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30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita se despliegan en Madrid

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El cine de terror, generalmente se ha visto como un género menor y hasta se ha intentado desprestigiar dejando colar la idea de que quienes disfrutan de ver este tipo de películas pueden desarrollar trastorno mental, nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que existen personas con una mayor sensibilidad en quienes este tipo de filmes pueden desencadenar estados de ansiedad y causar pesadillas; no existe evidencia que sustente el hecho de que quienes ven cine de terror tenga necesariamente problemas psicológicos o que este divertimento pueda contribuir a su desarrollo.

Por el contrario, puede llegar a ser una experiencia con aspectos positivos que nos ayudan a enfrentar el miedo, aumentar la resiliencia o disfrutar de la activación fisiológica como aumento de adrenalina y dopamina. Incluso algunos psicólogos sugieren que el gusto por el terror puede estar relacionado con una curiosidad mórbida, vista como una herramienta evolutiva, que nos permite aprender sobre amenazas potenciales sin experimentarlas directamente.

Y si hablamos propiamente sobre el negocio de las películas, el terror casi siempre ha sido “un tiro al piso” donde con poca inversión se ha conseguido excelentes resultados de taquilla. Para hablar con datos recientes, en 2024 las películas de terror acapararon 1.9 billones de la recaudación mundial y hasta el tercer trimestre de este año ha acumulado el 17% de la taquilla en todo el planeta. De hecho, es este género quien ha movilizado a más personas a asistir a las salas luego de la crisis post pandemia, dato importante de analizar tomando en cuenta la creciente tendencia de preferir quedarse en casa a ver una película antes que ir al cine.

No obstante, aunque en los últimos años los principales festivales y ceremonias de premiación han tomado en cuenta al terror, todavía es visto como “la hermanastra fea” de la cinematografía.

Por ejemplo, en casi un siglo del Oscar, solo una película ha ganado y obtenido los cinco premios principales (aunque la intentaron “blanquear” catalogándola como thriller policial): El Silencio de los Inocentes en 1992.

A ella se le suman apenas seis estupendas cintas que han ganado en categorías secundarias: El Exorcista (1973), obtuvo guión adaptado y sonido; Tiburón (1975), ganó banda sonora, montaje y sonido; Alien, el octavo pasajero (1979), se llevó el premio a los efectos especiales; Drácula, de Bram Stoker (1992), consiguió el mejor maquillaje, vestuario y efectos de sonido; ¡Huye! (2017) que fue galardonada con el guión original; y finalmente, La Sustancia (2024) obteniendo el Oscar a mejor maquillaje.

En cuanto a las actuaciones, tampoco la academia ha sido muy complaciente. Seis han sido los intérpretes que consiguieron la estatuilla, cinco en el reglón de actuaciones principales y una por reparto: Fredric March por Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1931); Ruth Gordon por El Bebé de Rosemary (1968); Kathy Bates por Misery (1990); Anthony Hopkins y Jodie Foster por El Silencio de los Inocentes (1992) y Nathalie Portman por El Cisne Negro (2010).

En lo personal me atrevería a agregar a esta lista, tomando en cuenta que El Cisne Negro es un thriller de terror psicológico, a la segunda de las únicas tres películas que han ganado los cinco premios principales, me refiero a Atrapado sin salida (1975) la cual obtuvo mejor película, dirección, guion adaptado, actor y actriz principal para Jack Nicholson y Louise Fletcher.

A continuación, daremos un paseo por la historia del cine de terror, adentrándonos en sus subgéneros, los directores de mayor influencia y los títulos más representativos, acompáñame, si te atreves…

LOS ORÍGENES DEL MIEDO

Cuando los hermanos Lumiere, en 1896, hicieron la primera presentación pública de su documental La llegada de un tren a la estación de La Ciotat, no se imaginaron la reacción de asombro y temor que experimentaría el público de la época al presenciar esta imagen en movimiento tan realista, que incluso corre la leyenda de que varios asistentes huyeron despavoridos de la sala por el temor de que el tren viniera hacia ellos. Si bien se trataba de una imagen que hoy en día parecería ingenua, el cine nació paralelamente a la emoción del terror.

Pero si hablamos de la película que es considerada como la primera historia de terror hay que mencionar a Georges Méliès con su corto de 3 minutos de duración, La Mansión del Diablo (1896), aunque hoy en día se catalogaría más como una comedia fantástica, los elementos utilizados en su momento, tales como personas transformándose en murciélagos, fantasmas, esqueletos y la aparición del propio Diablo, fue la primera vez en intentar provocar miedo y asombro a través de los rudimentarios efectos especiales, aunque novedosos para la época.

