El reciente y devastador terremoto que sacudió a Venezuela no solo ha dejado una profunda fractura en la infraestructura del país, sino también una crisis humanitaria invisible que afecta a los miembros más vulnerables de nuestra sociedad: los niños. Cientos de infantes se encuentran hoy en albergues provisionales y refugios de emergencia tras haber perdido sus hogares o haber sido separados de sus padres en medio del caos.

Ante esta realidad, las estructuras institucionales tradicionales y las casas de abrigo, que ya operaban bajo severas limitaciones de recursos, se encuentran al borde del colapso. ¿Cómo responder con rapidez y humanidad a la salud emocional de estos niños? Para profundizar en este tema, conversamos con la Dra. Nordi Viloria, pediatra y especialista en Puericultura, ampliamente conocedora del arduo trabajo de instituciones como Fundana, Casa Hogar Bambi y casas hogares gubernamentales. Autora del libro "El Acogimiento Familiar", quien desde su amplia experiencia con la Fundación Mi Familia nos ofrece una ruta crítica y un rayo de esperanza a través del acogimiento familiar de emergencia.
1.) Dra. Viloria, en su libro "EL ACOGIMIENTO FAMILIAR" usted insiste en que la meta de todo sistema de protección debe ser disminuir al mínimo el tiempo de institucionalización de un niño. En este momento post-terremoto, tenemos a cientos de niños en albergues provisionales debido a la pérdida de sus hogares. Desde su perspectiva médica y humanitaria, ¿cuál es el impacto invisible y urgente en la salud mental y emocional de estos niños si prolongamos su estadía en estos refugios temporales en lugar de moverlos a entornos familiares?
Dra. Nordi Viloria: El impacto de esta tragedia en la infancia es integral: afecta lo emocional, psicológico, social y biológico. Esto ya está ocurriendo en este mismo momento, manifestándose con diferentes intensidades de angustia de acuerdo a la edad de cada niño y la severidad de la tragedia vivida. Estas emociones iniciales tan diversas requieren de un amor presente y de la intervención inmediata de familias acogedoras.
Al prolongar la estadía de los niños en estos lugares de emergencia, donde carecen de afectos directos y personalizados, inevitablemente aumentará su angustia, su tristeza y sus temores. Los albergues están colapsados y, lamentablemente, esto no es un problema nuevo. Estas instituciones no cuentan con un cuidador o trabajador para cada niño, lo que obliga a los pequeños a pasar a una vida en grupos grandes; ese entorno masificado no es el que va a estimular la resiliencia emocional presente y futura de los niños. El mensaje principal es que el tiempo de permanencia en las casas de abrigo debe limitarse a una emergencia de solo días. Necesitamos enviar un mensaje urgente a miles de familias venezolanas: es indispensable la existencia de familias acogedoras de emergencia, evaluadas de forma integral y rápida. Por supuesto, si han quedado familiares directos o indirectos cercanos con vida, ellos son los primeros que deben ser considerados y evaluados.
2.) Usted ha promovido incansablemente la creación de un "Banco de Familias Acogedoras" inmediato. Ante el colapso de infraestructuras y la realidad de que muchos albergues ya venían operando con recursos muy limitados en el país, ¿cómo podría la sociedad civil venezolana activarse hoy para ofrecer "colocaciones familiares" de emergencia? ¿Qué requisitos mínimos de idoneidad afectiva y biológica deben priorizarse en una situación de catástrofe como la que vivimos?
Dra. Nordi Viloria: La sociedad civil venezolana puede organizarse activamente a través de una gran campaña en todos los medios de comunicación, televisión y radio, promoviendo esta propuesta e invitando a las familias a inscribirse para convertirse en "hogares directos de corazón" para estos niños víctimas. El paso ciudadano más importante es que estas familias acepten una evaluación profesional, integral y rápida al decidir recibir a uno o varios de los niños afectados. Tenemos la meta de capacitar en un lapso de tres meses a familias buenas, idóneas, preferiblemente que ya tengan experiencia de crianza (que tengan uno o dos hijos) y que cuenten con los recursos necesarios para sostenerlos. No se trata de discriminar a los sectores de bajos recursos, sino de entender con claridad que estamos hablando de una labor de rescate económico y afectivo.
Respecto a los requisitos mínimos de idoneidad, debemos priorizar el aspecto psicológico y emocional para asegurar que la familia pueda brindar amor y estabilidad en esta etapa de vida tan sorpresiva y traumática que al niño le tocó afrontar. Asimismo, se debe evaluar socialmente que el nuevo espacio físico que recibirá al niño sea adecuado. Realizar estas evaluaciones en plena crisis sí es posible. Ante una catástrofe de esta magnitud, es indispensable la unión y el apoyo del personal profesional de casas hogares con gran trayectoria como Fundana y Bambi, instituciones que —al igual que lo hicimos en su momento en la Fundación Mi Familia— han implementado el programa de Colocación Familiar. No es imposible si priorizamos las necesidades emocionales de los niños.
3.) En momentos de desastre, suele haber confusión en la población entre lo que es el "abrigo", la "colocación/acogimiento familiar" y la "adopción". Para las personas que hoy desean ayudar a los niños afectados por el sismo, ¿cuál es la diferencia crucial que deben entender sobre el carácter temporal y de emergencia del acogimiento familiar frente a la adopción, y por qué el desapego al entorpecer la relación con el origen del niño también debe manejarse con cuidado?
