales que solían ser fulminantes para las parturientas. De modo que Mary jamás conoció a su madre ni tampoco: una extraña paradoja que no debió pasarle desapercibida al ella misma perder un bebé recién nacido. “Un día desperté sin madre. Otro, desperté sin un hijo” escribió en sus notas. “Ella no me puso nombre, mi bebé tampoco lo tenía”, razonó más adelante. De modo que el anonimato era parte de su vida. Uno doloroso además.
Americania: el abrazo de una Caracas que no olvida
La noche del 30 de abril, la Concha Acústica de Bello Monte no era solo un recinto de conciertos; era una cápsula del tiempo. A pesar de un día marcado por el colapso en la ciudad, cientos de personas lograron sortear los obstáculos para ser testigos de un evento que parecía imposible: el regreso de Americania a los escenarios caraqueños en solitario.
Ay, seamos directos, por favor | Manifiesto GenX
Y ay, seamos directos, por favor. Sin embargo, eso no quiere decir que te sientas con la frescura de andar por cada red social como juez y crítico de índice erecto, no, a eso no me refiero. Es ser consecuente con nuestras ideas, coherente con nuestro pensamiento en acción y palabras, y franco en lo que estamos experimentando … nos comenta Florángel Quintana
La divinidad femenina a través del tiempo
En muchas sociedades antiguas, los fenómenos de la naturaleza no eran concebidos como procesos impersonales, sino como expresiones directas de fuerzas divinas vinculadas a lo femenino. El trueno, la lluvia o el viento podían interpretarse como gestos de una gran madre que actuaba sobre el mundo y lo mantenía en equilibrio
Ricardo Arispe presenta “Mirar Chernóbil: 40 años después”
A cuarenta años del desastre nuclear, el artista venezolano Ricardo Arispe presenta Mirar Chernóbil: 40 años después, una exposición que revisita uno de los acontecimientos más determinantes de la historia contemporánea desde la imagen, la memoria y la tecnología.
Sonorativa: Producción Musical Global y Tecnología AI to Real
Sonorativa evoluciona desde sus raíces underground en Venezuela hasta convertirse en un Hub creativo descentralizado entre Alemania, Suecia y Chile. Liderado por Daniel «Cayo» Soto y con figuras como Zardonic, el estudio redefine la industria musical mediante la conversión «Demo to Real» y una profunda sensibilidad humana aplicada a la tecnología.
“Diálogo entre formas”, Daniel Suárez expone en la UCV
Una selección de obras del artista venezolano Daniel Suárez, conforman la exposición Diálogo entre formas, que será inaugurada en Caracas el 17 de abril de 2026 a las 3:00 p.m., en la Sala de Exposiciones Carlos Raúl Villanueva, de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Juan Carlos Láncara exhibe en Espacio Arte al Cubo
Un conjunto de piezas de cerámica de la Colección Juan Carlos Láncara, conforman la exposición Formas de un siglo inquieto, que será inaugurada en Caracas el próximo jueves 23 de abril de 2026 a las 7:00 p.m., en Espacio Arte al Cubo, bajo la curaduría de Tahía Rivero.
Jacobo Borges comparte su Diario en tiempo de pandemia
La exposición está compuesta por tres grandes núcleos: los Viajantes, conjunto escultórico acompañado por grandes telas y pinturas; las series Aguas y Paisaje del origen, pinturas realizadas en óleo, materiales varios y resina, y Diario en tiempo pandemia conformado por fotografías, textos y audiovisuales”.
Mary había mostrado aptitudes para la escritura desde que era muy joven. No sólo llevaba un diario, sino que para los quince, tenía un pequeño grupo de cuentos que no mostró a nadie pero los que menciona con frecuencia en sus escritos posteriores. “El génesis de muchas cosas” escribió en enero de 1818. Ya por entonces “Frankenstein o el moderno Prometeo” era un texto robusto, definitivo y profundo, lo suficientemente interesante como para que la escritora se atreviera a considerar la idea de publicarlo. No obstante, debió enfrentar todo tipo de críticas y obstáculos, en especial por la naturaleza desconcertante de la historia y por el hecho simple, que no se trataba de una novela que podría esperarse de una mujer. “Un editor me ha comentado que soy madre y escribo sobre monstruos. ¿Qué clase de engendro ha convocado la hoja?”, escribió en los duros meses en que debió luchar contra la indiferencia editorial. “Me hace reír la idea que esperen comprender a quien escribe de manera sencilla, ¿sólo por los secretos que guarda?”.

Mary Shelley Monster
En realidad “Frankenstein” es todo un prodigio de la experimentación, en una época en que la novela tenía firmes parámetros y se comprendía de una manera muy rígida. Analizada desde la formalidad literaria, podría decirse que son cuatro historias en una, entremezcladas y entrecruzadas para sostener una idea sobre la naturaleza humana: lo fortuito, fugaz e inexplicable del misterio de la vida. Es una alegoría —sobre los peligros de la ciencia, los terrores inauditos que se esconden en ella— , una fábula —un monstruo que busca sus orígenes en medio de la ignorancia— , una novela epistolar —la forma en que Shelley estructuró la memoria y los dolores del misterioso Victor Frankenstein recuerda lo mejor del género— y al final, una autobiografía, en la que Mary Shelley no sólo analiza su vida, las restricciones y límites con la debió vivir sin el monstruo que toda mujer creativa en su época estuvo condenada a ser. Entre semejante combinación, Mary Shelley tuvo verdaderas dificultades para explicar de manera comprensible el centro de su obra, mientras los críticos le atacaban y se preguntaban en voz alta como el alma femenina había sido capaz de crear semejante y “horrible progenie”.