Hay que resaltar que este género se nutría, básicamente, de la literatura gótica y de las leyendas populares como principal fuente de inspiración. En ese sentido tenemos en 1910 la primera adaptación literaria del Frankenstein de Mary Shelley.

EL EXPRESIONISMO ALEMÁN

En Alemania, luego de la Primera Guerra Mundial, surge un movimiento cinematográfico, que plasmó esa sensación de angustia y trauma que sumió al país: el Expresionismo Alemán.

Películas como El Golem (1920) de Paul Wegener, El gabinete del Dr. Caligari (1920) de Robert WeineNosferatu, una sinfonía del horror (1922) de F. W. Murnau, sentaron las bases estéticas del cine de terror, utilizando escenarios distorsionados, sombras exageradas y una atmósfera de angustia asfixiante, que reflejó la situación social y económica del pueblo alemán y que premonitoriamente señalaba un estado anímico que contribuiría a la llegada al poder del Nazismo y a materializar a uno de los monstruos más perversos de la vida real.

UNIVERSAL Y HAMMER

Los monstruos clásicos de la Universal fueron un pilar fundamental que establecieron el género de terror en Hollywood durante las décadas de 1930 a 1950. Hay que destacar que muchos realizadores alemanes emigraron a Estados Unidos durante esa época, huyendo de la guerra que se avecinaba, y con ellos trajeron una valiosa experiencia en cuanto a la creación de películas, lo cual se tradujo en un importante aporte a la industria cinematográfica americana.

Con la aparición de estos monstruos también surgieron las primeras grandes estrellas del género. Para comenzar hay que mencionar a Lon Chaney, pionero del horror, que en la cinta muda El Fantasma de la Ópera (1925), realiza una escalofriante caracterización.

Ya con la llegada del sonido surgieron Bela Lugosi en Drácula (1931), quien popularizó la versión del vampiro gótico con particular acento y elegancia sombría.

Boris Karloff haría lo propio creando la imagen del monstruo incomprendido con su creación de Frankenstein (1931) y también se prestaría para dar vida a La Momia (1932) y luego junto a Elsa Lanchester, trabajaría en la exitosa secuela La novia de Frankenstein (1935).

Y no podemos dejar de mencionar a Claude Rains en El Hombre Invisible (1933) y por su puesto a Lon Chaney Jr. Quien fue el primero en cubrirse de pelos para El Hombre Lobo (1941).

También destaca, dentro de este período dorado de los monstruos de la Universal, la película El Monstruo de la Laguna Negra (1945) la cual inspiró a Guillermo Del Toro para crear la oscarizada La Forma del Agua (2017).

Lamentablemente, estos monstruos clásicos fueron desapareciendo para dar paso al cine de extraterrestres y criaturas mutantes, que reflejaban el temor de una sociedad ante lo que representó la bomba atómica y el inicio de la guerra fría.

La estaca en el corazón de este período dorado fue la presencia de Bela Lugosi o Lon Chaney Jr., representando sus icónicos personajes en la cinta de comedia Abbott y Costello contra Frankenstein.

Por fortuna, para los amantes del género, la productora británica Hammer Film Productions, revivió el terror gótico en las décadas de 1950 y 1960 rescatando los monstruos de la Universal pero destacándose por introducir el color y niveles de violencia y sensualidad que no se veían en los clásicos de la productora de Hollywood y en lo personal pienso que el mayor aporte de la Hammer fue el darnos a conocer a Christopher Lee y Peter Cushing, quienes se convirtieron en la dupla actoral recurrente de sus películas.

Pero si de algo podemos estar seguros es que estos monstruos son inmortales y han generado gran influencia en directores tan diversos como Francis Ford Coppola, Mel Brooks, Tony Scott, Guillermo Del Toro o Robert Eggers y títulos tan importantes como Drácula de Bram Stoker (1992), El Ansia (1983), Inframundo (2003), Un hombre lobo americano en Londres (1981), Aullidos (1981) y las más recientes Nosferatu (2024) y Frankenstein (2025). Solo esperemos que, con lo cíclico de la historia, estos monstruos del siglo XXI no sean premoniciones de una tercera guerra.

EL MIEDO NUCLEAR

El cine de terror experimentó un cambio significativo en los años cincuenta, fruto del inicio de la guerra fría, el temor que representó la bomba atómica y los avances científicos y tecnológicos de la época. Los miedos se fueron desplazando de los monstruos góticos clásicos hacia los peligros de índole más contemporáneos, centrando las causas en la ciencia descontrolada, la radiación atómica o las amenazas de otros mundos, usadas como metáforas ante el peligro comunista pensado como una invasión o lavado de cerebro extranjero y por supuesto el terror a un holocausto nuclear.