Dra. Nordi Viloria: Todos debemos entender que los niños tienen derechos universales que deben ser estrictamente respetados, entre ellos, el derecho a recibir un "Amor de Emergencia" por parte de "Familias Urgentes". Debemos darles afecto inmediato pensando exclusivamente en su bienestar. Es crucial comprender que, de acuerdo a la tragedia ocurrida, cada uno de estos ángeles tiene su propia historia. Nuestro deber universal es amarlos de verdad y abrirles las puertas de nuestro hogar bajo una modalidad que no será definitiva hasta que las autoridades competentes determinen legalmente qué ocurrió con sus padres biológicos.
La adopción es un proceso totalmente distinto: esta solo se determina cuando se ha comprobado legalmente que no existe ninguna posibilidad de que el niño regrese con miembros de su familia biológica, un proceso que toma tiempo y que es muy delicado en el contexto de un terremoto que ha dejado a tantos niños solos de forma repentina. Por otra parte, no se debe temer al vínculo; el "apego de emergencia" no le hará daño al niño. Al contrario, le brindará la calma y la seguridad que tanto necesita al sentir un cariño presente tras haber sido bruscamente alejado de sus seres queridos por un desastre natural.
4.) En la tercera parte de su libro, usted habla de la "Resiliencia" y de cómo la Fundación Mi Familia tuvo que afrontar cambios drásticos por la ausencia total de recursos. Con esa experiencia liderando un programa que llegó a tener más de 600 familias inscritas, ¿qué sugerencia concreta le da hoy a los Consejos de Protección, las ONG activas y los equipos multidisciplinarios del país para coordinar esfuerzos efectivos de protección infantil en este contexto de crisis?
Dra. Nordi Viloria: Mi sugerencia concreta para los Consejos de Protección, las ONG activas y todos los equipos relacionados con el acogimiento familiar o familias de emergencia —medida que legalmente se denomina "Abrigo" en la LOPNNA— es UNIRSE y comunicarse YA. Debemos dejar a un lado el aislamiento e incluso solicitar orientación a redes internacionales como la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar (RELAF). Solo mediante la unión y la comunicación interinstitucional podremos hacer realidad un verdadero "Banco de Familias de Amor".
Además, hay un detalle práctico y esencial que la experiencia nos ha enseñado: las Organizaciones Sociales muchas veces fracasan y desaparecen porque no son vistas como lo que realmente son: Empresas Sociales Integrales que requieren recursos. Cada caso requerirá de un detallado Informe Integral para las autoridades, y para ello se necesitan profesionales activos cuyos honorarios deben ser cubiertos. Proponemos estructurar organizaciones de atención compuestas por equipos multidisciplinarios: por ejemplo, un grupo de 3 psicólogos, 3 psiquiatras, 3 trabajadores sociales, 1 secretaria con conocimientos informáticos y 1 médico general, junto con pediatras distribuidos según cada zona que acepten llevar el control de los niños.
¿Cómo se logra financiar esto en plena crisis? A través de la corresponsabilidad empresarial: una empresa privada puede adoptar y financiar los honorarios de cada miembro de este equipo profesional, puesto que son aportes totalmente declarables y deducibles. En la Fundación Mi Familia manejamos una vasta experiencia práctica con más de mil familias inscritas y alrededor de 240 casos atendidos, de los cuales más de 220 fueron absolutamente exitosos. Pero para repetir ese éxito hoy, debemos entender el costo y la estructura que exige una empresa social idónea.
5.) Dada la situación de emergencia nacional post terremoto ¿Cuál es el marco legal que rige en estos casos?, ¿quién más crees que debería estar presente con los niños actualmente?
Estamos en la medida inicial de emergencia. En este aspecto la ley es clara. La Medida de Abrigo (LOPNNA, Art 127) es una protección temporal y excepcional. Brinda un ambiente seguro a menores en riesgo, ejecutándose en una familia sustituta o entidad de atención. Tiene un límite de 30 días, prorrogables o sujetos a una decisión. La LOPNNA también establece la Colocación Familiar para casos de niños que no pueden regresar con su familia de origen. Esta integra a un niño, niña o adolescente (NNA) en una familia sustituta cuando no pueden vivir con sus padres. Se tramita ante los Tribunales de Proteccióin y es obligatoria para realizar trámites legales, de salud o de viaje en nombre del menor.
Es importante la unión de todas las autoridades de infancia y adolescencia. Además de las instituciones ya mencionadas, están los centros comunitarios de aprendizaje CECODAP, sin dejar de lado la labor conjunta con la SVPP (Sociedad Venezolana de Puericultural y Pediatría)
6.) En su libro comparte con mucho cariño cómo su abuela, "Mamita Lola", convirtió su hogar en una familia acogedora en el estado Falcón, demostrando que la solidaridad está en el ADN del venezolano. Para cerrar, ¿qué mensaje le envía a las familias venezolanas que hoy, a pesar de las dificultades del contexto país, sienten el llamado en su corazón de abrir las puertas de sus casas para acoger temporalmente a un niño damnificado?
Dra. Nordi Viloria: Mi mensaje es que escuchen ese llamado con valentía. La historia de mi abuela "Mamita Lola" en Falcón nos demuestra que los venezolanos llevamos la solidaridad firmemente arraigada en nuestra identidad. No debemos tener miedo de brindar un puerto seguro en medio de la tormenta. Acoger de forma temporal a un niño damnificado es un acto de amor universal puro, una acción urgente que salva vidas y reconstruye el tejido emocional de nuestro país desde su base más profunda: la familia. Si sienten ese impulso en el corazón, edúquense, acérquense a las instituciones y formen parte de este gran rescate de nuestra infancia.
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