La presión para Mary llegó a ser tan insoportable, que en una edición revisada en 1831, llegó a inventar una historia casi mística sobre cómo imaginó la obra y narró un supuesto “sueño”, en que “Vi, con los ojos cerrados, pero en una visión mental aguda a pálido estudiante de artes misteriosas y secretas, arrodillado junto a lo que había reunido. Un monstruo”) y se aseguró de dejar muy claro que la novela había sido una especie de enigmática inspiración para la que no tenía explicación. No obstante, sus puntillosos diarios le traicionaron y después de su muerte, fue obvio que la escritora dedicó tiempo, esfuerzo y una buena dosis de imaginación en crear la doble lectura de una novela extraordinaria que se eleva más allá de cualquier convención social. “Escribo a toda hora, el monstruo nace con una rapidez de pesadilla”, comentó en 1817. Después aseguró “La primera versión necesita profundizarse, pero ya encontré la puerta abierta a los horrores”. Una y otra vez, Mary Shelley dejó claro que el monstruo sin nombre era una obra que le pertenecía a todo nivel, desde todos los ángulos. “Puebla mis pensamientos día y noche, como si se tratara de una nota de amor”, escribió a finales de ese mismo año.
Claro está, en una época en que la creación femenina estaba supeditada a su personalidad, a la forma en que se le concebía y a la manera en que se le restringía, una mujer capaz de crear monstruos no podía confesar el real magma que había dado origen no sólo a su obra, sino a visión del mundo. Hubo sospechas que Mary Shelley había “adaptado” textos de su marido —una idea ridícula, siento que Percy odiaba los temas morbosos— o de su padre, aunque Godwin jamás analizó ni ponderó sobre la naturaleza humana del bien y del mal desde sus símbolos ancestrales. “Indudablemente, la hija de Godwin no podía evitar filosofar”, escribió alrededor de 1890, tratando de explicar la doble lectura y múltiples dimensiones de la obra, “la esposa de Shelley también conocía los misteriosos encantos de lo mórbido, lo oculto, lo científicamente extraño”. Como si fuera impensable que Mary, madre de cuatro, esposa y escritora discreta, pudiera construir una expresión sobre lo maligno, la bondad ilusoria y los dolores del cinismo sin necesidad de recurrir al consejo de los hombres de su vida.
Pero por supuesto, Mary no sólo creó a una criatura sin nombre que es ella misma —y la representa a ella misma—, sino que se enlaza con la forma en que el futuro se concebiría el riesgo de la arrogancia cultural, un planteamiento que en la actualidad sigue pareciendo desconcertante y de hecho lo es, a un nivel tan asombroso que cada año la novela de Shelley parece encontrar una nueva interpretación, siempre desconcertante. Además, Mary Shelley era una escritora que rompió las limitaciones de su época en más de una forma. Mientras la mayoría de las escritoras de su época solían ser consideradas “solteronas y alejadas del secreto de la maternidad” (una crítica que afectaba, de hecho, la forma en que se percibía su obra), Mary era madre y esposa. Y había escrito una novela de asombrosa originalidad y fuerza mientras se encontraba embarazada, luego de la muerte de un bebé y amamantado a uno. La creadora de monstruos conocía los secretos entre la vida y la muerte, los enlazaba con un poder extraordinario y entre ellos, elaboró un poderoso manifiesto sobre el poder y la capacidad de crear.
“Soy madre de lo inconfesable”, escribiría en su diario en 1825.
El amor, la muerte, la vida
Mary Wollstonecraft Godwin tenía quince años cuando conoció y se enamoró de Percy Bysshe Shelley, que ya estaba casado y de hecho, tenía una turbulenta vida privada que se comentaba en los círculos literarios de Londres en tono burlón. Pero Shelley era un buen poeta, además de libertino, por lo que una vez que su padre le expulsó de su casa, terminó siendo una especie de hijo adoptivo de Godwin, el padre de Mary.

Foto cortesía de USC Visions & Voices
La atracción fue inmediata e insensata. O con esas palabras, describió la adolescente Mary su interés por el veinteañero Percy. Fue un romance macabro, que incluyó largas cartas en la que ambos debatían sobre filosofía “Mi mente y la suya, se enlazan en algo más inquietante” y daban largos paseos por el cementerio para “reclinarse” en la tumba de Wollstonecraft, en el cementerio de St. Pancras, en recorridos largos y solitarios en la que la joven pareja construyó un extraño vínculo mórbido. “Visitamos su tumba y leemos sobre ella”, escribió en su diario. Aunque obviamente, hacía algo más que leer y debatir los tratados filosóficos de Godwin, porque seis meses después de conocer a Shelley, Mary estaba embarazada y huyó con él de la casa paterna, en compañía de su hermanastra, Claire Clairmont.
