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Sísifo fue condenado a subir una roca a lo largo de una cuesta durante toda la eternidad. Cada día el antiguo Rey iniciaba el trabajoso ascenso que por su carácter impío le habían impuesto los dioses. Cuenta la leyenda que casi al llegar a la cima la roca se desprendía de sus manos e iba a parar al pie de la montaña, obligándolo a comenzar nuevamente su tarea inconsecuente y absurda. El trabajo de Sísifo tiene como único fin el proporcionar un castigo ejemplar a quien ha traicionado a sus Dioses. Según la leyenda, Sísifo le revela a un Dios Fluvial “Asopo” que el autor del rapto de su hija Egina no es otro que el mismo Zeus. El trabajo de Sísifo no produce ningún resultado, nada se acumula, nada se produce, es un simple ejercicio fútil que no lo lleva a ninguna parte. Una de las interpretaciones posibles equipara el trabajo monumental del personaje con la vida del hombre, básicamente el argumento plantea que siendo nuestro fin la muerte, nuestra vida termina siendo absurda. Esto es demasiado nihilista para mi gusto. Creo que al final de la historia nuestra alma tiene un carácter trascendente, de manera que al final de todo cargamos con nuestras obras. 

Una tarde profundamente criolla en Madrid

Una tarde profundamente criolla en Madrid

Cabrujas supo escribir desde el presente para la eternidad. La Venezuela que se nos venía encima estaría marcada por la censura, la crueldad y una polarización que toda realidad cubriría con la neblina de la insensatez.

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

Séptima Edición de “Adolescentes desde casa”

Toda crisis deja marcas profundas, pero también activa la resiliencia y la capacidad colectiva de sanar. Partiendo de ello y con la consigna «Reconstrucción: testimonios de la solidaridad» la Dirección General de Cultura de la UCAB convocó la séptima edición del concurso de creatividad y expresión «Adolescentes desde casa»

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Érase una vez un viaje | Otra mirada

Publiqué una novela, “Los fantasmas de Otto Müller”, que ahora mismo busca su lugar lejos de mí; los libros, una vez publicados, le pertenecen al mundo. Escribí otras que ahora mismo buscan editor: “Alea iacta est”. El viaje ha sido largo, pero ya he tocado tierra.

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

Entre la geometría y el paisaje | Galería Freites

La Galería Freites nos lleva a un recorrido entre la Geometría y El Paisaje, a través de las obras de Carlos Evangelista y Pedro Ángel González
Extracto: La exposición “Las Variaciones modulares de Carlos Evangelista” en la Galería Freites refuerza nuestra voluntad para difundir los lenguajes geométricos … La exposición “Pedro Ángel González. La luz en el paisaje.” forma parte del programa de la Galería Freites, dedicado a estudiar y difundir la obra de los maestros venezolanos que abrieron paso a la modernidad a principios del siglo XX

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Los fantasmas de Otto Müller: El mal, el exilio y los secretos del pasado

Con “Los fantasmas de Otto Müller”, Miguel Ángel Latouche logra una obra de gran calado ético y narrativo. Más allá del ritmo trepidante de su trama, la novela se despliega como una lectura rica en capas y matices que exige un lector cómplice. Respaldado por una sólida formación teórica y estética, Latouche nos entrega un estudio brillante sobre las zonas oscuras de la condición humana

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Finjamos demencia | Manifiesto GenX

Hagamos de cuenta que todo funciona en nuestras cápsulas.
Actuemos como si no hubiera guerra del otro lado del mundo ni enfrentamientos entre conciudadanos por la permanencia de bacterias contaminantes. Estemos aquietados ante la estridencia de otras ideas que insisten en hacerse escuchar. Permanezcamos en posición de loto a pesar de la condición gastada del cojín…. nos comenta Florángel Quintana

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

Un asesino, una ciudad y una chica: la historia de la primera actriz moderna

Louise Brooks, conocida hasta ese momento por su icónica imagen en la pantalla, escribió un artículo agudo y anticipado sobre El gran Gatsby (1925), la novela de F. Scott Fitzgerald. Sin firmar y publicado en distintas revistas culturales, el texto no solo repasaba la estructura de la novela, sino que afirmaba con contundencia que Fitzgerald y su obra alcanzarían la categoría de clásico

Quizás uno pudiera plantear una interpretación alternativa, que es la relacionada con el mito del eterno retorno, que nos obliga, como parte de nuestra naturaleza, a intentar volver al tiempo de los orígenes para iniciar de nuevo una travesía que se va a repetir infinitamente. Siendo así todo lo que nos ocurre ya ha ocurrido y volverá a ocurrir nuevamente. Uno puede pensar en la idea de que, tal y como le ocurrió a Edipo, a veces nos encontramos con nuestro destino en el empeño por evitarlo. Pero quizás lo peor de todo, o lo más comprometedor, sea el vernos atrapados en la lógica del absurdo: El oráculo les indicó a los troyanos que los muros de su ciudad no cederían ante ningún enemigo mientras el dintel de la Puerta de Afrodita permaneciera en pie. Así, los troyanos hicieron grandes esfuerzos a lo largo de la guerra para evitar que el dintel de madera cayera presa del fuego enemigo. Sin embargo, una vez que se encuentran con el regalo de los Danaos yaciendo en la playa y deciden hacerlo entrar en la ciudad, se encuentran con que el caballo de madera es demasiado alto y deciden por su propia cuenta y desoyendo los consejos de Casandra derribar el dintel que impedía su paso. En ese mismo momento sellaron su suerte. 