Esta es la década en la que surgen las películas llamadas de “Serie B”, con bajo presupuesto (cuyo actor más representativo fue Vincent Price), dirigidas hacia el público joven, las cuales se exhibían en funciones dobles o “Double Feature” (donde se podían ver dos películas distintas por el precio de una sola entrada) y también en lo que se constituyó el auge de la época: el autocine.

Entre las cintas que se produjeron en este período podemos mencionar: La Cosa (1951), Godzilla (1954), Them! (1954) sobre el ataque de hormigas gigantes, La masa que devora (1958), La Mosca (1958), pero quizás la más representativa de la época fue La invasión de los ladrones de cuerpos (1956). A pesar de tratarse de películas serie B, casi todas sirvieron de inspiración para importantes remakes que se volvieron clásicos en las décadas de los setenta y ochenta, como veremos más adelante.

LOS 60 Y 70: LAS DÉCADAS DORADAS DEL TERROR

El cine de terror sufrió una profunda transformación entre los años sesenta y setenta, alejándose de los convencionalismos góticos y monstruos mutantes de las épocas anteriores, para explorar un terror más cercano, psicológico y social, reflejo de los períodos de convulsión social, política y cultural que se vivieron en estas décadas.

En los sesenta, las películas experimentaron la ruptura de tabúes y apareció el terror psicológico, todo ello propulsado por el surgimiento del movimiento hippie, la liberación sexual, la guerra de Vietnam, el asesinato de John F. Kennedy y la escalada de la guerra fría. Ya los monstruos no eran seres míticos, criaturas fantásticas o extraterrestres, ahora el mal podía provenir de tu vecino o incluso de un familiar.

Seguidamente, en los setenta, el cine plasmó lo que fue la resaca de la década anterior y la desilusión y duelo vividos por el final de la “esperanza hippie” (simbolizada por los asesinatos perpetrados por la secta de Manson), la creciente desconfianza hacia las instituciones del estado (escándalo Watergate) y conflictos a causa del racismo, las drogas y la corrupción que sumergieron a la sociedad estadounidense en un terrible conformismo y una profunda crisis espiritual. 

Entre las películas más representativas de los 60 tenemos a: La mansión encantada (1963), Los Pájaros de Alfred Hitchcock (1963), Repulsión (1965) y El Bebé de Rosemary (1968), ambas de Roman Polanski o el clásico de George A. Romero La Noche de los Muertos Vivientes (1968) la cual creó el arquetipo moderno de los zombis.

Pero si hubo un título que rompió esquemas y fue clave en el cambio del género cinematográfico de la década fue, sin lugar a dudas, Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock.

En cuanto a la producción de los 70 surgieron auténticas joyas como La Matanza de Texas (1974) de Tobe Hooper, Tiburón (1975) de un jovencito llamado Steven Spielberg, Carrie (1976) dirigida por Brian De Palma, La Profecía (1976) de Richard Donner, Suspiria (1977) de Dario Argento, Halloween (1978) del maestro John Carpenter, y como preámbulo a lo que serían los blockbusters y franquicias de los ochenta, Ridley Scott nos atormentaría con la frase: “en el espacio nadie oirá sus gritos” como slogan de Alien, el octavo pasajero (1979).

No obstante, la película que consagró esta década, y la que muchos la han calificado como la mejor película de terror de la historia, fue El Exorcista (1973) dirigida por William Friedkin y basada en el libro de William Peter Blatty, la cual narra la posesión de una niña en la preadolescencia por parte de un perverso demonio. Los efectos especiales, escenas de violencia perturbadora y unas impresionantes actuaciones por parte de Ellen Burstyn, Jason Miller, Max von Sydow y la debutante Linda Blair (además de ser la primera película de terror nominada al Oscar), la convirtieron en un ícono de culto para el público amante del género y un hito en la industria cinematográfica.

En resumen, estas dos décadas sirvieron como un valiosísimo caldo de cultivo para que el cine de terror viviera su etapa dorada, creando una colección de los títulos más determinantes e influyentes de la historia y sentando las bases para una importante variedad de subgéneros que ampliarían la paleta de colores de lo macabro.

En la segunda parte de este artículo hablaremos de los subgéneros del cine de terror, sus principales exponentes, las películas más relevantes. Daremos un recorrido por el nuevo cine de terror asiático, francés, español y latinoamericano, así como también los directores que actualmente la están rompiendo en la taquilla con este género.

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Richard Rey - Columnista The Wynwood Times
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