La historia se volvió una extraña mezcla entre un apasionado y clandestino romance y algo más semejante a una profunda complicidad intelectual: Percy siguió escribiendo, peleándose de manera muy pública con la familia de su mujer y con el padre de Mary y además, escribiendo brillantes sonetos sobre el dolor de “la oscuridad moral” y otros tópicos directamente relacionados con el miedo y la opresión moral. Se trataba de un trío extraño: Mary y Claire vivían juntas y Percy las visitaba con frecuencia, en un intento de mantener las formas, pero el escándalo era lo suficientemente notorio como para que decidieran huir de Londres. “Nadie nos comprende, ni querrá hacerlo” escribió con un inusual buen humor Mary a finales de 1815.
Fue ese viaje (apresurado y desordenado) el que la llevaría a entrar en la historia. “Percy desea visitar a uno de sus héroes” escribió Mary, para describir el providencial encuentro con Lord Byron, que por entonces también escandalizaba a la sociedad inglesa con sus excesos, deslumbrantes textos y su romance muy público —jamás se molestó en ocultarlo— con su media hermana Augusta Leigh. El escritor era además, el epítome del pensador del siglo, dispuesto a atravesar y destruir los límites, enfrentarse a las ideas fronterizas y crear otras nuevas. “Es aterrador en su libertad” diría Mary sobre él.
En la primavera de 1816, Byron intentó huir de los señalamientos de indecencia que amenazaban con convertirse en acusaciones legales y viajó a Ginebra, para encontrarse con Percy Shelley, Mary Godwin y Claire Clairmont. “Viviremos juntos en un retiro que seguramente, asustará a mucha gente” se burló Mary, que comenzaba a llenar sus diarios de un humor profano y extravagante, sin duda influenciada por Byron. La Villa Diodati se convirtió entonces en un retiro, una forma de mirar el futuro incierto y un lugar atemporal y más allá de los convencionalismos. Para el Verano, el clima se volvió violento y tempestuoso, Claronmont estaba embarazada de Byron y el ambiente se había vuelto tenso. “Ofuscado, un poco inquietante” describiría Mary.
Una noche de tormenta —y luego que Byron discutiera a gritos con Claire durante horas— Byron intentó retomar el ánimo de los primeros días con un reto: “Cada uno escribiremos una historia de fantasmas”. Mary comenzó a escribir de inmediato y de hecho, no dejó de hacerlo en los días siguientes, para sorpresa del resto de los invitados, que abandonaron el reto muy pronto o lo tomaron como una distracción intrascendente. Pero para Mary, la inspiración la hizo continuar, seguir, insistir y para el otoño, ya tenía el primer borrador “Creo que es un libro maravilloso para una niña de diecinueve años” escribiría después Byron, que también confesaría le asombró la rareza de la historia. “La oscuridad que se adivina entre la agonía de un personaje sin nombre”.
Por extraño que parezca, mientras Mary escribía (y gestaba su primer hijo), la esposa de Percy, también embarazada, se suicidó. Una extraña sincronía que no pasó desapercibida para Mary. “La muerte y la vida es un recorrido extraño que no tiene una verdadera dirección”. Una noche, en medio de una borrachera, Percy le preguntó sobre qué escribía con tanto ahínco. Hacía meses que habían abandonado la Villa y la aventura de la noche tormenta había quedado atrás, como la vida simple en la aislada propiedad. “Le he mentido, no entendería que su dolor le hace padre de un monstruo”.
Tal vez te interese ver:
Alquimia, esoterismo y dolor: simbolismo en el cuento de “La bella y la bestia”
Las viejas historias suelen esconder procesos más complejos de lo que parecen. Bajo sus capas brillantes laten símbolos, técnicas culturales y obsesiones humanas que evolucionaron durante siglos, incluso cuando nadie las veía. Cuando se analiza el tradicional cuento de La Bella y la Bestia con mirada histórica, el relato se abre como una pieza de estudio que nunca dejó de mutar
Romuva: De vuelta a las raíces de la diosa
El resurgimiento de Romuva en Lituania muestra cómo antiguas prácticas paganas, ligadas a diosas, ciclos de la naturaleza y rituales de fuego, han sobrevivido a siglos de persecución. Desde las festividades agrícolas hasta los litigios contemporáneos por reconocimiento estatal, esta tradición encarna la resistencia cultural de los pueblos bálticos y su capacidad de mantener vivas memorias ancestrales en el presente.
El hijo del rayo: anatomía de un monstruo y su creadora
Esa noche, en una villa suiza cercada por tormentas eléctricas, nació Frankenstein. De hecho, lo que comenzó como un juego terminó convirtiéndose en una de las narraciones más influyentes del siglo XIX.
Bruja, fotógrafa y escritora.
Columnista en The Wynwood Times:
Crónicas de una feminista defectuosa