En sus ruinas circulares refiere Borges el mito. El hombre que sueña y crea es, a su vez, el sueño y la creación de alguien que lo soñó antes en una sucesión que parece infinita. Pero también lo encontramos en su poema Ajedrez, en el que tanto las piezas como los jugadores son parte de una trama que los trasciende. Sin embargo, quizás quien mejor refleja esta trama en el mundo latinoamericano sea Gabriel García Márquez en esa obra genial que es Cien años de Soledad. La trama de los Buendía tiene un carácter circular que de alguna manera recoge, según creo, el alma latinoamericana, nuestro empeño en empezarlo todo desde el principio, de refundar nuestras repúblicas hasta el cansancio, de buscar nuestra identidad perdida para, una vez encontrada perderla nuevamente, en un ejercicio de nunca acabar. De allí quizás que nos veamos con cierta recurrencia discutiendo las virtudes y los males de la Leyenda Negra o de la Leyenda Blanca, olvidando que somos precisamente producto del mestizaje cultural y racial de pueblos que se encontraron. A menos que seamos descendientes directos y puros de los mexicas, de los incas o de algún otro grupo originario mal podemos hablar de la conquista y sus excesos sin reconocer que nuestros abuelos estuvieron directamente involucrados. Si intentamos buscar culpables contemporáneamente todos somos tendríamos, a fin de cuentas, nadie está libre de pecados, aunque la cosa fuese de retruque y como quien no ha dicho esta boca es mía. 

Quizás allá haya sido ese empeño tan nuestro en perdernos recurrentemente, sea el mismo que llevó a Áyax a la locura. Rubén Blades en una genial canción, que interpretó junto a los Seis del Solar, se empeñaba en buscar a una América cuyas huellas se habían perdido y que temía no poder encontrar en medio de la oscuridad. Se trata de una metáfora poderosa, a veces a mí no me queda claro si las brújulas funcionan apropiadamente en nuestras latitudes. Leí por primera vez Cien Años de Soledad cuando tenía unos 13 o 14 años, enseguida supe que vivía en Macondo, que la lógica del absurdo iba a perseguirme a lo largo de muchos años, que lo Real Maravilloso no es un invento literario, sino que nuestra realidad está plagada con elementos mágicos que la determinan. Uno puede pensar, por ejemplo, en la manera como la locura de Escalante determinó la suerte de la Venezuela del post- gomecismo, o de cómo el destino evitó que Pío asesinara a Bolívar en su hamaca aquella noche del 10 de diciembre de 1815 durante el exilio del Libertador en Jamaica.

 El hombre de Aracataca tuvo que salir de su país tras el golpe de Estado del General Rojas Pinilla, al igual que muchos colombianos, encontró refugio en la pujante Caracas de aquellos tempranos años 50. Allí trabajó durante un tiempo con la gente de la Cadena Capriles. De su experiencia caraqueña uno debe rescatar un extraordinario reportaje sobre la “Caracas sin agua” que de alguna manera no era más que una anticipación de la crisis posterior, además, escribió sobre la caída de Pérez Jiménez en 1958. Pero quizás lo más relevante para mí es la genial caracterización que hizo de Chávez por allá por 1999, presentándolo como un enigma dentro del cual convivan dos hombres: “Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”. Saquen ustedes sus propias conclusiones. Cuando nuestras instituciones son débiles, la figura del caudillo también se hace recurrente. 

Es evidente que Macondo es una referencia latinoamericana. Pero uno podría decir que en el caso de Venezuela este extraño rasgo tiene un carácter superlativo. Uno podría decir que el país vive desde hace años en una lógica del absurdo a la que nos hemos venido acostumbrando.  Venezuela es el único país en el mundo que tiene, al mismo tiempo, dos Presidentes, ambos ilegítimos, dos poderes legislativos, que no legislan, dos Tribunales Supremos que incumplen la Constitución. Somos un buen argumento para una novela de horror marcada, quizás, por las dinámicas absurdas del retorno permanente. ¡Sísifo nos vería con asombro!

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Miguel Angel Latouche
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Doctor en Ciencias Políticas y escritor.

Columnista en The Wynwood Times:
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